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4 min
La pared.
Varios |
04.03.19
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Sinopsis

Sobre los refugios que los sueños nos aportan.

            La pared.

 

 

 

Hoy ha sido un día terrible, como cientos que he tenido la desgracia de vivir, pero mucho, mucho peor. Ya de buena mañana las cosas han comenzado a torcerse. Era capaz de verlo ocurrir ante mis ojos. Esto sin duda es una losa de tan enorme proporción que, aun siendo conocedor de la situación, no he podido enmendar. 

 

He de reconocer que tengo serios problemas para asumir mis errores y carencias.  

 

El caso es, que la jornada ha escogido un pecaminoso meandro de lodo, desde el cual, he podido ser testigo de todas las injusticias de este mundo arrítmico, vacío, desnaturalizado y controlado por la nueva forma de vida prevalente: la industrialización de todo lo que nos rodea. Y es, que aquel proceso que pasó ya hace algunas décadas, ha alcanzado todas las capas de la creación. Todo se mide en números, incluso antes de ser creado, y si no compensa, jamás será realizado. Hoy, si no hay un estudio, un referente, una inyección de dinero que respalde a alguien o se tenga ya una reputación, nadie apostará por nada.  

 

Pero todo eso da igual ya que estamos hablando de mí y de mi espantoso día. Al cual de ninguna de las maneras pretendo referirme. Solo apuntar la generalidad será suficiente. Y es, que por mucho que disfrute la gente común de los detalles yo soy capaz de albergar y dar sentido a la esencia de la vida. Por eso y porque al olvidar los detalles, los cuentos se convierten en refranes y verdades, dejando de ser chascarrillos, para convertirse en proverbios y sentencias.

 

Resumiendo…

 

Que sí, que el día, había sido un asco. Pero como todos podemos imaginar, no muy distinto, al que cada uno de nosotros ha arrastrado en algún momento. Es en este punto, donde pretendo aclarar, que esta historia no trata de quién es mejor, si no de cómo lidia con lo que le acontece.

 

Vamos con mi pequeño secreto. Yo ya me he exonerado por como asumo mis actos. Generalmente mal. Pero desde que soy consciente de lo que me rodea siempre he mantenido una llave, una escapatoria, que a la vez es un salvoconducto. 

 

Y me explico…

 

Da igual como haya transcurrido el día. Es después de cenar, cuando me voy a la cama, donde todo se precipita. Un regalo del mismo destino me abraza. Siempre amable, siempre cauteloso, siempre de la misma manera…, con ternura. 

 

 

Tan solo tengo que esperar que me arrope. 

 

Y yaciendo en mi púlpito reclinado aparece. La pared que se yergue a mis pies brilla y late. Todo lo demás ya no importa. Ni siquiera está … no existe. Ni falta que hace. El universo se reduce a ese muro de ladrillo, que alguien enfoscó y que después, muchos cubrieron con capas de pintura. Aquella maravilla y yo. 

 

Cuando está todo listo me hace la señal.

 

Yo me levanto y camino hacia esa pared que debería significar imposibilidad, estancamiento y cárcel, aquella a la que todos estamos abocados. Pero…no. Al golpearla tres veces consecutivas y apoyar mi palma sobre ella, se desploma. Detrás reside un mundo. Mi mundo. El único que importa.

 

Cae liberándome de mi triste existencia. 

 

Ocurre cada noche. 

 

Mi descanso nace de esa destrucción. 

 

En realidad, todo siempre renace de los vestigios de otra cosa, somos ceniza… ¿Y qué?

 

 

 

 

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