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3 min
La montaña
Drama |
09.07.18
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Sinopsis

Una montaña artificial, una evidencia humana en el cosmos.

La montaña

Después de años de trabajo el coliseo fue terminado. Trescientos hombres  armaron el caparazón de ese cuerpo enorme que habría de perdurar más de cien años.  Cada día llegaron y partieron a la misma hora. Cada día vertieron en los muros y rincones de esa estructura sin vida,  gotas de sudor y pensamiento, como marcas divinas sobre una creación pagana.

     El tiempo que duró su sacrificio bajo el sol, ya no existe. No hay evidencia de sus pasos miserables a lo largo de andamios de madera, ni un eco de sus quejas cuando el cuerpo se quebraba en el calor.

     Quienes vayan al coliseo se sentarán cómodos, abrirán una bebida propicia e inocentemente sentirán que aquél lugar participa desde siempre en el universo. Nada sabrán de aquellos que armaron esa montaña de concreto y geometría. Nada les dirá del torrente que circula en las vigas, hechas de sangre y pulso interminable. El objeto no puede dar razón de la mano que lo urdió.

     Cuando fue diciembre Ariel asistió al lugar del proyecto, al igual que otros convocados para trabajar en la construcción del coliseo. Pobres, sin trabajo, llegaron decenas de ellos el primer día para firmar un acuerdo con los dueños de la constructora. En dos semanas se completó el grupo inicial de obreros. Las máquinas se encendieron el día último de la primavera y no pararon hasta que la obra estuvo terminada.

     Los meses primeros se sustrajo grandes cantidades de piedra y mineral, mientras se excavaba la tierra donde habrían de asirse las raíces de la pesada estructura. Sin mucha experiencia y juventud, Ariel ejecutaba las instrucciones al pie de la letra, tratando de no perder la atención y evitar las distracciones que tenazmente lo frecuentaban.

     Ocasionalmente jugaba con la palabra coliseo, comparándola con otras similares y buscando una etimología que la justificara. Coloso, colosal, repitió. Sostuvo en sus ojos la última de ambas y, pensando en la magnífica maqueta de la obra que una vez alcanzó a ver en la oficina, estuvo de acuerdo en llamar coliseo a aquel cuerpo que empezaba a formarse, como dentro de un vientre de aire y cielo raso.                            

     Una mañana, como otras, salió de su casa y subió al autobús con destino a la obra. Miró por la ventana una serie de edificios nuevos, construidos durante los últimos años. Cuidadosamente trató de encontrar fallas visibles en la estructura o el diseño. Uno de ellos, a su parecer, tenía las ventanas muy pequeñas. Otro las tenía muy grandes, y consideró que durante los meses de verano sería insoportable sentarse una tarde en la sala de aquel apartamento.

 

(Este relato está inconcluso. No he sabido si debo continuar u olvidarlo. Me he extraviado en sus propios caminos. Apreciaré cualquier comentario.)

 

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