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17 min
La mirada vacía 5 de 7
Suspense |
10.04.13
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Sinopsis

Pues ya va quedando menos

    ―Le expliqué a Alejandro lo que me había pasado con Sasha y enseguida se hizo cargo ―continuó Abril―. A las tres horas se presentó con un furgón. Dentro había dos chinos que se encargaron de retirar el cuerpo. Me costó caro, pero me solucionó el problema ―bebió otro trago y le miró a los ojos―. Y ahora vienes tú a traerme otra vez el problema.

    ― ¿Y qué vas a hacer? ¿Llamar a los chinos? Yo no estoy muerto.

    Su cínica sonrisa no presagiaba nada bueno.

    ―Ni yo pienso matarte, no soy una asesina. Alejandro solucionará el problema ―sentenció.

    ―Ya, pero al final terminaré jodido. Menudo consuelo…

    ―Él sabrá convencerte. Vivirás, me lo ha prometido.

    ―Perdona que no me fíe mucho de tu amigo. ¿No sería mejor olvidarlo todo? Tú no la mataste, que es lo que importa ―pero ni a él le sonó convincente―. Escucha, a mí si has incurrido en delito o no  me importa un carajo. Quería saber que había sido de Sasha y  lo he averiguado. Dejar las cosas como están hasta me conviene, porque no me apetece  nada decirle a mis amigos que su hija ha muerto, así tendrán siempre la esperanza de que se halle en alguna parte.

    Se acercó hasta él y le acarició el rostro.

    ―No te creo. Tu mala conciencia terminaría por traicionarte y me complicarías la vida. Y no quiero perder lo que he conseguido, ya te lo he dicho antes.

    ¡Menuda hija de puta! Se lavaba las manos, era evidente. El jodido Alejandro le iba a dar boleto, estaba claro. Intentaba conservar la calma, la suficiente sangre fría para encarar el problema, pero el terror empezaba a acariciarle con sus dedos de hielo. Ella le acarició el pecho, descendió por el vientre y jugueteó con su sexo. No pudo evitar la erección. Tenía morbo la cosa, un morbo siniestro. ¿Pretendía violarlo? Pero ella retiró su mano.

    ― ¿Ves? Si hubieses aceptado ser mi amante y no hubieses sacado a relucir tus jodidos escrúpulos todo habría sido diferente. Me habría fiado de ti. Pero los tipos como tú lo veis todo en blanco y negro, no aceptáis los matices.

    No era cierto, que poco le conocía, como tampoco que ella hubiese actuado de distinta manera. Aunque ya no había tiempo para convencerla, acababa de sonar el timbre de la puerta, acelerando los latidos de su corazón y disparando sus niveles de adrenalina. Abril salió de su campo visual. No llegó a ver el rostro de Alejandro, solo su voz:

    ―Dormidle.

    Se le acercaron dos chinos. Uno le inmovilizó y el otro le aplicó un pañuelo empapado de algún líquido que le diluyó en la nada.

 

 

    Le despertó el dolor de cabeza. Estaba en un cuarto de paredes blancas, sobre una camilla hospitalaria, bien sujeto con correas, la boca tapada con cinta aislante. Le sorprendió encontrar a Abril a su lado, en una cama idéntica a la suya, igualmente atada, dormida. Algo no cuadraba. Intentó liberarse, pero no hubo manera. Solo quedaba esperar, previsiblemente lo peor. La puerta estaba abierta, y unas voces lejanas se acercaron.

    ―Ha dicho que  los llevemos mañana, a la misma hora de siempre. Son dos cuerpos sanos, podemos aprovechar casi todos los órganos.

    ―No me gusta esto ―dijo una voz con acento chino―. Solo vagabundos y yonquis, ese fue el trato. Ya te avisé de que la chica nos daría problemas.

    ―Pues bien que te pareció la pasta que sacamos por ella.

    ―Es peligroso, cada vez se lía más. ¿Cómo sabemos que no relacionarán a esa mujer contigo?

    ―Quemaremos la casa, no quedará ni rastro ―contestó la voz que él supuso sería la de Alejandro.

    ―Puede tener datos tuyos en su oficina.

    ―La quemaremos también.

    ―No podemos arriesgarnos. Mis jefes han dicho que no deje rastros.

    ― ¿Y eso que significa?

    ―Tendrás que entrar en el paquete.

    ― ¡Serás cabrón!

  Le pareció que peleaban. Exclamaciones en chino, y luego en español un “¡tú puta madre, vas a dormirme!” y a continuación “chino de mierda”. Ruidos de forcejeos y finalmente un disparo ensordecedor. Alguien entró en la habitación y cerró la puerta, un tipo de pelo rizado y ojos diminutos con una pistola en la mano y una mancha de sangre en la cintura, sobre el costado derecho, extendiéndose por la camisa de seda azul y chorreando por los vaqueros. Alejandro, supuso Javier. Los chinos no se atrevían a entrar. Se les oía discutir, pero ninguno se arriesgaba a recibir un balazo. De pronto silencio. Imaginó que iban a buscar refuerzos, o quizás artillería. Alejandro se acercó hasta él y le desató las correas de la mano derecha. La herida del navajazo no dejaba de manar, se le iba la fuerza por momentos.

    ―Si quieres vivir ayúdame ―dijo―. Saldremos con la camilla por delante. Si nos quedamos aquí nos cazarán. Hay una puerta al fondo del pasillo que da a un parking. Yo te guiaré.

    Pero no parecía que fuera a durar. Apoyado contra la pared, se dejó caer al suelo.

    ―Necesito descansar un momento.

    Javier terminó de desatarse, sin tener claro cómo debía actuar. Abril seguía dormida, pero no podía ocuparse de ella en ese momento, lo primero era salir de allí y pedir ayuda. No quería obedecer al cabrón tirado sobre el terrazo, pero aún conservaba la pistola, y aunque débil, permanecía consciente.

    ―Si me ayudas… te diré… donde está la chica…  ―balbuceó desde el suelo.

    ― ¿Qué chica?

    ―La que buscas….Ven, ayúdame a incorporarme.

    ―Está muerta, se mató en casa de Abril –dijo Javier, sin moverse un ápice.

    ―No, solo estaba inconsciente. Aún vive.

    Dejó de hablar, su mano soltó la pistola y se quedó fláccido, desmayado o muerto, el rostro contra el suelo de terrazo beis. Javier no sabía qué hacer, aunque la adrenalina cabalgaba por sus venas. Cogió la pistola, pensando que ojalá funcionara con solo apretar el gatillo. Entonces escuchó un gran estruendo llegando desde alguna parte, pensó que desde arriba, y voces gritando: ¡Policía! ¡Policía! Varios disparos. Voces en chino y en español. Cuando escuchó a los chinos pedir a la policía que no disparasen sintió un inmenso alivio. Dejó la pistola en el suelo, lejos de Alejandro, no fueran a  interpretar mal la escena y se les escapara algún tiro.

    ― ¡Estamos aquí! –gritó.

    Se oyeron pasos acercándose. Abrieron la puerta, pero no entraron.

    ―Salgan fuera ―dijo uno de ellos―.  Despacio y con las manos en alto.

    ―Hay uno aquí, herido, o muerto, no lo sé. También está su pistola. ¿Qué hago con ella?

    ―Déjela ahí, fuera de su alcance, y salga con las manos en alto, despacio.

    Entonces cayó en la cuenta de que estaba desnudo. Se ató una sábana de la camilla alrededor de la cintura y salió. Fue cacheado. Galo surgió de alguna parte y se abrazó a él.

    ― ¡Joder, Javier! Cuando escuchamos el disparo me acojoné.

    ―Se pelearon entre ellos. Los chinos no querían dejar cabos sueltos. Creo que se dedican al tráfico de órganos. Abril está dentro, atada a una camilla. Pensaban darle de su propia medicina. Y en suelo está el otro, medio muerto. La pistola la dejé lejos de su alcance, por si se espabila, aunque lo dudo. No hay nadie más. Y la única salida es esa puerta que da al pasillo.

    Galo le arrastró hacia el exterior.

    ―Salgamos fuera.

  ― ¡Dios! Necesito beber algo, tengo la boca reseca y el corazón dando trotes. El que tiene el navajazo creo que se llama Alejandro ―le explicó a Galo mientras subían las escaleras del sótano―. Se encargaba de proporcionar a los chinos yonquis y mendigos. Y me ha dicho que Sasha está viva.

    La planta que daba a la calle era uno de esos supermercados chinos donde se puede encontrar cualquier cosa.

    ― ¿Y dónde está? ―preguntó Galo.

    ―Se desmayó antes de decírmelo. Después de que le dieran el navajazo hizo un disparo y se refugió en la habitación donde estábamos Abril y yo. Perdía sangre y quería que le ayudara a huir por el parking, que si lo hacía me diría donde estaba Sasha. Pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar llegasteis vosotros y él perdió el conocimiento.

    Salieron al exterior. Javier aspiró la brisa nocturna. Galo se volvió hacia él.

  ―Lo más seguro es que solo lo dijera para que le ayudaras a salvar el pellejo. Si se dedican al tráfico de órganos dudo mucho que aún esté con vida. Esta gente no deja testigos.

    ―Ya le dije yo que estaba muerta, pero él insistió. Quizás haya suerte.

    ―Le interrogaremos en cuanto despierte.

    Pero Javier no terminaba de quedarse tranquilo. Se llevaron al herido al hospital. Abril salió por su propio pie, esposada, confusa. No dijo nada al pasar por su lado. Su mundo se estaba derrumbando, pero no parecía que la afectara mucho, estaba en estado de shock. A los chinos se los llevaron en un furgón

    ―Si hay tráfico de órganos es que hay operaciones de por medio y cirujanos que las hagan ―afirmó Javier―. Si yo fuera uno de ellos intentaría acceder a la habitación y silenciar al testigo, no estaría mal que la policía confirmara la identidad de cualquiera que se acercara hasta él.

    Galo le proporcionó un uniforme de los paramédicos para que se pusiera algo encima. Regresó al supermercado para cambiarse, algunos curiosos se habían acercado ante la presencia de la policía y no era cuestión de dar la nota en la vía  pública.

    ―Oye, ¿qué hora es? –preguntó después de salir del local. Lo único que sabía es que era de noche.

    —Las doce y media.

    —Tengo que llamar a la Carioca. Estará preocupada.

    —La acabo de llamar mientras te vestías. Nos preparará un tentempié para cuando lleguemos. Descansarás esta noche y mañana iremos a la comisaría, para las declaraciones, y luego al hospital, a ver que sacamos del tipo ese. Por cierto, que le debes la vida.

    — ¿A quién?

    —A la Carioca –y se rio con ganas.

    Galo le explicó durante el trayecto como habían derivado las sospechas hacia Abril a raíz de la llamada de la Carioca, haciéndole partícipe de su conjetura sobre su adicción a la cocaína, por un gesto que hacía similar al de su marido, el que se mató, que por lo visto le daba de lo lindo. De cómo habían metido a los de estupefacientes en el ajo, para ver que sacaban, descubriendo que la camarera de los ojos verdes trapicheaba en la taberna irlandesa. Presionándola confesó que Abril era su clienta y que le parecía haberla visto venir a recoger aquella noche a Sasha con la moto, aunque no estaba segura, y que no había dicho nada porque temía que Abril se vengara denunciándola. Así que para asegurarse buscaron entre las grabaciones de vigilancia que tenían guardadas en comisaría de aquella noche y en una de ellas,  aunque no se distinguía la matrícula porque la tapaba el ángulo de un coche, congelando la imagen pudieron identificar el modelo de la Harvey, el mismo de la moto de Abril, montada por dos ocupantes. No había forma de confirmar que uno de ellos fuera Sasha porque el primer ocupante tapaba al segundo y ambos llevaban puestos los cascos, pero eran indicios suficientes para poner a Abril bajo vigilancia. Le vieron llegar al chalet  y más tarde a Alejandro con los dos chinos, sospecharon  cuando vieron como sacaban las alfombras y las cargaban en el furgón. Así que los siguieron, mandando por radio a sus compañeros que registraran la vivienda. Comprobaron que no había quedado nadie en la casa y montaron el operativo. El disparo lo precipitó todo.

 

  Era una de esas noches de final de verano, aunque por el calendario ya había entrado el otoño, en las que se puede dormir sin sentir el agobio del calor desprendiéndose del asfalto. La Carioca llevaba puesto un camisón negro que ceñía sus formas y exhibía sus deliciosas piernas, así como una generosa porción de sus senos, pero como el invitado era Galo no se había molestado en cambiarse. Sabiendo que era amigo de tintos, abrió una botella de somontano  y preparó unos pinchos morunos y unas gambas al ajillo. Ella ya había cenado una ensalada, pero decidió acompañarlos con un poco de albariño.

    Tras el abrazo y el efusivo beso que la Carioca le dedicó a Javier Galo no dejó de alabar su sensual encanto y el acierto al recibirlos con tan seductora prenda, que de seguro pondría un poco de chispa en el aciago día de Javier. La Carioca le contestó con una sonrisa entre traviesa y felina, le dio un beso fugaz en la mejilla y a continuación acosó a Javier con todo tipo de atenciones.

    Este también se decantó aquella noche por el somontano, y entre tapas y traguitos de vino fue desvelando la aventura que había estado a punto de costarle la vida, obviando algún detalle respecto a Abril que de seguro no iba a ser del agrado de la Carioca. La posibilidad de que Sasha estuviera viva centró la atención de todos.

    ―Lo malo es que nos va a costar sacar algo de él ahora que  ya no teme por su vida ―dijo Galo―. Ni de él ni de los chinos. Con la mafia china metida de por medio dudo que vayan a soltar prenda, les tienen más miedo a ellos que a la cárcel, saben que si hablan se vengaran en sus familia, y el sistema penitenciario español es bastante amable en comparación con otros.

    ―Pero intentaron quitar de en medio a Alejandro ―apuntó Javier―. Lo lógico es que esté resentido por ello.

    ―No estés tan seguro. Con el testimonio de Abril, que será acusatorio para poder quitarse de encima todo el marrón que pueda, irá derechito a la trena. Y si implica a la mafia china irán a por él y a por su familia, esa gente no se anda con chiquitas y lo sabe. Seguro que no somos capaces de encontrar ningún cadáver y nadie va a decirnos donde están ―bebió un trago de vino―. Así que yonquis y mendigos... ¡a saber cuántos hay!

    ―Joder, Galo, no me seas negativo y espera a ver que nos cuenta ―protestó Javier.

    ―Lo que no entiendo es que hacen los chinos metidos en todo esto ―Galo prosiguió el hilo de sus razonamientos―. La mafia china es cerrada, son listos y no se pillan las manos. Lo suyo es conseguir órganos en China o en la India y venderlos en Europa. Usan los de los condenados a muerte, también los compran a los vivos o los consiguen sin el consentimiento de sus propietarios, pero son muy cuidadosos en el exterior. Su actividad en España se centra en la extorsión a sus propios compatriotas y el blanqueo de capitales, algo de prostitución también. A no ser que hayan decidido cambiar su estrategia esta no parece su firma. No se le quitan los órganos a una persona en un sótano cochambroso como en el que estabas tú, hace falta equipo quirúrgico y profesionales, una clínica, comprobar si los órganos son compatibles y si están en buen estado, que de los mendigos y los yonquis habrá muchos que no sirvan.  No sé, quizás no sea la mafia, sino unos pocos chinos conchabados con algún médico sin escrúpulos, no me cuadra el procedimiento.

    ―Pues mejor si no son ellos, así tenemos más posibilidades de que confiesen y sepamos donde está Sasha ―dijo Javier.

    ―No te hagas muchas ilusiones, a lo mejor te dijo que estaba viva para que le ayudaras a escapar ―objetó Galo.

    ―Ya veremos.

   Javier estaba deseando que llegara el momento de tener frente a frente a Alejandro, pero hasta el día siguiente no había nada que hacer. Además, el vino mezclado con los últimos vestigios de lo que le hubieran dado para dormirle le estaba produciendo somnolencia, que solo el contacto con la morbidez que transmitía el cuerpo de la Carioca, recostada sobre él, lograba espabilar. Le preguntó a Galo si quería quedarse a dormir pero este desistió, les aguardaba una dura jornada al día siguiente y necesitaba su cama para descansar en condiciones. Les deseó buenas noches y se marchó, quedando en pasarse a recoger a Javier por la mañana.

   Cuando se quedaron solos la Carioca se refugió en los brazos de Javier y comenzó a besarlo, necesitaba sentir su boca y sus manos después del mal rato que había pasado desde la llamada de Galo. Le despojó del uniforme de enfermero y acarició su piel. Le llevó hasta la ducha, le lavó para borrarle cualquier vestigio del día y luego le condujo hasta la cama, donde le tumbó envolviéndole en un beso dulce y prolongado que les fue encendiendo la pasión. Sentía el cansancio de Javier pero no quería desperdiciar la oportunidad de mostrarle su amor, la vida era un suspiro demasiado breve para desperdiciarlo y hacía apenas unas horas que a punto estuvo de perderle. Le pidió que se relajara, ella se encargaría de todo, amada amante. Derramó besos y caricias inundándolo de sensaciones, recorrió cada rincón de su piel devorando su deseo y se hizo dueña de su cuerpo, conjunción inapelable en la danza sinuosa del amor. Cóncavos y convexos excavando en los sentidos con las garras del sentimiento, enredados en un mar de humedades y suspiros, un mar del que emergió la ola voluptuosa que arrasó con ellos estallando con frenesí, y que terminó arrojándolos sobre una dulce playa de caricias tranquilas.

    Javier se durmió mientras sus dedos dibujaban sueños sobre la piel de la Carioca. Ella tardó un poco más, satisfecha, mientras trataba de retener sus sensaciones en una sonrisa.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

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  • Pues sí que he andado yo despistado. Porque he visto hoy de refilón que habías sacado ya el capítulo 6 que si no no me entero de que ya había salido este, y es que últimamente esta página va como un tiro...Se pone muy interesante la cosa. No quiero pasarme de listillo, pero a mí hay alguien más por aquí que no me termina de parecer trigo limpio...Veremos si estoy equivicado. Ahora lo suyo sería ir a por el 6 pero me reclaman otras ocupaciones. Me lo apunto en la agenda y en cuanto pueda me lo leo. ¿Qué tal llevas lo de la hermandad? ¿sigues en ello o lo tienes parado? Es otra de las cosas que no quiero perderme. Saludos.
    Hay que ver con los chinos, andan por todos lados. Bueno, por lo menos parece que existen algunas posibilidades de que Sasha siga viva, aunque a saber si con todas las piezas corporales en su sitio. Muy buena la escena final entre Javier y la Carioca : una bella sucesión de imágenes, pasionales y marinas; la sal del sudor y la del agua entrelazadas en onírica ensoñación.
    Excelente climax en verdad despues de los primeros tres capitulos no me esperaba que fuera a ocurrir lo de los dos ultimos, ya estoy ansioso por leer el final, amigo ender un abrazo y una felicitación es exquisito tu relato
    Tremendo giro Ender, ya imaginaba yo. Qué habrá sido de la pobre Sasha. Si ya lo decía Julián López: Nos comen los chinos!!! ;) muy bueno amigo
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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