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6 min
LA PALA DE PUNTA
Terror |
25.02.14
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Sinopsis

Todo se combinaba, la enfermedad. la compañía azucarera británica, el funeral... y la pala de punta.

        No sé cómo llegué al cementerio. Sé muy bien no haber venido siguiendo la carroza de la funeraria. A mi frente y a cierta distancia, puedo ver dos fosas recién abiertas, con los ataúdes preparados. Entre palmas y coronas, ambas cajas ostentan distintivos de la British Sugar Company, donde trabajo. Los deudos rodean el lugar, junto con algunos personajes de la compañía. El sacerdote ultíma su responso.

        Me acerco, desplazándome entre las personas, en este encapotado día de julio de fines de siglo. Nadie se fija en mí. Yo soy el deudo mayor, de pie a dos metros del ataúd de Griselda, mi amada esposa Griselda.

        Todos se encuentran contraídos, casi tiritando, en este día gélido, plomizo. Pero yo estoy congestionado, ardiente bajo la triste y mezquina resolana del cielo nublado, casi crepuscular, sollozante de fina llovizna. Si saliera el sol no lo podría soportar. Supongo debo estar afiebrado por la enfermedad. La misma extraña dolencia padecida por ella, Griselda. Pero ella no pudo sobrevivir.

        Creo estar parado entre los demás, cerca de la zanja, pero no puedo sentir las piernas. Tampoco siento las manos. Debo bajar la vista y mirar para saber que están ahí; aún así, puedo notar las gotitas heladas de la llovizna en la cara, como único alivio.

        Más allá, junto al otro féretro, aguarda erguido uno de mis cuñados. El "Flaco" Valentín permanece ceñudo y quieto, enfundado en su oscuro abrigo invernal. Es extraño, no se quitó el ridículo sombrero bombín de su usanza.

        No puedo recordar quién está en el otro cajón. En verdad, ando un poco desmemoriado en este día, tampoco sin poder precisar cómo llegué hasta aquí, quién me trajo.

        Sin embargo, puedo evocar muy bien aquellos momentos felices con Griselda, en la encristalada y luminosa galería de nuestra casa, bajo el escudo y los banderines de la compañía en la pared. Allí practicábamos esos juegos misteriosos, esas ciencias nuevas, "proyección mental" las llamaba ella.

        Consistía esa proyección en situarse, por medio de la imaginación, en algún lugar conocido pero distante, y tratar de concentrarse y describir todos los objetos y detalles posibles. Más tarde se podía pasar, gradualmente, a tratar de visualizar lugares desconocidos.

        ...Aquellos momentos... ¡ Bah !... ya todo quedó atrás... también la risa incrédula del otro hermano de Griselda, el grandote "Granero", carcajeando burlón a través de sus barbas rojizas. No puedo acordarme por qué lo llamamos "Granero".

        Ahora que me fijo, no lo veo al grandote "Granero" en el grupo del entierro. Paseando la mirada al fin lo diviso asomándose por el alto desnivel, a un costado del lugar en donde estamos.

        "Granero" camina lento y desciende por la escalinata del desnivel, vestido con su largo sobretodo negro, pareciendo así más corpulento aún.

        ¿Cómo murió Griselda? ¿Cómo fueron sus últimos momentos? Ya no puedo recordar nada. Sólo me viene a la memoria algo así como aquellas picaduras tumefactas sufridas por los dos en los cuellos, desde donde se irradiaba el escozor, haciéndonos arder los cuerpos en fiebre.

        Mi cuñado barbudo se ubica al lado mío. Ni siquiera me mira. Lo veo mover la boca en un murmullo y... apenas puedo entender...: " ...no pueden seguir expandiéndose... no pueden... no pueden... "

        Pero... ¿qué le pasa a éste?  ¿qué es eso de "expandiéndose"..."? Claro... se está viniendo abajo por toda esta tragedia de Griselda. Yo lo imaginaba un tipo más duro.

        Con movimiento seguro aferra dos palas de entre las herramientas de los sepultureros; se queda con una en las manos y muy pálido mira a Valentín, mientras se ajusta el oscuro sombrero de fieltro.

        Parece que los dos esperan se introduzcan los ataúdes para comenzar a palear la tierra.

        ¡ Es extraño ! Lo veo asir una pala de punta, en lugar de la ancha y playa más apropiada.

        El corpulento "Granero" alza y abate con fuerza tremenda su brazo de gorila.

        Un alarido ensordecedor nos sacude a todos y la sangre a borbotones desborda la raja del ataúd con la pala incrustada. No puedo creer lo que estoy viendo.

        ¡¡ QUÉ HICISTE !!  Quiero gritarle a mi maldito cuñado. ¡¡ ESTABA VIVA !!  ¡¡ Y SI ESTABA VIVA LA MATASTE !! Pero no puedo hablar ni moverme. El "Granero" levanta la otra pala y se la pasa por el aire a su hermano. Los otros deudos huyen despavoridos en sombría estampida.

        ¡¡ QUIERO HACER ALGO !!  ¡¡ QUIERO DETENER ESTE HORROR !!

        Abro los ojos en la oscuridad y me encuentro tendido de espaldas.

        ¡ Una pesadilla !  ¡ Qué alivio !  ¡ Sólo era una pesadilla !  Intento alzar las manos y tropiezo con algo liso y duro encima mío.

        ¿Pesadilla?  ¿Proyección mental?

        Un estruendo me aturde. La pala de punta atraviesa la tapa de mi cajón y me parte el pecho en dos, clavándome a la madera del fondo... algo me oprime los oídos, algo que es mi propio aullido, atragantado con sangre y agonía...

        ...El fuego de la aniquilación me abrasa y al final... sólo veo en un resto de memoria a mi amada Griselda... riendo en la galería de cristales... ya me desintegro... divisando al fondo los coloridos escudos y banderas... de la compañía azucarera británica... y frente a mí... ya apenas atisbo aquel su rostro tan pálido... su cabellera negra... y en su sonrisa de cristal, dura y cruel, se revelan los dientes... los alargados, estrechos, blanquísimos dientes... de quien fuera mi bien amada Griselda...

                                                   .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .          

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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