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4 min
La momia viviente de Evita
Históricos |
03.07.13
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Sinopsis

Relato sobre el esperpéntico periplo de su cuerpo y su inaudita vuelta a la vida para salvar a un poeta.

Ricardo siempre estuvo obsesionado con la historia de la momia de Evita. Muerta de cáncer de útero en 1952, a los 33 años, con la edad de Quien quedó colgado del Madero, Eva Duarte Perón siempre debió de saber que su destino era ser un mito eterno. Y, para ello, nada más práctico que no pudrirse jamás y que su carne perdurase junto a los vivos. Su marido, el general Perón, quiso conservar el cadáver con él, embalsamado. Pero todo se truncó en 1955, cuando otros militarotes dieron una asonada y le movieron la silla. Uno de ellos, Moori Koening, acabó con la musa de un pueblo enclavada en su despacho. Allí pasaría ella, de pie y como un mueble más, los siguientes dos años. En una juerga, alguien aplastó su nariz y le arrancaría un dedo de la mano.

 

En todo ese tiempo, las conspiraciones entre los peronistas por hacerse con la muerta y sus enemigos por mantenerla, depararon innumerables episodios con los que Valle-Inclán hubiera representado la esencia del más absoluto esperpento. Hay quien cuenta que incluso se solicitó la mediación del Papa para que acabara con tal horror. Finalmente, la momia fue introducida oculta en un buque mercante. Su destino, Milán , para desconcierto para la legión peronista, que inventaba todo tipo de historias. Allí permanecería, enterrada, hasta 1971, cuando el exiliado Perón pudo recuperar al fin los restos de su amada. Se los llevó consigo hasta Madrid. En 1973, este pudo volver a su tierra, pero ya no quiso exponerse más a la suerte y dejó el cuerpo en su casa de Puerta de Hierro. Al año siguiente, muerto también quien fuera líder del populismo de cuartel, su entonces viuda quiso repatriar al fin a Evita, su predecesora. El cuerpo volvió a dar varios tumbos de vuelta a casa, pero, definitivamente, pudo “descansar” en un terreno de los Duarte, su familia. Desde 1976 hasta hoy. Y, evidentemente, sepultado bien hondo.

 

Toda esta tremebunda historia la repasa en su cabeza Ricardo mientras se echa un matecito en la minúscula piscina portátil que ha instalado en su minúsculo comedor. Adormilado, ve claramente la momia de Evita en el despacho del cabronazo de Koening. El cadáver, de pie y apoyado en la pared, es mostrado con orgullo a las visitas. Cuando estas se despistan, el hijoputa se lleva la mano a la bragueta. Furioso ante esta imagen, Ricardo pega un manotazo sobre el agua, mezclada con whisky y otro elemente misterioso. La televisión recibe la mayor carga del mejunje y emana un chispazo, que acude raudo al encuentro con las cortinas. En pocos segundos, este joven poeta es rodeado por las llamas.    

 

Desesperado, no tanto por morir sino porque eso significará que no conseguirá ver físicamente la momia de Evita, inicia un balbuceante rezo, destinado, cómo no, a su musa. En el último instante, cuando una viga del techo se aviene directamente sobre su cabeza, su sueño se hace realidad. Eva Duarte Perón, viva en plenitud, se sitúa ante él y, con sus poderosos brazos, recoge el peso de la estructura. Sonriéndole, le susurra las notas del tango más luminoso que jamás se haya cantado en las tabernas de Buenos Aires. Finalmente, y tras tirar a un lado la viga, Evita coge a Ricardo de la mano, abre la ventana y ambos echan a volar.

 

La tele, que aparentemente estaba muerta, resucita y emite una imagen. A un primer destello con el pérfido Koening llorando, le sucede la hercúlea figura del entrañable Mario Benedetti. Este mira al frente y, antes de ser consumido por la última llama, clama satisfecho: “Los sueños, sueños son. Hasta que se cumplen y son vida eterna”.

 

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

 

http://blogs.periodistadigital.com/lahoradelaverdad.php/2013/07/03/la-momia-viviente-de-evita

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Conquense y madrileño, licenciado en Historia y Periodismo, ejerzo este último. Libertario y comunitarista, voto al @Partido_Decente. Mi pasión es escribir.

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