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5 min
La música extraña que viene del bosque
Terror |
23.04.22
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Sinopsis

La música extraña que viene del bosque

Existe una melodía no documentada ni clasificada, no escuchada por nadie, a excepción de mí, y que suelo oír por las tardes más infelices cuando me levanto ocioso de la cama. Parece provenir del bosque cercano, a solo unas cuantas cuadras de donde yo. Sin embargo, mis padres no me creen, mis amigos dejan de lado el tema cuando lo menciono, y ningún vecino asegura haber percibido algo semejante.

Es una verdadera lástima que no sea capaz de replicar aquellos sonidos, porque no toco instrumento alguno, no sé leer música, y, aunque lo pudiera hacer, no pienso que exista aparato o herramienta que sea capaz de emular tal resonancia. Las palabras tampoco bastarían, de hecho, se quedarían cortas; pero dado lo anterior, es lo único de lo que puedo ayudarme para describir la música. Considero que es oportuno hacerlo, tomando en cuenta que sucesos inexplicables han ocurrido aquí, siendo uno de ellos, la desaparición de mi gran amigo David, quien se esfumó misteriosamente en la carretera próxima que da hacia las colinas una mañana veraniega y tormentosa. 

Ahora mismo está lloviendo afuera, son casi las 5 de la tarde, y han transcurrido casi treinta minutos desde que volví a escuchar la música extraña. La luz se fue, y estoy solo en mi habitación. Por lo tanto, quiero dejar constancia, en este recado, antes de ir a investigar, porque creo que esto tiene relación con lo de mi compañero que desapareció hace un año ya. 

Se oye como muchas cuerdas repicando a la vez, aunque solamente al inicio, como si fueran emitidas por un gran grupo de guitarras, o también como por una lira de colosales dimensiones, o como algún arpa, al lado de la cual ha sido instalada un poderoso micrófono. Esas guitas entonan primero notas aleatorias, luego parecen tener cierto orden y armonía, transmitiendo mucha calma, para finalizar abruptas con acordes maníacos y enmarañados. Ocasionalmente, como hace un rato, se escucha otro eco de fondo, como si de una musicalidad lenta y siniestra se tratara, muy pausada, y que a veces se queda sola por largos momentos, sin el acompañamiento susodicho de cuerdas. 

Solamente se deja captar, y esto es lo más inusual, cuando llueve o llovizna por las mañanas y tardes, y cuando estoy sin compañía. No tiene una duración fija, ni una estructura obligada, pero la forma en como me encanta primero, me relaja después, y termina causando espeluzno al final… es una sensación de hipnotismo indescriptible. Me quedo quieto, apagado, mirando por la ventana hacia el bosque, o en mi cama, atento, pero intranquilo, a lo que la canción traerá acaso después.  

Siempre entrecierro la mirada a través del cristal empañado y afino los oídos cuando trato de averiguar de dónde proviene exactamente, más nunca da resultados. Tiene la naturaleza propia del canto de un grillo, viniendo de ningún lado y de todos simultáneamente, dependiendo de donde se coloque uno. 

Por supuesto que trate de evidenciarlo cuando retumbaba mediante una grabación, con el auxilio de mi teléfono barato, esperando toparme con cualquier clase de notoriedad paranormal; ya fuera supuestas voces de espíritus, o ya de plano alguna paraeidolia auditiva; pero nada sino el ambiente del bosque se quedó registrado allí, inexplicablemente. Jamás me atreví, sin embargo, a dar un solo paso dentro de las regiones espesas, porque mi fobia a los bosques podía más que nada en el mundo. ¿Cómo es entonces que estoy alistando todo para salir, en medio de una fuerte borrasca, hacia esa zona indómita, de donde viene ahora mismo la música? 

No soy capaz de explicarlo, pero esta vez es más fuerte, aunque sin el sonido de cuerdas, y diferente, porque alcanza a propagarse, de donde sea que sea emitida, como una reverberación pacífica en medio de la lluvia y sobre todo el pueblo. No me importa si nadie más en el pueblo puede oírla, o si soy víctima de alguna alucinación atrayente. ¿Quizás sea mi amigo, David, llamándome desde las profundidades? ¿Quién o qué está cantando esa cantinela de crótalos y campanas silenciosas? 

Voy a averiguarlo, contra mi voluntad, con los vellos de mis brazos erizados, y a pesar de que no sé por qué. No me importa perderme, hacia allá voy, David. Tomaré mi impermeable y mi bicicleta, y lo haré sin decírselo a nadie. Si ellos no pudieron esclarecer tu extravío ni se esforzaron en hallarte, lo haré yo. 

Es la conjunción del sosiego y el terror, del deseo y el temor. No puedo más. Espero que nunca encuentren este papel escrito con tinta azul. Son las 5 de la tarde. ¡David, David, allá voy! ¡Espérame! ¡Sé que tú haces esos sonidos espectrales y llamas apacible entre los truenos eléctricos, pero no vas a asustarme!

Firma:

Henry Claude

1 de junio, 2018

 

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