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15 min
LA PAVOROSA SEÑORITA SONIA (SONIA 1)
Suspense |
01.05.19
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Sinopsis

Ella era una violinista prodigiosa, y sabía complacer a sus discípulos adolescentes, y guardaba algo bajo los muros de la casona.

MANUSCRITO HALLADO EN UNA CASONA DE FLORENCIA -- ITALIA.

     Con veinticinco años de edad, después de once, regresé a aquella ciudad de la costa bonaerense. Volví a visitar a mi antigua profesora de violín, la señorita Sonia Lombardo, que para entonces andaba por los cincuenta y un años.

     Cuando vi la vieja casona noté que lucía impecable, como hacía tantos años, acorde con una culta dama de la alta burguesía. Me recibió ella misma, muy afable, y comprobé que seguía siendo aquella mujer hermosa, alta y fuerte, de contextura amazónica, que recordara de mi adolescencia. Yo me había hecho adulto, alto y recio. Pero ella, con su gran estatura me superaba casi en media cabeza, con un físico poderoso y esbelto, hombros de luchadora, y un cuello terso como tallado en acero.

     Me guió por la escalera de ingreso hacia la salita, moviéndose con elástica y felina precisión. Pude ver que no había envejecido en nada, salvo algunas canas tiñéndole las sienes, en la corta y renegrida mata de pelo. Seguía teniendo esos senos firmes, grandes como melones, que ponían tirante su ceñida camisa, y habían sido el centro de mis devaneos en la época de mi pubertad.

     Ella misma preparó el té, pues su personal tenía el día libre, y lo sirvió en la pequeña sala.

     ---Así que, Goyito Martínez de vuelta ---ronroneó con su dulce voz de contralto---. Y... ¿a qué se debió tu súbita desaparición, y ahora esta visita, después de tantos años?  ¿Acaso querés reanudar tus interrumpidas clases de violín?

     Mi profesora quedó expectante. La casa esperó, en tanto que la música funcional, con un fondo de chelos, hiciera flotar en el ambiente la sinfonía "La Italiana", de Mendelssohn.

     ---No, Sonia, usted sabe, desde los diez hasta los catorce años, yo venía a tomar clases porque mis padres me mandaban; Después debimos mudarnos de ciudad por motivos laborales de mi padre. Y ya ve, no pude venir más. Pero le confieso que yo hubiera querido quedarme con usted para siempre. Volví a visitarla porque siempre la extrañé, señorita Sonia, nunca pude olvidar aquellas tardes---. Llegado a ese instante, ya se me había alterado la respiración y tenía el corazón en la boca.

     Ella se me acercó hasta tener su rostro a diez centímetros del mío. Esa cara de grandes ojos algo oblícuos, negros como tinta, nariz corta y recta, altos pómulos y boca ancha y carnosa.

     ---Goyito, qué dulce... yo tampoco olvide aquellas tardes ---desgranó en tono quedo.

     Recordaba aquel día de mis catorce años, cuando me dijo:

     ---Vení, querido, te voy a dar clase en la habitación del fondo---. Era la pieza donde, cuatro años antes, llevaba a un condiscípulo mío también de catorce años, y lo poseía fornicando hasta el agotamiento.

     Mi amigo la seguía hacia ese cuarto presuroso y sin chistar, y la señorita Sonia, luego de darle clase de violín  procedía a someterlo en forma reiterada a coitos extenuantes y salvajes, donde le extraía hasta el último resto de fuerzas. Este vaciamiento, contaba mi  compañero, se lo hacía casi a diario, como algo cotidiano, con el pretexto de efectuar prácticas extras de violín.

     Cuando mi profesora me llevó a esa pieza caminando a mi lado, treinta centímetros más alta, yo imaginaba lo que venía. Con el corazón desbocado y las manos temblando, no pude tomar clase. En aquella ocasión ella, aferrándome de la nuca, se abrió la camisa y me aplastó la boca contra una teta, al tiempo que con la otra mano me bajó de un tirón los pantalones, comenzando a frotarme con fuerza los genitales. La masturbación fue tan tremebunda, que yo le clavé las manos en la cintura como para no soltarla jamás.

     Sonia me acostó en la cama y, ronroneando como una enorme gata, me apresó entre sus titánicos muslos, mullidos y poderosos brazos, hombros y senos. En la serie de orgasmos que siguió, me exprimió hasta el último remanente de energía, dejándome en una vacuidad física y mental en la que ya no recordaba mi nombre, tampoco dónde tenía que ir, ni qué hacer, ni nada. Pero estaba satisfecho y gozoso, porque me sentía de su propiedad y quería seguir así durante un millón de años.

     Al fin me envió de vuelta a casa, debilitado en extremo, como si fuera un muñeco vacío de substancia, Apenas teniéndome en pie, me detuve con las rodillas temblequeando, para descender por las escaleras de salida. Éstas se me antojaban un obstáculo insalvable. Las mismas donde cuatro años antes fue hallado mi compañero, caído y muerto, con el cuello roto.

     Con el hermoso rostro frente a mí, pregunté, tratando de dominar mi deseo:

     ---Estee... Sonia, siempre me quedó el enigma desde aquel tiempo, ¿qué pasó realmente con aquel otro alumno suyo, Víctor Camber, cómo fue que se cayó por la escalera?

     La casona pareció inclinarse, como un navío que se escora para virar hacia un rumbo incierto, para mí desconocido.

     ---Mirá, Goyo ---soltó ella sin vueltas---, te lo voy a contar todo: Víctor no se cayó de debilidad por masturbarse en el baño, como se comentó en su momento, porque las pajas se las hacía yo, y luego me lo cogía todos los días. No le quedaba energía para masturbarse él mismo. Por causa de éso, el pobre muchacho se había enamorado y quería casarse conmigo. Cuando yo lo rechacé, me amenazó con contar todo a sus padres.

      ---Como te imaginarás---, siguió mi maestra, irguiéndo su torso incomparable---, yo no deseaba verme envuelta en un caso de corrupción de menores. Llegando a tal punto, lo apacigüé y lo persuadí de ir a la salita del fondo, llevándolo casi en vilo. Recuerdo que el chico, aunque flaco, se mantenía bastante fuerte.

"Ya dentro de la habitación y quitadas las ropas, lo puse de espaldas sobre la cama. Lo ayudé a penetrarme haciéndolo acabar enseguida. Él se me pegó como una lapa y yo continué exigiéndolo con mis caderas. Entre la serie de sus tremendos orgasmos, le eché una mano a la garganta, y con la otra le torcí la cabeza hacia un lado  rompiéndole el cuello como a una gallina. Murió gozoso. Así, con uno de mis senos dentro de la boca, y en medio de sus últimas eyaculaciones... No puedo negar que lo fagocité, lo devoré, me lo engullí como una anaconda se traga un cabrito. 

     Ante esta descripción, yo traspiraba y apenas podía contener mi excitación.

     ---¡ Pero Sonia ! ---la interrumpí ---¿por qué me cuenta todo ésto?

     ---Porque viniste solo... y además, percibo el secreto propósito de tu regreso---. Diciendo esto, se acomodó en el sillón, pegando su muslo contra el mío; terminó de beber su té, y continuó refiriéndome aquellos lejanos hechos.

     En cuanto a ese chico, lo vestí, lo cargué junto con el violín, y llevándolo por el pasillo lateral para eludir a los otros alumnos, lo lancé al fondo de la escalera. Todo quedó como una lamentable muerte accidental.

     Al cabo de ésto, mi veterana y exuberante maestra apoyó sus antebrazos sobre mis hombros. ---Y ahora, Goyito, contame tu propósito secreto--- cloqueó con voz espesa, mientras me acariciaba la nuca.

     Un efluvio cálido y atiborrado de feromonas se desprendió de su cuerpo, me envolvió fusionándose con mi mente, arrastrándome en una histérica carrera hasta la encrucijada final. Allí, libré una corta guerra: ¿Debía detener a la señorita Sonia de alguna manera, en memoria de mi compañero asesinado?  ¿O bien podía unirme a ella, que no envejecía, en una vida de lujuria y holganza hasta el fin de mis días? Afronté el combate final y... sucumbí...

     ---Sonia, por favor lléveme a la habitación de atrás ---musité muy débil, antes que en un espasmo ella empujara mi cara contra su boca carnosa, en un chupón despiadado y a mansalva que se prolongó, amasándome la lengua durante largo rato.

     Me sentí llevar, tambaleante, con los labios macerados como una roncha ardiendo por su beso de lamprea. En el ambiente flotaba el violín de Jascha Heifetz, ejecutando a lo lejos los poderosos compases de "Aires Gitanos".

     Me desvistió ella misma. Ya hundía en mis hombros sus dedos de garfios acerados, cuando en un segundo de suspenso, pareció llegarme a través de los años y desde la escalera de salida, el sordo rumor de un cuerpo cayendo; así como mi propia voluntad iba abatiéndose destrozada.

     ---¡Un momento, Sonia! ---alcé la voz--- ¡Yo vine para vengar la muerte de mi amigo!  ¡Voy a hacerle lo que usted le hizo a él !  ¡¡Usted es una Ogresa que debe ser destruída !!

     Comencé a forcejear tratando de desasirme de sus manos de hierro. Pero ella me aferró la muñeca hasta casi partirme los huesos. Me hundió la otra mano en un hombro y, empujando con una rodilla en mi estómago me doblegó sobre la cama, al tiempo que gritaba ---¡¡ Así !!  ¡¡Así !!---. Mientras, una histérica luz de neón parpadeaba frenética dentro de mi cerebro: ---¡¡¡ CÓMO PUEDE SER TAN FUERTE...!!!  ¡¡¡CÓMO PUEDE SER TAN FUERTE !!! 

     Sus fuerzas me desbordaron. Manejándome como a un muñeco me acogotó de espaldas contra el colchón. En el forcejeo, pude palpar bajo su satinada piel la textura casi metálica de sus músculos, a tal punto que me pareció estar luchando con una estatua animada.

     Sus colosales muslos de terciopelo me aprisionaron en una tijera indestructible, obligándome a penetrar su vagina en un instante. Al par que ella iniciaba un sostenido ondular con sus caderas de prensa hidráulica, yo insistía en frenéticos e inútiles tirones de los formidables antebrazos. Implacables, las largas y fuertes manos de estranguladora de la señorita Sonia, formaron una tenaza de acero en torno a mi cuello.

     En un súbito trallazo de alarma, vi que seguía el mismo camino que mi amigo, asesinado hacía ya tantos años. Con un postrer fogonazo de mis neuronas el cartel luminoso centelleó desesperado:  ¿¿SERÁ POSIBLE  QUE NO HAYA ESCAPATORIA??  ¿¿SERÁ POSIBLE QUE NO PASE NADA QUE ME SALVE...??  ¡¡¡Yo iba a ser tragado, como un cabrito es devorado por una anaconda !!!

     Llegó el orgasmo... Y yo... dejé de resistirme. Con la cara hundida entre sus senos ardientes, mi torso se arqeó hacia arriba con espasmos involuntarios, en las convulsiones de la asfixia, y eyaculé con intensidad, expeliendo enormes volúmenes de semen hasta la aniquilación total.

     Las manos de Sonia ejercieron un furibundo apretón. Llegando a ese trance, un crujido atronador me conmovió el interior del cráneo.  ¡¡¡ MI CUELLO SE HABÍA ROTO, CON UN ESPASMO DE VÉRTEBRAS CERVICALES PARTIDAS Y CONDUCTOS MEDULARES SECCIONADOS !!!

     No sentí dolor. Me pareció tener todo el cuerpo relleno de algodón, y mis genitales y todo mi vientre se contrajeron hasta el paroxismo eyectando aún más. Como erupta un volcán. Como un Krakatoa sexual en estallido.

     Antes del final, experimenté varios instantes sin tiempo en la voluptuosidad de la lujuria absoluta, al tener conciencia de estar siendo poseído y asesinado por estrangulamiento a manos de mi profesora de violín. Allí no terminó el deleite, pues toda mi mente, mi personalidad, mi espíritu y el resto de mis energías, fueron absorvidas, chupadas, engullidas con fruición por la señorita Sonia. Yo mismo, ya transferido dentro de ella, me fusioné con indescriptible regocijo en un proceso de corrupción completa, total e irreversible, con su propia y perversa entidad. Yo le pertenecí para siempre, en medio de una estremecedora y apocalíptica violación espiritual. Pasé a integrarme en forma indiferenciada e indivisible con su depravado ser. Me diluí en ella.

     Todo quedó consumado. Las distancias se anularon. Nunca más el abismo de la soledad. Basta de huecos. Todos los resquicios fueron llenados. Ya jamás volvería a estar solo. Yo mismo descubrí el oscuro y secreto propósito de mi regreso. Los largos años de arrastrarme sobre la rugosa giba del mundo, esquivando y soportando huracanes, rayos, tornados, oscuridades, insultos, golpes y agresiones, todo eso concluyó para siempre. Suspendido y desprovisto de voluntad, interpenetrado y empotrado en el cálido y delicioso recinto de su persona, tuve acceso por su concesión última, a escribir por intermedio de su cuerpo esta parte del manuscrito. Ahora mi ser, que ya es el de ella, deriva con rapidez a un orgasmo total hasta el fin de los tiempos.

YA SOY CARNE DE SU CARNE Y SANGRE DE SU SANGRE.

 .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .

     Largo tiempo ejercí presión con mis manos hasta que las destrozadas coyunturas se separaron por completo. Entonces, me aparté del cuerpo inerte y musité con voz aceitosa: ---¡Pobrecito! Ni siquiera con una vida de gimnasio hubiera podido lograrlo. Pero en este momento ya conocés el secreto de mis fuerzas. Ni tu amiguito ni vos fueron el primero y el último. En los basamentos de esta casa hay decenas de cadáveres estrangulados y sepultados. Todos eran hombres adultos y fuertes. Todos son, como vos sos y te sentís ahora: ¡¡ CARNE DE MI CARNE Y SANGRE DE MI SANGRE !!

     El joven asesinado por mis manos permaneció inmóvil.

     Más tarde, até el cadáver bien fuerte de pies y manos con varias de mis medias de seda, y con otra de mis medias le atenacé el cuello. Así, para siempre ligado y estrangulado, como una amorosa momia, lo alcé con ternura en brazos llevándolo al sótano; desde allí descendí a un sub--sótano; depositando el cuerpo en un profundo hueco, junto a una zapata del edificio. Empujé una gran losa y lo cubrí con ella. Pasado un tiempo preparé un pastón de cemento y sellé la losa con una capa muy gruesa.

     Unos momentos después noté, satisfecha, al mirarme al espejo, que las canas de mis sienes habían desaparecido.

     Al poco tiempo dejé de dar clases de violín. Me mudé de casa y vendí el edificio, dejando a buen recaudo, sepultados debajo de sus fundamentos, las varias decenas de cadáveres de hombres estrangulados y con los cuellos rotos... como una colección de pollos sacrificados.

     En el transcurso de los años me enteré, por vías indirectas, que el caserón fue utilizado durante largo tiempo como depósito de una compañía de transportes. Al cabo de ésto se vendió para su posterior demolición. En el solar resultante, se construyó un edificio de departamentos.

     Yo, la señorita Sonia Lombardo, la otrora profesora de música, como violinista descollante, me dediqué a mi carrera y fui a residir a Europa. Allí adquirí fama y dinero. Mi virtuosismo superó largamente a los afamados Jascha Heifetz y Iehudi Menuhin. Ofrecí miles de conciertos con las mejores orquestas y grabé millones de discos. Después de veinte años, quedé afianzada en la fama y en la opulencia... como una glotona y repleta sanguijuela.

     Jalonando mis triunfales recorridos por múltiples ciudades de los cinco continentes, fue quedando una larga serie de casonas. Cada una con los fundamentos rellenos de cadáveres de hombres estrangulados y con los cuellos partidos. Asesinados todos con mis manos.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .

     Ahora, en la actualidad, residiendo en la ciudad de Florencia, Italia, con una salud de hierro y una presencia juvenil, estoy pronta para cambiar de documentos e identidad. Nadie debe alarmarse por mi presencia en el mundo. Nunca hice sufrir a nadie ni jamás lo haré. Ya mismo... desapareceré, partiendo con rumbo incierto.

     Para finalizar, citaré una regla universal e indestructible: "NADA ES PARA SIEMPRE, EXCEPTO LA HERMOSA Y ARDIENTE SEÑORITA SONIA, POR SUPUESTO"

 

                                                              oooOOOooo

     

  

      

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    Hasta Sade, Freud y Poe se revolverían en sus tumbas. Profunda indagación en la maldad y la perversión del ser humano... Te felicito. Saludos.
    Serendipity 2018: Gracias por leerme, los comentarios dan ánimo... un saludo...
    Excelente relato. Mantiene el interés hasta el final. Saludos!
    Pamela Diaz: Gracias por leerme y por el comentario... siempre me da un poco de vergüenza que una dama lea mis relatos "sensuales", pero es algo infantil. Sobre el mismo personaje hay tres más: "Sonia, Teatro Ópera Bucarest"... "La Matanza de la Ogresa", y "La Horma del Zapato", donde Sonia sale indemne. Están todos en "tusrelatos.com", a ver qué te parecen... felicidad...
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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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