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6 min
La Mujer Queso, Asesina de Hombres (3° parte)
Suspense |
01.04.13
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Sinopsis

Historia real de una asesina serial de hombres

La Mujer Queso frente a su destino

3° parte de la saga criminal de la "MUJER QUESO" (Una asesina serial de hombres)

Dotada de una notable e irrefrenable furia criminal y sedienta de sangre, “La Mujer Queso” siguió asesinando hombres cada vez que tuvo la oportunidad de hacerlo. Así la séptima víctima fue un tal Sergio Goycochea, a quien ejecutó de un balazo en la frente dentro de un auto. Luego le tocó el turno a Fernando redondo, apuñalado en la espalda, y siguió en la lista Tommy Dunster, muerto en una cama de más de treinta puñaladas.

La décima víctima fue un modelo llamado Hernán Drago, a quien le disparó nueve balazos con un silenciador. La asesina llegó así a diez hombres asesinados, seis con armas de fuego y cuatro con cuchillos.
La asesina siempre estaba a la expectativa sobre quien sería su próxima víctima. Tenía varios planes sobre a quien podría asesinar y como hacerlo.

Una víctima que le gustaba era un jugador de voley llamado Marcos Milinkovic, rubio y muy alto. La asesina se imaginaba atandolo en una silla y decapitandolo con un machete, esos que usa Jason en la saga de "Friday the 13 th". La asesina soñaba con poner la cabeza del malogrado jugador de voley en una bandeja.

Otro hombre al cual soñaba asesinar era el basquetbolista Emanuel Ginóbili. La asesina se imaginaba ejecutandolo con una ametralladora S-UZI con silenciador. La mujer se imaginaba acribillando al basquetbolista con furia y salvajismo.

La tercera variante con la que soñaba la asesina era otro basquetbolista, Luis Scola. La asesina pensaba dormirlo y una vez inconsciente, atarlo a una cama. Ahí, con una soga, la asesina pensaba ahorcarlo, apretandole el cuello y luego colgarlo de algún lado.

Por último, la asesina soñaba manejaba también una cuarta posible víctima: el rugbier Rolando Martín. Con este, la asesina soñaba con ser más bien práctica, y simplemente, ejecutarlo a cuchillazos.

¿Y Marcelo Tinelli? ¿Por qué no? La asesina se imaginaba envenenando al famoso conductor...

Todavía no se había decidido sobre quien seria su próxima víctima, cuando Carla fue a una agencia de empleos, y la atendió un hombre joven, muy alto, de cabellos negros, muy bello y atractivo. Lo extraño es que el muchacho tenía los pies apoyados sobre una mesa, y a “la Mujer Queso” le resultó muy excitante ver ese enorme par de medias con un gran olor a Queso sobre la mesa. Sin retirar los pies sobre la mesa, el muchacho se presentó “Buenas tardes, mi nombre es Carlos Matías Sandes, ¿En qué puedo ayudarte?”.

La asesina acababa de conocer a su víctima número once. Las otras víctimas eran muy atractivas, sí, pero este al alcance de la mano. Era altísimo, tenía toda la pinta de ser un basquetbolista (como Scola o Ginóbili) y debería medir más de dos metros (como Milinkovic) y calzar por lo menos cincuenta. La asesina había visto muchos pies grandes, pero aquello superaba todo.

Al repasar los nombres de los diez hombres a los que había ejecutado, se dio cuenta que no había ningún Carlos. “Extraño, siendo Carlos el nombre más popular de hombre que existe, que no haya ejecutado a ninguno, bueno esta es la oportunidad, Carlos Matías Sandes sos mi próxima víctima” pensó la asesina, que sentía cierto respeto por los Carlos, pues su padre, sus dos abuelos, su hermano y varios primos suyos llevaban ese nombre.
No fue nada difícil seducir a Carlos Matías Sandes. La asesina se entusiasmó aún más con ejecutar a ese muchacho cuando comprobó lo que ya sospechaba: se trataba de un basquetbolista. Era la víctima perfecta. La asesina no sabía como ejecutarlo y tenía varias armas como posibilidad: la ametralladora Ingram con silenciador, la soga para ahorcarlo, la daga para acuchillarlo, el machete para decapitarlo o un potente veneno. A Carlos Matías Sandes le encantaba los Quesos. La asesina pensó entonces en regalarle un Queso envenenado. 

Si al fin y al cabo ella era la "Mujer Queso"...

Indecisa, la asesina fue al departamento de Carlos con todas esas armas: la ametralladora, la daga, el machete, la soga y el Queso envenenado. Carlos la estaba esperando en la cama, mientras la asesina entró al baño para preparar el arma con que pensaba ejecutarlo. Finalmente, sacó la daga. Sobre un costado de la cama, había una mesa donde estaba un enorme y gigantesco Queso. Era el Queso envenenado. Carlos aún no lo había probado.

 La asesina tardó un rato en el baño, cuando salió sostenía la daga con su mano derecha ocultándola detrás de su espalda. Para su sorpresa Carlos ya no estaba en la cama.

“¿Donde estás Carlitos?” preguntó la asesina. “Aca estoy, amor” le contestó Carlos. La asesina sintió que la voz venía de la derecha y dirigió su mirada hacia allí. Sin que pudiera reaccionar llovieron desde allí una rafaga de balas. La asesina cayó muerta de inmediato, Carlos con una ametralladora con silenciador Ingram en la mano, la había asesinado, la misma que la asesina había llevado con ella. La víctima se convirtió en asesino en apenas unos segundos, y la asesina en víctima en la misma cantidad de segundos. Carlos tomó el Queso que estaba en el costado y lo tiró sobre el cadáver de la víctima. “Queso” dijo en voz alta y abandonó la escena del crimen.

“Hacía rato que nosotros, los Quesones, estábamos detrás de esta asesina. Luego de que asesinara a Hernán Drago ya no teníamos más dudas: Carla Monzón era “la Mujer Queso”. Lamentablemente no pudimos salvar a Hernán Drago, pero sí a Marcos Milinkovic, a Luis Scola o a Emanuel Ginóbili, sobre quien la asesina había puesto su mirada. Le tendimos entonces una emboscada. Pudimos haberla entregado a la justicia, pero seguramente un buen abogado la hubiera puesto en libertad. Por eso decidimos hacer justicia por mano propia. Alguien tenía que cumplir el rol de verdugo y me tocó a mí” confesó Carlos Matías Sandes.

Concluyó así la trayectoria criminal y sangrienta de una brutal e implacable asesina serial de hombres que no será recordada por su nombre original, el de Carla Alejandra Monzón, sino como “la Mujer Queso”.

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