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17 min
La mirada vacía 6 de 7
Suspense |
13.04.13
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Sinopsis

Se acerca el desenlace. Saludos.

El trámite en la comisaría terminó haciéndose tedioso, más que nada porque Javier no veía el momento de salir pitando para el hospital donde se encontraba Alejandro, pero contestó con paciencia a todas las preguntas que le hicieron. Tal como había supuesto Galo, los chinos se habían cerrado en un hermético mutismo y no soltaban prenda. Así que el único hilo del que tirar para desenredar la madeja estaba en la habitación del hospital.

    La madrugada había venido acompañada de nubes y caía una pertinaz lluvia desde casi el amanecer. La temperatura seguía siendo agradable, pero el agua ralentizaba el tráfico y Galo recurrió a la sirena para despejar el camino. Javier no pudo evitar sentirse un poco incómodo, tampoco es que les moviera ninguna urgencia después de todo, pero guardó silencio.

    ―Tenemos que llegar antes que los de la Brigada ―explicó Galo, como si adivinara sus pensamientos―. O cuando queramos interrogar a ese tipo habrán pasado varios días.

  Finalmente entraron a Doctor Esquerdo desde la avenida Ciudad de Barcelona y enfilaron hacia el Gregorio Marañón, entrando por el acceso de la calle Ibiza. Galo se identificó ante el vigilante de seguridad y le dejó encargado de echar un vistazo al coche, que aparcó unos metros más adelante, fuera de la trayectoria de las ambulancias. Por los policías que guardaban la puerta de la habitación supieron que el herido había superado el punto crítico y que se recuperaría. Estaba durmiendo cuando entraron, o adormecido por la medicación, pero Galo no dudo en espabilarlo presionándole ligeramente el rostro con la palma de su mano izquierda. Alejandro abrió los ojos.

    ―Vosotros no sois enfermeras ―sus labios esbozaron una cínica sonrisa.

    ―Ni tampoco médicos ―concedió Galo.

    ―Solo queremos saber que ha sido de la chica ―espetó Javier―. Me dijiste que me lo contarías si te ayudaba.

    ―No me ayudaste a escapar ―observó Alejandro.

    ―Pero sí a salvar tu vida.

    ―Ese no era el trato, pero aún estas a tiempo. Ayúdame a escapar.

    Galo le mostró la placa.

    ―No te pases.

    ―Míralo desde mi punto de vista. Lo que más me conviene es guardar silencio.

    ―De entrada te caerán dos cargos por secuestro ―dijo Galo―. Aunque no pudiésemos demostrar nada más significan un montón de años a la sombra. Creo que te convendría colaborar, podemos encerrarte en la misma cárcel que a los chinos y ya se encargarían ellos de buscar la manera de silenciarte para siempre.

    ―No tengo mucho con lo que negociar, mi colaboración terminaba en el sótano del supermercado, no sé a donde los llevaban después. Tendréis que ofrecerme algo a cambio del paradero de la chica. Firmado.

    ―Eso depende en última instancia del juez instructor. Además, lo de los testigos protegidos no funciona aquí como en los Estados Unidos. Y si mientras tanto le ocurre algo a la chica se te incrementaría la pena.

  Javier empezaba a perder la paciencia, no parecía que el toma y daca entre Galo y Alejandro fuera a conducir hacia ninguna parte.

    ―Pues date prisa en reunirte con el juez ―pidió Alejandro―. Así solucionaremos esto lo antes posible. Quiero una reducción de pena, cambio de identidad mientras permanezca encerrado y que en el centro penitenciario no haya ningún amarillo.

    ―Esto va para largo ―intervino Javier―.  Y no hemos llegado hasta aquí para dejarnos chantajear. Propongo otra cosa ―se dirigió a Galo―. Vete a tomar un café y déjame con él a solas unos minutos.

    ―No puedo ―objetó Galo―. Las cosas no funcionan así, si nos saltamos alguno de los pasos legales no solo incurriríamos en delito, sino que le daríamos muchas más cartas para jugar su juego. Hablaré con los de la Brigada para que aceleren todo el proceso en la Fiscalía, con un poco de suerte se puede llegar a un acuerdo en dos o tres días.

    ―Da igual, puedo hablar delante de ti ―y dirigiéndose a Alejandro―, Verás, la única ventaja la puedes obtener solo si Sasha es encontrada viva. No sé que pensarás tú, pero si yo fuera la persona que la tiene en su poder y tuviera noticias de lo que ocurrió ayer en los sótanos de ese supermercado chino intentaría hacerla desaparecer, por lo que si esperamos a que el tema del papeleo este solucionado puede que ya no te sirva de nada. Y si no conseguimos recuperarla te puedo asegurar que me encargaré personalmente de hacer llegar a oídos de tus amigos chinos el nombre del penal al que te lleven, aunque tenga que ir tienda por tienda para llegar a ellos.

    Alejandro observó a Javier desde sus pequeños ojos marrones mientras sopesaba el alcance de sus palabras. Que encontró llenas de lógica.

    ―Dudo que llegue a oídos de Leonid lo ocurrido anoche, pero llevas razón, no quiero arriesgarme.

    ― ¿Quién es Leonid? ―espetó Galo.

    ―Leonid Sigarev, un mafioso ruso afincado en Marbella, en La Milla de Oro. No se mucho de él, porque esa gente no realiza el trabajo sucio en España, sino en Rusia. Dirigen sus mafias desde aquí y usan nuestro país para blanquear el dinero. Ni siquiera le conozco personalmente, fue su hermano el que le recogió en el aeropuerto.

    ― ¿Y como es que Sasha está con él? ―preguntó Javier.

    ―Porque se encaprichó de ella. Su hermano Kiril vive en Las Rozas, creo que se encarga de blanquear parte del dinero en Madrid, con ayuda de un abogado del que apenas se separa. En alguna ocasión le he conseguido mujeres y también hemos estado de juerga juntos. Salió a relucir que su hermano necesitaba un riñón y que pensaba desplazarse a Rusia y yo le ofrecí la posibilidad de conseguirlo aquí. No sé donde está la clínica donde hacen las operaciones, pero sé que está equipada con los mejores equipos y que los doctores que realizan las operaciones son de lo mejorcito. Total, que llegamos a un acuerdo y los chinos condujeron a Kiril para que viera las instalaciones. Les vendan los ojos y les tapan la cabeza con una capucha, para que no puedan reconocer ni el trayecto ni la ubicación de la clínica. Kiril salió satisfecho y llegamos a un acuerdo. Leonid exigió conocer al donante, no se fiaba de los chinos. Además,  pagó un pastón para que el donante estuviera en buenas condiciones físicas. ¿Me alcanzas un vaso de agua?

    Javier llenó el vaso que había en la mesita con agua del grifo, que dejó correr. Alejandro se la bebió de tirón.

    ―Está calentorra, pero es que tengo mucha sed. A ver si antes de iros me traéis una botella fresquita de esas máquinas que hay fuera.

     ―Continúa ―pidió Galo.

    ―El caso es que cuando mientras transportábamos a la chica un chino le tocó las tetas y se dio cuenta de que estaba viva. Querían matarla, pero a mi me pareció que encajaba perfectamente con lo que Leonid buscaba y los convencí para que la llevaran a la clínica. La curaron y la mantuvieron sedada hasta la operación. Pero Loenid se encaprichó al verla y les ofreció un dineral para llevársela con él. Le salvó la vida, porque los chinos pensaban aprovechar todos los órganos que pudieran y luego hacer desaparecer el cuerpo. Kiril dijo que a Leonid le recordaba a una novia que tuvo cuando era jovencito y que murió de cáncer. Ya sabéis lo que pasa con los mafiosos, que piensan que con dinero se puede conseguir todo. Y eso es todo lo que sé.

    ―Necesitamos las direcciones ―dijo Galo.

  ―La de Leonid no la tengo, pero vive donde os he dicho, en La Milla de Oro. La de Kiril la tengo en casa, en un tarjetero que tengo sobre el mueble del salón. Las llaves estaban en mis pantalones, si no se han perdido. Pero tengo escondida una copia bajo una roca del jardín. Os daré la combinación de la alarma, para que entréis sin problemas, pero antes traerme agua fresquita, por favor.

    Galo sacó su libreta de notas y le pidió a Javier que fuera a por el agua.

 

    ―Tenemos un problema ―le dijo Galo a Javier cuando salieron del hospital―. Si ese ruso mantiene sus actividades ilegales fuera de nuestras fronteras no se arriesgará a que Sasha sea encontrada con vida, en cuanto sepa algo de todo esto la matará. Dudo que el testimonio de Alejandro sirva para condenarlo, ni siquiera llegó a verlo. La única que podría acusarlo es la propia Sasha, hay que averiguar donde está e irrumpir antes de que la mate. Y ni siquiera sabemos si vive con él o la mantiene a resguardo en alguna otra parte.

    ―Coger al hermano y hacerle cantar antes de que el otro se huela algo― sugirió Javier.

    ―Tengo que hablar con mis jefes para agilizar todo esto. No creo que interroguen a Alejandro hasta que pasen un par de días y se encuentre mejor, y vamos a contrarreloj ―copió las direcciones que había tomado en una hoja de su libreta y se la entregó a Javier, junto a unos guantes blancos para manipular pruebas―. Encárgate tú de obtener la dirección del hermano. Póntelos antes de entrar en la casa. Ahí tienes todos los datos. Si por casualidad te encuentras con mis compañeros me llamas. No se cuando irán, pero en cuanto averigüen su domicilio se presentaran para ver que obtienen. Copia la dirección de ese Kiril y no toques nada más. En cuanto la tengas me haces una perdida y en cuanto pueda te llamaré para quedar. ¿Dónde tienes el coche?

    ―Pues creo que frente a la casa de Abril.

    ―Demasiado lejos, ya lo iremos a buscar cuando tengamos tiempo. El chalet de Alejandro está en Rivas, toma un taxi. Y luego uno de vuelta hasta Cuatro Caminos y me esperas en algún bar de por allí si no he terminado. Tendrás que desconectar la alarma cuando entres, me ha dicho que esta a la derecha de la puerta, ahí está apuntada la clave.

    Se despidieron. Javier siguió las instrucciones de Galo al pie de la letra. Desde el taxi llamo a la Carioca para decirle que se encontraba bien. Sintió deseos de hablar  con su hijo, pero a esa hora se encontraría en clase. Lo haría más tarde. Durante el trayecto se preguntó por el destino que el ruso le habría dado a Sasha. ¿Esclava sexual? Pobre niña, solo de pensarlo se le pusieron los pelos de punta. Pero estaba viva, al menos de momento, o eso quería pensar. Llevaba razón Galo, si querían salvarla tendrían que actuar rápido. ¿Le habrían avisado los chinos de la redada policial? Quería pensar que no, lo lógico es que fuera el ruso el que tuviera la forma de contactar con ellos, y no al revés.

    No tuvo problemas para encontrar la agenda de Alejandro, allí estaba la tarjeta con la dirección de Kiril Sigarev en Las Rozas. Y si estaba la agenda es que la policía aún no había aparecido por allí. Dejó todo como lo había encontrado y volvió a conectar la alarma, no fuera que a algún secuaz de Alejandro se le ocurriera aparecer por allí. Una vez en la calle, y mientras hacía la llamada perdida a Galo, vio llegar a dos coches, uno con policías uniformados y otro con policías de paisano, que supuso serían inspectores. No pudo evitar sentir cierto alivio por estar ya fuera, la situación podía haber sido embarazosa de haberle pillado dentro, sobre todo si no hubiese podido localizar a galo en ese momento. Mientras tomaba un taxi escuchó como la alarma de la casa comenzaba a sonar. Tendrían que cortar los cables.

 

    Conocía un bar en los aledaños de Cuatro caminos donde servían pinchos morunos empapados en salsa amarillenta, que era la buena, y allí se tomó un par de ellos mientras esperaba la llamada de Galo, que tardó más de lo esperado. Le dio tiempo a charlar con su hijo y saber que todo estaba bien, tenía ganas de verlo, y le prometió que el primer día que tuvieran tiempo quedarían para tomar algo y ver una película. Aunque primero le propuso ir al museo del ferrocarril, que hacía mucho que no se daba un garbeo por allí, pero había pasado el tiempo en que el hijo accedía a las proposiciones del padre, el cine fue el terreno de tablas donde ambos coincidieron, la película ya la decidirían el día que quedaran.

    Finalmente sonó el móvil y Galo le preguntó donde estaba. Él estaba no lejos de allí, en las oficinas de la Brigada Provincial de la Policía Judicial. Que llegaría en unos minutos, aunque su voz parecía demasiado seria.

    Al llegar le preguntó si había comido y le contestó que no. Pidieron unos bocadillos de calamares y un par de cervezas.

    ―Traes cara de perro, ¿qué ocurre?

    ―Leonid y Kiril estan bajo investigación de la UDYCO. La investigación está a la mitad y no quieren espantarlos con un registro sin tener certeza de que encontraran a Shasa.

    ― ¿Qué es la udyco?

    ―La unidad de drogas y crimen organizado.

    ― ¿Entonces?

  ―Pondrán una vigilancia especial en el domicilio de Leonid y usarán el satélite para buscar a Shasa dentro de la finca, por si sale a la piscina o a tomar el sol, aunque lo dudo, esta gente es precavida y no creo que se arriesguen a que sea vista en el exterior. No por porque sospechen que andamos tras ella, sino por seguridad.

    ― ¿Pero y si la mata y se deshace de ella?

    ―Tengo las manos atadas.

    Javier dio un puñetazo en el mostrador. El camarero se le quedó mirando de malas maneras y Galo pidió disculpas antes de llegar a mayores.

    ― ¿Y si amenazo con contarlo todo a la prensa? Seguro que el hallazgo de Sasha tiene mucho más impacto mediático que la vigilancia de un mafioso ruso.

  Galo consideró la propuesta de Javier, sorprendido de la determinación que movía a su amigo, pero terminó descartándolo.

    ―Eso solo daría resultado si ella se encuentra en el domicilio de Leonid. Pero si se encuentra en otro lado se deshará de ella.

    ―Y si se entera de alguna manera que la buscamos también.

    ―Me han prometido que el arresto de Alejandro no trascenderá a la prensa, se mantendrá en secreto. Y si existe la posibilidad de que los chinos avisen a Leonid ya será demasiado tarde.

    ―Ya, pero contando con que no sepa nada, en cuanto se huela que lo vigilan se deshará de ella.

    Galo no le supo responder, sabía que su amigo llevaba razón. Las posibilidades de encontrar viva a Sasha eran escasas.

    ―Hablemos con su padre. Si presiona con contarlo todo a la prensa quizás accedan a registrar la villa de Leonid. Pero si no se encuentra allí no podremos hacer nada por presionarlo, la investigación se encuentra a medio camino.     Javier bebió un trago de cerveza mientras contemplaba la lluvia, que había vuelto, tratando de encontrar una solución para el problema. Quizás siguiendo al ruso pudieran encontrar donde estaba Sasha, sería lo mejor sin la amenaza del chivatazo de los chinos pendiente sobre la vida de la niña. Quizás aún no hubiesen avisado, pero alguno de ellos terminaría por atar cabos y encontraría la manera de alertar a Leonid. No, necesitaban una acción drástica antes de que fuera demasiado tarde. ¿Pero cuál?

    ― ¿Y si detienen al hermano y le presionan para que cante?

    ―Se necesitan pruebas para presionar a alguien y aún no tienen suficientes. ¿Con qué lo iban a presionar? Además, es el hermano. Esta gente lleva muy mal eso de las traiciones, en eso todas las mafias son iguales.

    ―Necesito pasear un rato. Despejarme, y pensar algo. Alguna manera tiene que haber.

    ―Voy a acercarme a la UDYCO a ver que medios tienen “in situ”, y si el satélite nos dice algo. Luego te llamo.

    Javier dejó el bocadillo sin terminar, se le había pasado el apetito. Abonaron las consumiciones y abandonaron el local.

 

    Le apetecía pasear, pero no deseaba mojarse, así que compró un paraguas en una tienda de chinos. Descendió por Bravo Murillo hacia Canal, que era una zona con menos afluencia de transeúntes. No podía creer que después de todos los esfuerzos por encontrar a Sasha y sabiendo casi con seguridad que aún se encontrara viva no fueran capaces de salvarla antes de que un depravado mafioso decidiese acabar con su vida. No era justo. Sabía de la paciencia que requería una investigación porque Galo le había comentado sobre su trabajo en más de una ocasión, y de cómo una labor concienzuda daba mejores resultados que la precipitación. Su amigo había participado en la lucha contra ETA desde su puesto en la Científica, y la mayoría se las veces una intervención para apresar a un etarra estaba precedida de largos meses de investigación. Pero este no era el caso. ¿Cuántas posibilidades tenía Sasha de ser encontrada viva mediando una investigación a partir de aquel momento? ¿Un diez por ciento? No creía que tuviera más. No, no era justo. Si el camino era demasiado largo tendrían que buscar un atajo que les llevara hasta ella sin poner su vida en peligro. ¡Pues claro, eso era! Si la montaña no va hasta Mahoma... ¿Pero qué diría Galo? Se detuvo bajo la marquesina de una pastelería, cerró el paraguas y marco el teléfono de su amigo.

    ―Dime.

    ―Oye, necesito hablar contigo.

    ― ¿Ahora?

    ―No, cuando termines. Recaba toda la información que puedas sobre los rusos y entérate de lo del satélite antes. Tengo una idea. ¿Cuánto crees que tardarás?

    ―Un par de horas, tres como mucho.

    ―Pues que sean tres. Quedamos a las seis y media en la taberna irlandesa. Mientras iré a recoger mi coche.

    ―Pero espérate y luego te acerco yo.

    ―No, me acercaré en un taxi, así luego no estaremos pendientes de recogerlo.

    ―Como quieras.

  Tenía tiempo y aún le apetecía caminar. Abrió el paraguas y descendió calle abajo mientras fraguaba su plan. Necesitaba un poco de suerte y creyó que la conseguiría, a Sasha el destino le debía una poca después de todo.

 

 

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  • No hay mucho que decir, en si la historia esta excelente desde el primer capitulo pero para el cierre se pone muy tenso el asunto
    Entre chinos y rusos anda el juego. Estas mafias del este no son gente muy recomendable. Espero que rescaten a Sasha, sana y salva.
    !ufff!la cosa se pone seria.Deseando leer el desenlace. Fantástico ender
    Bueno. Pues esto parece que entra en la "zona caliente". Espero que no le venga demasiado grande al amigo Javier la heroicidad que parece está a punto de llevar a cabo. A la espera del 7... ¡Ah! y me alegra lo que me comentas sobre "La Hermandad". Ya veo que lo tuyo es un no parar. Ánimo pues.
    Bueno amigo ender, he notado que después de jugar con tu poder de convinción, ahora cambias el tono y te pones serio. La cosa está caliente y presiento que Javier va a cogerel toro por los cuernos. Me encanta tu estilo de verdad. Esperando el final ...
    amets, en cuanto termines estos que son siete sigo con la hermandad, al final decidí no mezclar dos de capítulos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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