cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
LA NOCHE DE LA BESTIA
Terror |
18.04.14
  • 4
  • 2
  • 1860
Sinopsis

Él no creía lo que veía en el cine, hasta que lo vivió sin darse cuenta.

          La noche de verano inundaba las calles. Los letreros de neón, las luces de las vidrieras, las veredas pulidas, hacían parecer todo reluciente, colorido como imágenes de dibujos animados.

          En la entrada de un cine se lucían carteles nuevos. Aparecía la imagen de un gran tubo de ensayos colmado de líquido rojizo. Un hombre asomaba la mitad del rostro por detrás. La otra mitad, deforme, repulsiva, odiosa, atisbaba a través de la solución burbujeante. Debajo se leía en grandes caracteres verdosos: "El Elixir del Hombe y la Bestia".

          Las puertas batientes se abrieron. Una corriente rumorosa de gente se volcó hacia la calle. Entre todos iban dos personas, al parecer un matrimonio, correctísimo y respetable. Abandonaron la sala hacia la acera y circularon apaciblemente. Los dos caminaban criticando con desprecio la película. En especial el hombre, refiriéndose a la historia como --Una imposibilidad total --y también --Una retorcida y obcena fantasía, como todas las fantasías.

          Se desplazaron con tranquilidad frente a los escaparates. El señor se alisó con pulcritud el traje impecable.

          De ese modo se aproximaron hasta donde estaba estacionado su automóvil. El caballero lo abrió, sin dejar de desmerecer en todos los aspectos al filme, en el que decía haber malgastado con estupidez el importe de las entradas.

          --Es inconcebible --comentó, moviendo las manos con vaguedad--, deberían prohibir estas funciones donde se exhiben nada más que locuras. Vaya uno a saber qué películas traerán en los próximos tiempos.

          La pareja se acomodó dentro del vehículo y permaneció quieta varios minutos, conversando en voz baja.

          Continuaban siempre con sus expresiones negativas hacia la reciente exhibición fílmica.

          A un palmo de ellos la ciudad se movía en la medianoche estival. Se percibía un rumor de fondo de automotores. Voces y risas poblaban el aire festivo de las esquinas.

          El pulcro ciudadano tendió la mirada a lo largo de los edificios.

          --El hombre... la bestia --murmuró meneando la cabeza con pesar--, ¿cómo puede ser creíble? Que un personaje se empine el codo con un brebaje repugnante y después se transforme en un monstruo asesino... en fin, mejor vámonos de una buena vez a casa.

          Habiendo dicho ésto, tomó el volante y accionó el encendido... esa operación constituyó un particular instante de suspenso. Desde el recóndito, denso y tenebroso vientre del automóvil, emanó una pesada y extraña mezcla de electrones. Una determinada solución se partículas sub-atómicas. Podría también decirse una desconocida y nefasta asociación ondulatoria. Algo así como una coriente mensajera de cromosomas cuánticos.

          Este terrible fluído ascendió por los mandos de la máquina y penetró insensiblemente a través de las manos del conductor. En un instante invadió todo su organismo, fusionándose con los propios cromosomas humanos.

          Fue un proceso más o menos fácil, porque este individuo, con toda su estrecha disciplina y obsesivo racionalismo, como algo incongruente, estaba peculiarmente desprotegido. Sin defensas ante la propagación de esta prodigiosa aberración electromagnética.

          El monstruoso genoma cuanto-fotónico hizo tabla rasa en todas y cada una de las células del estricto y ordenado personaje. Éste lanzó un grito, en un precipitado pedido de auxilio. Se estremeció con violencia. Miró con ojos inyectados, jadeante, abriendo la boca con desmesura. Se mantuvo agarrado a la dirección y, mientras la esposa lo miraba desorbitada, se verificó un cambio. Su cuerpo y cabeza se hincharon... se amorataron. Pareció que sus facciones se disolvían como cera fundida, produciéndose una horrorosa metamorfosis, dando lugar a un rostro bestial, repulsivo, deforme, al que le salía espuma por la boca.

          El auto, exigido con brutalidad, arrancó lanzando trozos de asfalto y desprendiendo piezas de vehículos vecinos. Aquello que había sido un hombre rugió en el volante.

          A toda velocidad, en tanto la esposa destajaba el aire nocturno con alaridos de pavura, llegaron a la esquina. En una terrible frenada efectuaron un trompo, rompiendo faroles y arrancando paragolpes de otros automóviles. El ser monstruoso aullaba, barbotaba y rugía: --¡¡ RETARDADOS, GUSANOS, BOSTA PODRIDA... HIJOS DE UNA CARROÑA!! ¡¡CORNUDOS MISERABLES !! --Una espuma sanguinolenta le colgaba de las fauces asquerosas, mientras, con una mano convertida en garra temible, gesticulaba violentísimo fuera de la ventanilla, tratando de degollar a su paso a transeúntes y otros conductores.

           Llegaron a un cruce y atropellaron a un niño. Fue lanzado contra una vidriera, que atravesó con estrépito para estrellarse en los fondos del comercio. Dos cuadras más y destrozaron un puesto de golosinas junto con su dueño. Luego embistieron un inspector de tránsito y enseguida estrellaron un motonetista contra un camión. De rebote fue arrollada una joven ciclista.

           El conductor, un engendro de los infiernos, apretó feroz la rueda del volante. Lanzando atroces risotadas, rebalsando epuma rojiza por la boca con forma de orificio infecto, arremetió a más de cién kilómetros por hora en las calles céntricas. Fue una gigantesca guadaña. Un aliento de dragón. La trágica maldición de un aborto del averno. Avanzó errático dejando un indecible reguero de personas heridas y muertas.

           La zona quedó convertida en una confusión de bocinazos, sirenas de ambulancias y móviles policiales, gente corriendo y gritos que se elevaban clamando en el aire de la noche.

           En un barrio del centro, un auto dobló con violencia una esquina y derrapó contra una vereda. Aceleró y frenó de golpe. Arrancó de nuevo y, virando como carrito de montaña rusa embocó por milagro en el portón de una cochera. Otra terrible y estridente frenada resonó en el interior, junto con los gritos de una mujer aterrorizada.

           Dentro del vehículo, el ente aborrecible soltó las zarpas de la manija por casualidad. La corriente de oscuros electrones cuanta-nucleicos fue interrumpida.

           El ser anómalo se asió con fuerza el deforme rostro, o lo que fuera. Se produjo una contracción, una disolución de facciones, como un hectoplasma que reverberaba, pugnando tembloroso por volver a conformar... la cara del pulcro y puritano señor, que en un principio criticaba con insistencia el cine de ciencia-ficción y fantasía.

           --¡ Oh... ya llegamos ! --exclamó el caballero, azorado--. Veo que me distraje un poco... ¿Estás bien, querida?

           Miró a su esposa, llorosa, lívida y eructando bilis.

           --¡ Pero mujer, estás descompuesta !  ¡ Cómo no me avisaste ! Vamos, vamos a casa. ¡ Rápido !

           Cerraron el automóvil y salieron a la vereda, presurosos.

           Una unidad policial chirrió los frenos casi al lado del matrimonio, que se disponía a ingresar a un edificio de departamentos.

           --¡¡ Caballero, señora !!  ¡ Ustedes tal vez lo vieron ! --bramó uno de los oficiales, desesperado--. ¡ Un loco en un automóvil !  ¡ Un asesino... un carnicero !  ¡ Mató a varias personas !  ¡ Deben haberlo visto...!

           El correcto personaje miró asombrado al policía, en tanto sostenía a su mujer por el brazo.

           --¡ Pero oficiales ! ¿De qué me hablan...? No hemos visto a nadie. Y vean, yo no me junto con esa gente... Ahora perdonen, pero mi señora se encuentra indispuesta--. Accionó con presteza la llave de entrada y los dos traspusieron el vestíbulo hacia los ascensores.

           Los patrulleros siguieron su camino, errando por las calles de la madrugada, tratando de hallar alguna pista del demente criminal, atravesando sin resultado el indescifrable laberinto de la urbe. Fue una trágica y negra noche para aquella ciudad de la costa atlántica.

           Fue... la noche de la bestia.

                                             .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  . 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • ¡gracias por tu comentario, viejo ! perdón por tardar en mi contestación, y espero que no me pase a mí lo del protagonista del cuento. Te sugiero leer "Elefantes Lejanos", que sería el caso opuesto... Chau... un abrazo desde Argentina...
    De la corrección absoluta, autoimpuesta, aparece la represión de sentimientos y aptitudes. El ser humano es bestia del mismo modo que hay animales humanizados. Al igual que una explosión irrefrenable de impulsos salen a la superficie de forma irracional y nos hacen comportarnos de forma deleznable, sin ese tipo de impulsos nos deshumanizamos y nos convertimos en autómatas sin alma, perdemos la esencia de todo lo que significa ser humano. Una correctisima adaptación del relato de Jeckill y Hide sobre la dimensión humana, que engloba lo que nos parece correcto y lo que rehuimos de nosotros mismos, apartándonos esta repulsión dicho sea de paso de nuestra verdadera faceta humana.
  • Cuento dirigido a una categoría de personas que son el reflejo de cierto día...

    Esta historia de horror creo que no fue escrita por nadie. Me fue contada cuando yo tenía 10 años, junto a otros niños de edad parecida, narrada por una niña un poco menor que yo.

    Yo, que abro los ojos en la oscuridad, y alguien a los pies de la cama, contemplándome...

    Crónica de una excursión por la llanura valaca de Rumania ¿ y quién sabía dónde llegarían...?

    Conocer la luz, pero la luz cotidiana, de todos los días, porque nunca en la vida pudiste usar los ojos, ¿quién puede explicarlo ?

    ¿ Quienes son esos enigmáticos personajes que deambulan por allí, por las calles de la gran ciudad...?

    Las extrañas derivaciones de una simple pérdida de cabello.

    Historia de vidas legendarias... y misteriosos asesinatos...

    Ella era una violinista prodigiosa, y sabía complacer a sus discípulos adolescentes, y guardaba algo bajo los muros de la casona.

    Después de tanto tiempo, Bahía Blanca lo esperaba, aunque ya no era la misma...

nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta