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4 min
La moviola. Dispersión en clave de Fa.
Varios |
25.09.16
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Sinopsis

Espero, querido lector, que te sientas incómodo.

Los timbales retumbaban desde el averno. Ella cantaba con voz dulce y trémula. Casi resultaba imperceptible el susurro opacado por el traqueteo de sus dedos minúsculos sobre la piel muerta.

El vino y la cerveza recorrían nuestros gaznates aburridos por el peso agobiante de la rutina soporífera. Una orgía sin sexo, espiritual, oteaba el horizonte y el laúd, chirriante, entonaba unos acordes en honor a la grandeza de John Lennon. Seguimos así durante horas, tal vez segundos, o días, tal vez minutos, bebiendo con acusados tragos melancolía y psicología de segunda. Desgarramos el tiempo con un cuchillo ciego.

Tímidamente la perra de Lucia intentaba recuperar su espacio, se lo habíamos robado. No me gustan los perros. Alguna vez me gustaron. Ingerir mierda para después vomitarla. Masticar vómito y vuelta a empezar. Perro, animal asqueroso, con razón es considerado el mejor amigo del hombre. ¿Sabes? nunca he deseado matar a nadie, tan solo a mi padre. Dispersión. Nota mental. Un bruxista en Nueva York. Declaración de intenciones. Pactar con el verdugo. Rúbrica impoluta. El recelo no debe ser eterno. Subrayo. El deseo no debe ser el retorno. Nietzsche ha muerto. Sigue la espiral y piérdete con ella. La reencarnación es mentira.

La sensualidad recorría nuestras venas y el reflejo falaz de la inmensidad acicalaba nuestros rostros. "Todo es perfecto" rezaba el epitafio. En las tumbas se retorcían los gusanos ante el bullicioso espectáculo. La perspectiva era engañosa. Seremos carroña sin serlo. El subjetivismo era olvidado y nuestras lenguas blasfemaban contra el todo. Fuimos interferencias asistiendo con incredulidad ferviente al resurgir de un otoño ya desgastado, demasiado exprimido.

Un bufón surgió de la locura, le abracé como a un hermano. Ellas rieronse de él, sentí lástima, pobre diablo. Enmudecí y me fui asqueado. Querido Páramo virtual. El perdón es siempre diplomático. No se puede pedir perdón gritando. La sumisión es necesaria. Tus rodillas deben claudicar. Apariencia. Oropel. Perdón.

Las mujeres, arrastrándose por el suelo como culebras continuaron burlándose con estruendosa, cómica y decepcionante despreocupación mientras el iluminado, disfrazado de hombre de la limpieza, pasaba el escobón con esmero desmedido. Ataviado con un turbante amarillo amenizaba la velada. Preguntaba sí teníamos preguntas. No estoy loco parecía decir su mirada. Parloteaba como un ángel caído. Vendía tranquilidad en un mundo necesitado. Filosofía de azucarillo. Las cartas no mentían. El chamán soltaba la misma tonada una y otra vez. El exceso monotemático y la frecuencia unitaria provocaban dolor de cabeza.

Mi equilibrio pendía de un hilo. Volar. Un teatro, un engaño, un oasis en el desierto o un tío pasado de rosca imitando a Kurt Cobain. Un tren desfigurado. Un cuerpo desmembrado. Volar. Abandonar el cuerpo. Volver. Volver. Al revolver solo le queda una bala. Un cartel en mi cabeza decía: Usar en caso de enfermedad terminal. Dispersión dentro de la dispersión. ¿Es la vida una enfermedad terminal?

Un libro extraño apaciguó momentáneamente el paroxismo. Recitaron palabras revolucionarias. Admiraron al asesino del lenguaje. Fuimos una coral sectaria. La luz fue sepultada y la estancia quedó iluminada por un candor atenuado, burlesco, como de prostíbulo solapado. Acudimos al casamiento entre la misteriosa vela aromática y el vulgar televisor. Ruido blanco. Un romance imposible. Directos al patíbulo. La mayoría se abandonaron al sueño más incómodo con escorzos propios de otras épocas. Risas oníricas e irónicas. Bocas preciosas entreabiertas. Los más valientes se aventuraron lanzándose al vacío, navegando por derroteros inciertos repletos de incógnitas. El análisis fue satisfactorio a medias. La lírica como método resolutivo. El pecado prescribe pasados los dos meses. Era un hombre de bigote recaído, alicaído y abstemio, de rostro inexpresivo. La risa es tan necesaria para nosotros como una brisa marina acariciando nuestra piel en un tórrido verano. La rabia es el mejor de los combustibles. Somos la élite del sumidero. Amén. Adiós.


 

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