cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

10 min
La playa y un amor libre.
Amor |
18.11.20
  • 4
  • 0
  • 113
Sinopsis

El viento soplaba como si quisiera tirar abajo todo tipo de construcción humana, las nubes grises querían dar a entender a que no planeaban dejar que un solo rayo de luz las atraviesa, sin importar que tan pequeño fuese. Y en medio de toda esa tormenta de arena que empezaba a formarse en la playa, un chico de cabellos azules hundía su cabeza en su abrigo, mientras agarraba su capucha para evitar que el viento se la sacará, había intentado ponerse en contra de este, pero era totalmente inútil. Cambiaba de dirección muy seguido. Tampoco podía moverse a una zona con más estructuras, porque estaba esperando a su novio. Y aunque lo amara, aunque lo extraño mucho esos dos meses que estuvo fuera de la provincias por vacaciones, en ese momento quería matarlo por ser tan impuntual, es decir, él siempre había sabido que su querido novio siempre llegaba tarde. Siempre. Incluso había imaginado que el día que se casarán este sería el último en entrar a la capilla, quedando él en el altar como el novio que espera a su novia, bueno novio en este caso. Y ya había aceptado ese hecho, después de todo cuando se ama a una persona se le acepta con todo lo bueno y todo lo malo, pero… Esperaba que tuviera más consideración, que fuera diferente y no lo dejara media hora esperando. Para empezar el clima era horrible, no solo el viento era fuerte, sino que hacía mucho frío y en cualquier momento había un diluvio que fácilmente intentaba inundar media ciudad, después estaba el hecho de que al estar cerca de la costa hace mucho pero mucho más frío, y lo más importante. Llevaban dos meses sin verse, ambos morían de ganas de verse, de tocarse, de abrazarse, de besarse y decirse lo mucho que se amaban. Pero muy difícilmente puedan hacerlo si el azabache no viene de una buena vez. "Maldigo idiota, cuando lo vea me aseguraré de darle una buena patada en sus partes íntimas. Total si queda estéril no importa, de todas maneras es más gay que el mes de junio…  Además, ya tenemos dos hermosos gatos como hijos que lo odian. Si sigue siendo así, dudo mucho que pueda ser padre de bebés humanos sino puede ganarse el cariño de pelusa y bigotes." Y cuando menos se dio cuenta, unos brazos lo rodearon y todo tipo de escalofríos simplemente desaparecieron. Podía recordar ese perfume donde sea, porque era el único que su odiosa alergia lo dejaba sentir. Era su novio. Y si era cierto que hasta hace un rato solo quería darle una patada, pero en su lugar simplemente le dio un golpe en el brazo y seguido se empezó a quejar de lo mucho que lo había hecho esperar. Mientras hablaban ambos bajaron a la playa, tuvieron que hacerlo con los brazos tapándose la cara por toda la arena que volaba, pero una vez llegaron a la orilla pudieron estar en paz, pues ahí toda la arena estaba mojada.  Y en ese momento, junto a la arena mojada, la marea que empezaba a subir por qué ya casi se acercaba la noche y el hecho de que podían ser quienes eran de verdad porque no había absolutamente nadie.  Para el azabache ese momento era simplemente perfecto, especialmente porque amaba la forma tan adorable en la que su novia arrugaba su nariz, sin duda amaba hacerlo enojar. Aunque debía tener cuidado, mucho, porque de hacerle enojar podía mirarlo de una forma terriblemente asesina, como si en cualquier momento sacará un cuchillo y empezará a sacarle los órganos, solo para venderlos y ofrecer su alma al señor oscuro. Realmente podía dar miedo. –ya, ya dije que lo lamento pero no es como si pudiera controlar los colectivos–para decir eso tuvo que aguantarse una risita que se estaba apunto de escapar de sus labios. Tan bien lo había dicho como si fuese lo más obvio del mundo, y en parte tenía razón–. Y para compensarte te invito a tomar un chocolate. Ambos chicos empezaron a caminar por la orilla. Primero el rubio pasó su brazo por encima del hombro de su novio, y después el peli azul repitió su acción, si era cierto que era más bajito, pero esa diferencia era muy mínima y aún podía alcanzar su hombro, solo esperaba que no creciera más o de lo contrario empezaría a ponerle apodos ridículos como. "Pequeñito." "Bajito." "Enano." Un sin fin de apodos con su estatura. Y ya tenía suficiente con los que tenía ahora, los cuales eran muchos porque su novio tenía un don para ellos, y su teoría era que veía muchos animes en donde el fandub le pone nombres ridículos a los personajes. Como mirrodilla, o miescotilla, en vez de Midoriya. O el pollo en vez de Hawks. –la mejor bebida para matar el frío–no pudo evitarlo, y atrajo la mano de su novio más para él, además que se apoyó todo lo que pudo en el costado de su novio, claro que asegurándose de que esto no sea molesto para caminar–. Y es perfecto, porque si comes y tomas cosas dulces te harás gordito ya nadie te verá. El mayor era muy guapo, todos lo sabían y por esa razón lo miraban tanto. A simple vista podía verse como el típico nada boy de una novela romántica. Músculos y gran estado físico. Ojos grisáceos con celeste que atrapan a más de uno. Cabello rubio… bueno en el pasado era de ese color, pero ahora es azabache. De hecho el peli celeste pensaba que era alguien muy agrandado, alguien estúpido que alardeaba de su físico y con cuántas personas había estado. Pero no podía estar más lejos de la realidad. La verdad es que era un chico que podía pasar horas leyendo mangas, jugando videojuegos y viendo animes, socializar simplemente no estaba en su ADN y mantener una conversación normal era muy difícil. De lo que tanto se sentía orgulloso era de su físico, el cual lo había conseguido porque su padre a muy temprana edad lo obligaba a hacer deporte y comer saludable, ya que él era un nutricionista y dueño de su propio gimnasio. Después lo de sus ojos había sido por suerte de genética al igual que su cabello. Por eso nunca había tenido una pareja, ya que muchas las buscaban para una noche y otras cuando sabían de su verdadera personalidad al igual que gustos lo dejaban. Lo mismo pasaba con los chicos, la diferencia era que ellos sí tenían más oportunidades, por qué él era totalmente gay, y aunque no lo había dicho públicamente si había lanzado varias indirectas. Las cuales apenas eran entendías por muy pocas personas, eso se entendía porque aún había chicas que le coqueteaban. –no me digas, que el gran Uriel Montenegro está celoso. Ese era el típico de comentarios que hacía para que su novio arrugara la nariz. Y como en la mayoría de casos lo logró, la diferencia es que en esta ocasión fue algo muy veloz y después empezó a reír. –obvio que no estoy celoso. Pero es muy frustrante ver como un montón de personas observan sin ningún descaro tu increíble cuerpo de Dios griego y la manzana de trasero que tienes, pero sin duda lo peor es no poder hacer nada por ser tu "amigo". Ambos fingían ser simples amigos. No porque tuvieran miedo a mostrarse tal cual eran, sino por sus familias. La familia de Uriel decía no ser homofóbica y los respetaba, pero no creían que dos hombres o dos mujeres pudieran sentir amor hacia el otro, para ellos era simplemente imposible. En cambio la familia del azabache si era más homofóbica. En ambos casos, si salían del closet no les pasaría nada malo. Pero la relación con su familia no sería igual, se verían raro y los silencios incómodos serían muy demasiado normales. Ninguno de ellos quería vivir en un lugar en donde no te sientas aceptado. Pero eso no importa, ya no porque tenían un plan. El cual ya se había logrado realizar y el mayor estaba a punto de decírselo, como la mayor sorpresa del mundo. Justamente eso era. –tienes suerte de que eso no sucederá–su sonrisa era más grande que nunca. Y del bolsillo de su buso saco un montón de llaves atadas las  que empezó a mover como si de un juguete se tratase, solo para seguido ponerlas delante de su cara–. Ya logré obtener el departamento en la plata, podemos irnos. El plan era irse a otra ciudad en donde realmente podrían ser felices. Ese plan lo hicieron porque Ezequiel tenía varios primos viviendo ahí y uno le ofreció trabajo en una tienda, además de ayudarlo a buscar un departamento. Ambos chicos le habían contado a sus familias, y solo faltaba conseguir un departamento. Aunque en realidad eso ya estaba, más bien faltaba hacer todos los papeles, porque eran muchos. –¡Lo tenemos! Ambos se pusieron a gritar con mucha alegría mientras saltaban. Ya podían decir realmente lo que sentían.  Porque realmente, realmente es difícil esconder tus sentimientos hacia una persona cuando lo único que quieres es besarlo, o hacer con ella cualquier otra cosa que hacen las parejas. Por eso, ahora que sabían que no tenían nada de qué preocuparse, que si su familia no los aceptaba podían vivir en un lugar en donde no los estarían viendo mal o susurrando a sus espaldas. Decidieron ir caminando de esa forma, abrazándose como la pareja que eran desde hace un año y un mes. Que se amaban. Y ahora que no les importaba absolutamente nada lo que dijeran de ellos. Uriel estaba feliz, finalmente nadie le pedirán el número de Ezequiel para invitarlo a una cita. Aunque también el azabache estaba feliz. Fin.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 3
  • 4.33
  • -

Soy una chica que me gusta escribir todo. Siempre intento que todos mis escritos estén llenos de imaginación. Y me gustan todos los géneros :)

Tienda

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta