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26 min
La Oscuridad de los Eones
Fantasía |
20.05.07
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Sinopsis

Capítulo 1. La Cazadora
PRIMERA PARTE


Lluvia, siempre llueve en esta época del año, después del verano, llegan para dar vida a los suelos inertes. Miro por la ventana y las gotas no cesan de caer, una, dos, tres, así sucesivamente, una detrás de otra al compás de una melodía que se va acelerando, más rápido, más rápido, con más intensidad ¿por qué será que cuando llueve me deprimo tanto?, estos días me resultan muy tristes, son tan, grises…, o es que mi vida es tan inanimada que siento que todo es aburrido y nunca pasa nada. Hoy ha sido un día normal, en una ciudad normal, con toda su gente normal, normal, normal y normal, siempre normal, ¿es qué nunca pasa nada? Vale, vale, si, se que sabes que miento, lo más emocionante que me ha pasado hoy ha sido el intento de saltar un charco, casi aterrizo de boca, pues mi estúpido tacón se ha quedado enganchado en la única raíz que había en todo un cuadrado de cemento. Emocionante ¡eh!
Papá, ¿te imaginas ser una heroína? Cómo Sena, la princesa guerrera. Sería estupendo, no aun mejor, volar como Superman, o colgarse de las farolas y los techos como Spiderman, luchar contra las fuerzas del mal, salvar vidas, el mundo... Si, ya lo sé, ahora mismo estás diciendo, ¡esta hija mía pero en que estará pensando, tiene la cabeza llena de pájaros! Pues que sepas que de todo esto tú tienes la culpa, siempre aparecías con alguna película de Fantasía, me crié con ellas, así que ahora no preguntes. Resulta bastante gracioso ¿eh? Con lo cagueta que soy yo, seguro que veo un monstruo y salgo pitando. Pero quizás algún día pueda vivir un sueño, ¿te imaginas?, no claro que no lo imaginas, quizás en otra vida. En fin, me tengo que ir, son las 20 horas ¡las ocho ya! Te tengo que dejar, no te enfades, pero ahora hay una persona en mi vida, ya te he hablado de él. ¡Voy a llegar tarde a mi cita! Besos papa, que descanses.

TQM.

Feliz Cumpleaños Sonja.

27 de septiembre de 2001


Sonia cerro su diario lentamente. Se lo había regalado su padre el día de su trece cumpleaños cuando no pudo asistir, como en tantas otras ocasiones, por sus viajes de negocio. Acarició la tapa de terciopelo morado y recordó sus palabras.
“Escribe siempre en este diario cuando te sientas triste, relata todas tus penas en él y ciérralo cuando termines, así quedarán atrapadas entre sus páginas y no podrán hacerse reales- Sonia sonrió a su padre y le abrazo fuerte -no lo olvides, el siempre te protegerá y cuando escribas en él tus alegrías, recuerda que yo siempre estaré contigo, esté donde esté”.
Que fácil era decirlo y que difícil era cumplir las promesas que una y otra vez rompía su padre. Cuando le regaló el diario escribía cinco o seis veces al mes para relatar las cosas que le ocurrían, siempre como si hablara con él, eso le hacía sentir que estaba más cerca, ahora con 25 años seguía escribiendo para él, pensaba que era una niñería pero se había acostumbrado a ello.

Al cumplir los dieciséis años el sonido del teléfono la hizo temblar, acerco su mano hacia el aparato y lo descolgó, querían hablar con la señora Amish. El auricular se le resbaló de las manos y golpeó el suelo con un ruido ensordecedor, la garganta de Sonia no pudo articular sonido alguno, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Su madre se acerco alegremente tras colocar el gran pastel que le había preparado en la mesa, pero su sonrisa se desvaneció cuando contemplo los ojos cristalinos de su hija, un azul transparente por las lágrimas, se arrodillo ante ella y cogió el teléfono que yacía en el suelo.
-¿Oiga? ¿Hay alguien ahí? Niña, ¿estás ahí?, ¿puedes llamar a tu madre?- Ángela se acercó el auricular a su oído.
-Disculpe, ¿con quién quería hablar?
-Pregunto por la señor Amish, ¿es usted?
-Si, ¿qué desea?
-Le llamo desde el Jackson Memorial Hospital de Miami, su marido ha sufrido un accidente de avión- el silencio se hizo tras el auricular -disculpe ¿está usted ahí? ¿Señora Amish?
-Si, mi marido..., mi marido ¿está bien?
-Siento comunicarle que su marido ha fallecido.
Las palabras retumbaron en la cabeza de Ángela, no podía ser, él no. La mano le empezó a temblar, colgó el teléfono con un movimiento mecánico y abrazó a su hija acurrucándola entre sus piernas, comenzó a balancearse de un lado a otro acariciándole el cabello rubio.
-Seee, tranquila, no te preocupes todo ira bien, no te preocupes yo estoy contigo-. Los ojos de Sonia relucieron como el fuego, su rostro se giró para poder mirar el de su madre.
-No, no irá bien, el ya no estará, el nunca volverá, no quiero que el muera, no quiero que muera, el volverá ¿verdad mama? ¿Verdad?- Ángela cerro los ojos con fuerza y los abrió para mirar a su hija, el rostro de Sonia estaba desencajado de dolor, las lágrimas habían dibujado una línea por sus mejillas en su carrera hacia la barbilla
-Seee, tranquila cielo- el labio inferior de Sonia se curvo en una mueca de dolor y cogió el rostro de su madre entre sus manos.
-No, no quiero tranquilizarme, no quiero que el se valla, haz que vuelva mama, por favor, haz que vuelva con nosotras- los ojos azules de la niña centellearon.
-No puedo cariño- susurro su madre, Sonia se zafó del abrazo de su madre y se levanto dando un salto, la miró con el rostro desencajado.
-Te odio.
Salió corriendo escaleras arriba hacia su cuarto, Ángela se llevo una mano a la boca y con la otra se abrazó las piernas, su cuerpo temblada por efecto de las convulsiones que el llanto la provocaba.
La puerta se abrió de golpe y la silueta de Sonia se reflejo en el suelo, encendió la luz y contemplo el cuarto, observó el escritorio de color haya, sobre este se encontraba el ordenador y la impresora, una torre de cds en forma de conejo estaba junto a los altavoces, a la izquierda había un mueble con baldas lleno de cosas, libros, figuritas, joyeros y botes, a la derecha del escritorio había un mueble de cajones con fotos en la parte superior. La ventana de la habitación daba al norte, provocando que en invierno el dormitorio fuera muy frío, no tenía cortinas sino un estor levantado hasta la mitad. El mueble de la televisión tenía ruedas con lo que podía moverse por toda la estancia. La cama era grande, hacía pocos días que se la habían comprado. Se acercó lentamente a la mesa, abrió el cajón y miró fijamente el diario, una lágrima resbaló por su mejilla cayendo sobre el terciopelo de la solapa dejando una marca oscura, levanto la vista clavándola en la ventana, observó el árbol con detenimiento, le pareció ver algo pero sus ojos borrosos no divisaban nada más que oscuridad, la misma que había dejado su padre. Se abalanzó sobre la cama y lloró, por extraño que pareciese sintió que era un pedacito de su padre, e había muerto en una accidente de aéreo y ella no podía cambiar esa realidad, siguió llorando hasta que las lágrimas se le secaron abrazada al cuaderno, aquel día algo se le rompió por dentro y dejo de escribir en las hojas de color malva hasta cumplir veintidós años.

Los dedos de Sonia acariciaron la cubierta de terciopelo con el dibujo de un unicornio en la portada, le encantaban esos seres mitológico, levantó la vista hacia la ventana y miró el sauce llorón que residía en el jardín, recordó que aquella noche le pareció ver una sombra entre sus ramas, había tenido esa sensación durante mucho tiempo, como si alguien la observara desde allí, pero nunca había conseguido confirmarlo, volvió la atención hacia el diario cerrando el candado con cuidado, lo depositó en el primer cajón de su mesa de ordenador, suspiró y miró por la venta, parecía que la lluvia había cesado en su intento de mojarlo todo. Tenía veinticinco años y sentía el recuerdo de la muerte de su padre como si hubiera sido ayer, cruzó los brazos sobre su regazo y giro en redondo para divisar a Tenchu, el perro alzó la cabeza cuando sintió el roce de las ruedas de la silla contra el suelo, miró con sus ojos penetrantes el rostro de su ama y giró la cabeza hacia un lado con carita de cachorro.
-Bueno gordo creo que ya es hora de que me arregle para mi cena- el animal bajo la cabeza y la colocó entre sus patas soltando un soplido -no refunfuñes tan sólo pido tu opinión una vez al mes- una sonrisa se dibujó en su cara y el perro se lamió la punta de la nariz.
Se levantó de la silla y se dirigió a su armario, abrió una de las puertas y cogió un pantalón blanco con un dragón bordado en la pierna derecha, abrió uno de los cajones y sacó una camiseta de tirantes blanca y otra negra, abrió el cajón de más abajo y cogió un jersey marrón de cuello vuelto, se dirigió al baño pasando por encima de Tenchu. El perro se estiró todo lo largo que era y levantó la cabeza hacia donde se dirigía su ama y luego volvió a apoyarla en el suelo como si le pesara. Tenchu era un Presa Canario de color negro, tenia dos años y medio de edad, Sergio se lo había regalado cuando cumplió los veintidós años, llevaban dos años saliendo y él decidió hacerle un regalo especial, sabía que ella adoraba a los perros y apareció en casa con un cachorro de dos meses con un lazo rojo en el cuello.
La puerta del baño se abrió y Sonia entro en el cuarto, el perro no se movió de su posición y la joven apoyó sus brazos sobre las caderas mirando fijamente al animal con el ceño fruncido, el perro miró de reojo a su dueña y siguió sin moverse.
-Bueno que, ¿no me vas a mirar?- esperó unos minutos pero el perro no se inmutó -¡Um! Que rico lo que tengo aquí, que bueno está- Tenchu levantó medio cuerpo para mirar a su dueña -¡ja!, te pillé, serás tonto, es que siempre caes- la sonrisa de Sonia iluminó su rostro y el perro se levanto soltando un ladrido -vale, está bien, toma- extendió la mano y la abrió frente a la boca del animal, en la palma tenía una galleta, Tenchu la cogió suavemente con los morros y se la comió casi sin saborearla -en fin ¿qué opinas?- el can observó la situación y se sentó sobre sus patas traseras, alzó los ojos y emitió un gruñido -bien gracias sabía que estaba perfecta, siempre gruñes cuando me pongo algo que me queda bien-. Sonrió al animal y le acarició la cabezota con suavidad.
El timbre de la casa resonó en toda la estancia y Tenchu empezó a ladrar como un loco mientras bajaba las escaleras corriendo seguido de Sonia.
-Mama, me voy a cenar, volveré tarde. ¡Tenchu! ¿Quieres parar de ladrar?- El animal se sentó frente a la puerta y comenzó a rascarse el cuello, ella lo miro con ternura -lo siento pero hoy no puedes venir- le dio un beso en la frente y salió por la puerta.

El restaurante estaba lleno de gente, los sábados por la noche solían tener bastantes reservas, las mesas circulares estaban situadas en el centro de la estancia y a lo largo de las paredes había otras cuadradas separadas entre sí para los reservados. La barra situada al fondo de la sala se extendía casi de una esquina a otra, decorada con matices dorados y dos vidrieras de cristal que cubrían la pared. Unas escaleras situadas a la derecha daban paso al piso superior en el cual la iluminación era más tenue para las cenas románticas. La puerta de la entrada se abrió y dejó pasar una brisa de aire fresco hacia el interior, Sonia avanzó por la especie de hall hasta el recepcionista, la entrada al restaurante estaba decorada con una fuente empotrada en el lado izquierdo rodeada de enredaderas de colores brillantes, el agua brotaba por la boca del delfín hacia abajo desembocando en un estanque situado en la planta baja lleno de peces de colores.
-Buenas noches señorita Sonia- el recepcionista observó a la pareja.
-Hola Carlos ¿cómo estás?
-Bien gracias señorita, su mesa está preparada, si tienen la amabilidad de seguirme.
Carlos cogió dos menús del mueble colocado en la entrada para el libro de reservas y avanzó por la estancia hacia la parte superior, dejó las cartas en una mesa situada en una esquina y ofreció la silla a Sonia, esta se sentó seguida de Sergio. La iluminación era tenue procurando un ambiente intimo al entorno, las mesas estaban coronadas por una vela dentro de una figura en forma de pirámide azul, separadas entre sí por unos biombos de tela con dibujos de árboles otoñales.
Tras degustar una exquisita cena Sergio decidió darle el regalo de cumpleaños, rebuscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó una cajita de terciopelo negro colocándola frente a Sonia, los ojos de ella centellearon al ver el recipiente, miró a su novio fijamente y una sonrisa se dibujó en sus labios. Deslizó la mano sobre el mantel para coger el regalo, lo apoyó en la palma de la mano y lo abrió con cuidado. El brillante relució cuando la luz penetro en la oscuridad que lo envolvía, situado sobre un aro fino de oro blanco y apresado por unas manos de dedos largos.
-¿Te quieres casar conmigo?- Los ojos azules de Sonia se deslizaron del anillo a Sergio, observó la nariz fina y las cejas espesas sobre el rostro delgado, sus ojos verdes brillaban de emoción tras pronunciar la pregunta. Los labios de ella dibujaron una sonrisa y cogió la mano de él entre la suya.
-Si- dijo en un susurro y se inclinó para besar sus labios.
Desde la escalera alguien observaba a la pareja con intriga, comenzó a subir los escalones lentamente y se dirigió hacia ellos.
-¿Bueno que tenemos aquí? A la pareja más estupenda que yo tenga el placer de conocer- Sonia se separó de los labios de su novio y miró con recelo el rostro que les observaba con una sonrisa.
Bebes tenía el pelo largo de color azabache, sus ojos verdes eran un poco rasgados, recordando a la forma de un felino, tenía la nariz fina y el labio superior era más delgado que el inferior, vestía un jersey negro de cuello vuelto y una falda a juego que se le ajustaba perfectamente a las caderas. Depositó todo su peso sobre un pie y apoyo el brazo sobre su cintura mientras escrutaba la cara de su amiga.
-Que, ¿no tienes nada que enseñarme?- Dijo sonriendo.
-¡Nieves se lo acabo de dar!- Dijo Sergio un poco enfadado.
-Lo siento, pero…, es que no podía aguantarme más, que emoción- le guiñó un ojo y volvió a girar el rostro hacia su amiga.
-¿Tú sabías esto?
-Claro querida yo siempre lo sé todo-. Sonia soltó una carcajada junto con Bebes y extendió su mano para que ella pudiera observar el anillo.
Se habían conocido cuando cursaban octavo de EGB y desde entonces habían sido amigas inseparables, Nieves era la dueña del restaurante en el que estaban cenando y por sus trabajos no se veían todo lo que querían, pero siempre intentaban encontrar un hueco en sus quehaceres para poder tomar un café y contarse sus penas y alegrías. Su amiga contempló el anillo feliz de que por fin hubiera encontrado alguien que la quería. Sonia no había mostrado mucho interés por ningún chico desde aquel día, había tenido sus rolletes pero nada serio hasta que conoció a Sergio, realmente él había sabido llegar a su corazón, Nieves sabía que él estaba mucho más enamorado de ella que Sonia de él, pero no era impedimento para su relación, de hecho había conseguido que ella dijera que si, así que quizás era verdad que su amiga estaba preparada para dar el siguiente paso. En muchas ocasiones le preguntó a que estaba esperando para empezar una relación más seria con algún chico, a lo que Sonia contestaba, “aun no he encontrado el hombre que me haga respirar aceleradamente con que me roce, que mi pulso se dispare con una mirada suya, que lo único que desee es estar en sus brazos y besarle sin parar”. Sonia creyó sentirlo una vez cuando tenía diecisiete años y a raíz de aquello levantó un muro. ¿Será Sergio aquel príncipe que su amiga le describía en sus noches de adolescencia? Bueno y si no lo era, de momento se parecía mucho. Se acercó para besar a su amiga en la mejilla.
-Enhorabuena cariño- le dijo al oído.

-GasPlay buenos días.
-¿Podría hablar con Sonia?
-¿De parte de quien?
-Soy Kike de la imprenta, es referente a un trabajo que nos encargó.
-Hola Kike soy Jessica, Sonia no puede ponerse en este momento ha ido a llevar a su madre al aeropuerto.
-¿Podrías dejarle un mensaje?- Cris anotó en el block de notas el recado y colgó el teléfono.
Arrancó la hoja y se acercó al escritorio de su jefa, cortó un poco de celo y pegó la nota a la pantalla del ordenador volvió a su puesto y se sentó para seguir perfilando el trabajo que estaba realizando mientras escucha una canción de Red Hot Chile Peppers en la radio.
Hacía cuatro años que Sonia decidió montar una empresa de diseño gráfico juntó a tres amigos y adentrarse en el mundo empresarial. Poco a poco fueron haciéndose un hueco en el orbe del diseño que les proporcionó dinero para poder salir adelante, la empresa no era muy grande ni las ganancias muy excesivas pero al menos podían cubrir los gastos y cobrar a final de mes. En un cuarto de cincuenta metros cuadrados tenían cuatro mesas de dos metros de largo cada una, estaban colocadas formando un rectángulo, Jessica y Daniel trabajaban con G4, Sonia prefería su iMac, todo en uno, y Carla tenía un portátil. Disponían de una impresora que imitaba el offset y otra de cartucho de tinta para poder imprimir en A3. A la derecha había una estantería que cubría toda la pared repleta de trabajos y documentación. Al fondo de la habitación estaba la cocina pequeñita con una mesa para tomar café y comer. La oficina no era gran cosa pero al menos tenía luz natural ya que disponía de tres ventanales que daban a un patio interior.
Eran las doce de la mañana cuando Sonia regresó a la oficina, desde hacía varios meses Ángela tenía en mente tomarse unas vacaciones e ir a visitar a los familiares que tenía en el extranjero, trabajaba en un banco y le habían prejubilado hacía dos años así que empezó a barajar la posibilidad de irse un año o dos de viaje y así visitar a sus parientes y amigos. Le planteó la idea a su hija una noche cenando y ella consideró que estaría genial que se divirtiera un poco, desde que su padre había muerto su madre no había vuelto a ser la misma, no conseguía conciliar el sueño y cuando lo hacía se despertaba a causa de las pesadillas.
-Hola a todos, perdonar la tardanza pero es que este aeropuerto es un caos. ¿Algo interesante que contar?
-Si, nos ha llamado un cliente ofreciéndonos seis mil euros si le hacemos un trabajillo de nada- Cris arrugó la nariz mientras sonreía.
-Claro en tus sueños- las dos soltaron una carcajada -no, enserio ¿alguna llamada?
-Te ha llamado Kike, te he dejado el mensaje en el ordenado.
-Gracias.
Se dirigió a su sitio y dejó el bolso sobre la mesa, se quitó la cazadora y leyó el mensaje. “Kike de la imprenta ha llamado, dice que te pongas en contacto con él para hablar del trabajo que le encargaste. ¿Qué tal esta mañana futura señora de Fele? Saludetes”. Sonia sonrió ante la pregunta, ¿sería posible que estuvieran enterados todos menos ella? Menudo complot. Sacó treinta céntimos para prepararse un café y después llamar a la imprenta.
-Hola ¿podría hablar con Kike?
-¿Sí?
-Hola Kike soy Sonia, creo que me has llamado.
-Si, es para decirte que el trabajo que necesitas para mañana puedes venir a recogerlo esta noche, hemos tenido un pequeño problemilla y la producción se ha retrasado un poco, pero nos quedaremos hasta que lo terminemos, calculo que sobre las once estará listo.
-¿Las once? Bueno está bien nos vemos esta noche, bye.
Colgó el teléfono y le dio un sorbo al café, genial precisamente hoy que tenía planes, en fin todo sea por el beneficio, llamaría a Sergio para decirle que no podía ir a cenar con sus amigos así que mejor que se fuera él y mañana se verían. Daniel le preguntó si quería que le acompañara a la imprenta pero Sonia rehusó y le dijo que llevaría a Tenchu consigo.

El callejón estaba oscuro, los rayos de la luna apenas iluminaban el lugar rodeado de edificios altos. La puerta de la imprenta se cerro provocanto un eco en la calle Sonia avanzó por el pavimento seguida de Tenchu, el aire era fresco esa noche y se abrazó a si misma para calentarse un poco, el perro se paró y levantó una oreja para poder escuchar mejor, un gruñido leve salió de su garganta. El sonido de unos pasos acelerados rasgó el silencio de la noche, su mirada se desvió hacia una entrada estrecha situada a su derecha, estaba oscura y no podía ver lo que se acercaba, pero el ruido provenía de ahí y se hacía más intenso a la vez que se acercaba, se quedó paralizada mirando la abertura y antes de poder reaccionar una silueta se abalanzó sobre ella agarrándose con ambas manos a su cazadora. Los mechones de pelo castaño claro le cubrían el rostro, alzó la cabeza y clavó sus ojos azules en los de Sonia, su boca se torció en una mueca, entreabrió los labios para hablar pero las palabras se le atascaron en la garganta al sentir otra punzada de dolor, los dedos que se aferraban a la cazadora comenzaron a aflojarse y se desplomó a sus pies. Sonia se quedó petrificada, incapaz de moverse mientras su cabeza asimilaba la situación, la expresión de su rostro era de asombro, el canutillo con el trabajo que había ido a recoger se le deslizó de la mano y cayó junto a las patas de Tenchu con un sonido hueco, el perro se movió y se acerco a las piernas de su dueña mientras observaba la situación con recelo.
Se arrodillo y cogió la cabeza de la extraña con cuidado apoyándola en sus piernas, con la mano derecha apartó los mechones de la cara para poder ver el rostro de la joven. Tenía los ojos cerrados y estaba pálida como la luna.
-¿Te encuentras bien?- no hubo respuesta -¿qué te ocurre?
Los ojos de ella se abrieron como platos, alzó la mano para agarrar de nuevo la chaqueta y miró fijamente a Sonia.
-Necesito tu ayuda- su voz era casi un susurro, tragó saliva y cerro los ojos mientras lo hacía, respiraba con dificultad y el mero echo de decir algo le costaba horrores.
-Claro ¿qué necesitas? ¿Llamo a una ambulancia? ¿Qué te ha sucedido?- desvió la mano hacia su bolso para coger el móvil pero ella se lo impidió. Se levantó a medias como pudo y se colocó de rodillas frente a ella.
-No, escúchame atentamente, tú- su voz se quebró, respiró hondo y siguió hablando- tú serás la elegida, el poder que te doy has de usarlo para bien- Sonia frunció el entrecejo. Volvió a intentar coger el móvil pero ella se lo impidió.
Las manos de la chica se cerraron sobre su rostro y lo hicieron girar para que pudiera mirarle directamente.
-Escucha- su voz parecía de ultratumba -necesito que me escuches- los ojos de la joven brillaron como el fuego, bajó la cabeza para jadear y la volvió a subir enseguida, su respiración se agitó mientras hablaba -mi vida espira y no tengo mucho tiempo antes de que llegue, soy Kira y soy la Cazadora, mi momento ha pasado y he de dejar una sucesora, mi conocimiento y mi fuerza perdurarán en ti y sólo así habrá esperanza-.
Pero ¿qué le pasaba a esta mujer, estaba loca?, lo que decía no tenía ningún sentido para ella, fuerza, legado, conocimiento y ¿qué córcholis era una Cazadora? Sería posible, si es que sólo a ella le ocurrían estas cosas, aquí estaba en medio de la calle, para colmo empezaba a chispear y encima tenía entre su regazo a una loca moribunda.
Intentó levantarse pero la muchacha la sujetó con fuerza apoyando su mano derecha sobre la frente de Sonia.
-Que mi gracia entre en ti y encuentre su camino a la luz- su voz se volvió apenas audible mientras pronunciaba unas palabras incomprensibles.
De la mano de ella comenzó a brotar una luz que iluminó todo el callejón, Tenchu emitió un gemido, el cuerpo de Sonia comenzó a temblar y un sudor frío le resbaló por la frente, ante sus ojos se proyectaron imágenes a gran velocidad colmillos afilados, rostros deformados, gente riendo y llorando, bestias inimaginables, momentos íntimos... Un cúmulo de sensaciones invadió su cuerpo, tristeza, ternura, pasión, amor, miedo, ¿qué la sucedía?, ¿qué demonios le estaba haciendo?, ¿qué era todo eso que veía y sentía? Cuando creía que no iba a poder resistirlo más la mano de Kira se apartó de su frente y su cuerpo se desplomó sobre el de Sonia, ella se levantó con dificultad dejando que la muchacha se golpeara contra el suelo, sintió nauseas por el dolor de cabeza, intentó controlarlo cerrando los ojos, el martilleo comenzó a remitir, su cuerpo se relajó, abrió los ojos para mirar a Kira, se acercó levantando su cuerpo, lo giró apoyándolo en su pecho, tenía la mirada perdida y el color azul de sus ojos se había vuelto opaco.
-Vete, has de darte prisa, no tardará en llegar.
-¿Quién?- un escalofrío le recorrió el cuerpo mientras escuchaba las palabras que brotaban de su boca.
-¡Haz lo que te digo! Corre- su tono comenzó a elevarse -corre y no mires atrás, si el te encuentra esto no habrá servido de nada-. Sonia comenzó a levantarse dejándola sobre el suelo, recogió el canutillo y miró el cuerpo inerte que yacía sobre el asfalto.
-¿Kira?- su voz era un susurro, ella no se movió -¿estás bien?- Su respiración dejo de oírse y su cuerpo quedo inmóvil, se quedó contemplándola, abrió el bolso y cogió el móvil, marcó el número de emergencias.
-¿Emergencias en que puedo ayudarle?
-Necesito una ambulancia en la calle Yunque número cuatro- escuchó una especie de gruñido que le heló la sangre, apartó el teléfono de su oído.
-Señorita ¿está ahí? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Señorita?-. Miró a Kira, ella abrió los ojos.
-¡Corre!
El gruñido volvió a abrirse paso, comenzó a correr todo lo que sus piernas le permitieron en dirección a su coche, sacó las llaves del bolso y abrió la puerta, azuzó a Tenchu para que entrara rápidamente e introdujo la llave en el contacto, metió primera y pisó a fondo el acelerador, quería salir de allí lo antes posible, en su cuerpo aún sentía un montón de sensaciones que no llegaba a comprender. Encendió un cigarrillo y una lágrima se deslizó por su mejilla, avanzó por la carretera a gran velocidad mientras sentía como su corazón se llenaba de tristeza.

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