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4 min
La Princesa y el Cazador
Fantasía |
22.03.07
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Sinopsis

“La Princesa y el Cazador de Dragones”

Hace muchísimos años, en un lugar muy remoto y hermoso, vivía una bella Princesa llamada Valeria. Su nombre, sinónimo de valentía y de coraje, le quedaba como anillo al dedo. Valeria poseía muchas virtudes, además, era muy buena, especialmente con los animales, a los cuales protegía y cuidaba con mucho esmero.

Valeria era muy bella, tenía los ojos azules y el cabello largo, de un color rojizo castaño. A ella le gustaba pasear por los bosques, montar a caballo y nadar en los ríos y lagos que quedaban cerca de su castillo. Ella no le tenía miedo a nada, le gustaba salir sola y disfrutar de la naturaleza y los paisajes del reino.

Sus padres le aconsejaban que no se alejara mucho y que siempre saliera acompañada por guardias del reino. Sin embargo, ella prefería salir sola y siempre lograba deshacerse de la vigilancia que querían imponerle.

Cerca de allí había unos enormes dragones. Estos dragones eran de distintos colores, de cabeza grande, tenían la piel áspera y cubierta de escamas. Eran muy temidos por todos ya que además volaban y echaban fuego por la boca cuando los molestaban.

Los dragones vivían en las laderas de un valle, cerca de unas enormes montañas y de los ríos. Salían a cazar después de la hora del ocaso y regresaban a sus moradas cuando empezaba a amanecer. Les gustaba comer animales y frutas del bosque.

Adrián era un cazador joven y guapo, algo solitario, vivía con sus padres y hermanos; su familia había sido desterrada del reino por problemas laborales. Se alimentaban de lo que él cazaba y de los que sus padres cultivaban en sus huertos.

Una tarde, cuando la princesa Valeria salió a montar en su caballo “Onix”, de color negro azabache; sin darse cuenta se fue alejando cada vez más del reino, estaba cerca del valle de los dragones. Ella no se había percatado del peligro que la acechaba.

Valeria se detuvo a mirar el hermoso paisaje, ya era de noche pero ella no se daba cuenta del peligro que la acechaba. El reflejo de la luna en el agua, era de una belleza indescriptible. De pronto se volteó y lo vio, era un enorme dragón, color rojo; de su boca emanaban grandes llamaradas de fuego.

Tuvo miedo, no sabía si echarse a correr o a llorar, se quedó inmóvil por unos segundos. El dragón se le iba acercando cada vez más, pero al verla y oírla hablar, se detuvo. Ella se había llenado de valor y lo había persuadido para que se alejara de allí.

Adrián que había llegado en ese momento porque andaba detrás de ese dragón por mucho tiempo, no podía creer lo que veía. El malvado dragón se había convertido en un animal dócil.

Valeria al ver al cazador salió corriendo, pero Adrián la alcanzó y le dijo que no tuviese miedo de él. Le contó que el era cazador, que algunas veces tuvo que matar dragones, cuando trataban de prenderle fuego al caserío donde vivía.

La acompañó hasta el castillo y le dijo que no dijera a nadie que lo había conocido. Valeria siguió frecuentando el lugar donde conoció al cazador de dragones, con el tiempo se enamoraron. Pasaban tardes enteras montando caballo, hablando y conociendo lindos parajes.

Cuando los reyes se enteraron de que Valeria quería casarse con Adrián, se opusieron rotundamente por el problema que existía con su familia. Le prohibieron seguir viéndolo. Sin embargo, ella no les hizo caso y siguió viéndolo a escondidas.

Una tarde de Mayo, Valeria no regresó al castillo, se quedó a dormir en la casa de la familia de Adrián, debido al mal tiempo. Tuvo que permanecer allí varios días hasta que se calmara el temporal. El pensar que la habían perdido, que nunca volverían a verla, hizo que los reyes se pusieron muy tristes.

Cuando la volvieron a ver se alegraron mucho. Todo esto sirvió para que recapacitaran y le permitieran a Valeria casarse con Adrián el elegido de su corazón. Adrián y Valeria se casaron dos meses después, en una radiante tarde de verano. El tiempo pasó, tuvieron tres hermosos hijos, la felicidad les acompañó siempre.

Fin

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