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7 min
LA QUINTA RUEDA II
Humor |
12.03.09
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Sinopsis

BASADA EN MIS HECHOS REALES, ESO SÍ, TENGO TODAVÍA MIS PUNTITOS INTACTOS... PERO TENIAÍS QUE VER MI COCHE... ¡AY, DICHOSAS COLUMNAS DEL GARAJE!

En el diminuto habitáculo del coche nos acomodamos el examinador, mi profesor, un muchacho que hace dos días cumplió los 18 y yo… por sorteo me ha tocado la primera en examinarme, esto es como la ley de Murphy... todo te sale del revés.

El examinador, un señor entrado en años, comenta que cuando esté preparada se lo comunique… me dice que las indicaciones solo me lo va a repetir una vez, que esté muy atenta, ahí creo que me puse a temblar como en mi vida me había pasado… así que suspiro profundamente y allá voy… me preparo el asiento, abrocho el cinturón de seguridad, piso el embrague, giro la llave, puse la primera marcha y me santigüé… creo que ahí cometí mi primer error.

Salimos del recinto y nos dirigimos hacia la autovía, a medida que voy conduciendo por esas calles, me voy sintiendo segura, así qué me tranquilizo y me concentro en lo que estoy haciendo.

Pero en un momento dado, me dice que estacione a la derecha y cambie mi sitio a mi compañero… ¿ya he acabado? Ah bueno no era tan difícil entonces como había pensado. Pero miro a mi profesor y por su mirada presagio que no son buenas noticias, repaso mentalmente mis fallos y creo que alguno he cometido pero no han sido graves…

¡SUSPENDIDA! Es la exclamación de mi marido… y continua… -¿Qué no es grave, dices? ¿Tú sabes lo que significa saltarse un stop?

-¡Eh, eh que yo no me he saltado ningún stop, solo que no me he detenido el tiempo suficiente y he hecho como si fuese un ceda al paso… ya es mala suerte, si hubiese venido algún coche…

- Bueno, a la próxima ya verás como aprendes de los errores…

Prácticas y más prácticas hasta un nuevo examen.

Un nuevo examinador se instala y esta vez es una chica jovencita también y de nuevo me toca por sorteo ser la primera.

Si el anterior examinador era serio, uff este lleva un sombrero de fieltro verde, qué a mí ya al verlo me impresiona.

Con voz ronca me dice que me prepare y que escuche su indicación…
-Va seguir de frente, hasta que no encuentre una pared o un barranco…
Yo dudo un poco ante esa indicación, miro a mi profesor, pero el mira de frente y no da señales que yo pueda intuir.

Esta vez, a los 100 metros aparecen dos señales gigantes de prohibido el paso, y solo tengo una salida, pero me dijo que fuese de frente… las señales me lo impiden… detengo el coche, los miro a todos como pidiendo alguna explicación… no obtengo ninguna respuesta, giro a la derecha porque es la única salida… y me dice “SUSPENDIDA”, se puede quedar aquí y esperar nuestro regreso.

Me indica que me acerque a las señales para leer lo que dicen. Debajo de cada señal hay un cartelito que dice… “excepto vehículos autorizados”… y me deja allí con la incertidumbre de ese juego de palabras.

De nuevo una llamada de teléfono.

Al otro lado de la línea me contesta mi marido con buen humor como siempre, e intenta tranquilizarme.-Venga mujer que esta vez lo consigues.

-No, si ya he hecho el examen.

-Qué ya te has examinado? ¿No lo tenías a las 9? Son las 9 y cuarto.

-Sí, si ya lo he hecho y ¡he suspendido…!

Noto un silencio prolongado… ese día no me dio la razón, pero después con el tiempo, me ha dicho más de una vez, que eso fue mala leche.

También el profesor podía habernos dicho, que esos trucos funcionan ¿no? Pero claro eso equivale a más y más prácticas.

Tercer examen, me toca una mujer, y me digo a mi misma a ver si es menos dura conmigo… empiezo con ánimos y callejeo, me siento contenta, porque por una vez durante muchos días me veo conduciendo… pero no puedo vender la piel del oso antes de cazarlo, así que tengo al 100% mi concentración.

Pero la mala suerte se cruza en mi camino, con una rotonda, la cojo bien y zas… el coche de delante se detiene para que baje la mamá y el niño que van al colegio… ¡oh! pongo rápidamente el intermitente e intento salir de allí lo antes posible, pero ciudad y hora punta, es difícil tarea, así que la examinadora me dice muy gentilmente, que cuando salga de allí, aparque a la derecha.

Me da como explicación que tenía que haber previsto esa parada… así que nada, la próxima vez le pediré el móvil y le preguntaré…

-Oiga caballero, ¿usted va a parar en la rotonda para dejar al niño?

-¿SUSPENDIDA? Bueno no sé, porque sé sorprende tanto mi marido, porque ya es la tercera vez…

Carraspea suavemente y me dice…

-Ejem… mami, pensabas comprarte un coche… pero a este paso si te gastas los ahorros, ese coche no tendrá ni puertas ni ruedas.

Ufff estoy hundida, tal vez lo de conducir, no sea para mí. Empiezan las risas de la familia, de las amistades y mi autoestima da un bajón.

Ya estoy pensando en no presentarme de nuevo… pero ya todos coinciden, que me quedará poco para conseguirlo, así que de nuevo cojo confianza y allá voy…
Venga a la cuarta la vencida… creo que lo estoy haciendo bastante bien, noto que voy tranquila, callejeo, aparco en una cuesta, salgo a la autovía y bueno esta vez creo que lo he conseguido…

Pero cuando me dan la noticia no me lo puedo creer… SUSPENDIDA… hasta mi profesor no está de acuerdo con su decisión y así se lo hace saber.

El motivo… acumulación de faltas leves… que me ha visto indecisa en algunos casos y miro mucho por el espejo retrovisor…

Ahí ya me derrumbo y se me saltan las lágrimas, porque lo veo muy injusto, si me suspenden por haberlo hecho bien, ya no me sentiré segura en ningún examen más.
Y llega la “quinta vez”, me he jurado a mi misma que si suspendo esta vez, ya lo dejaré definitivamente, tal vez el carnet de conducir no sea para mí.

Y aquella fría mañana de invierno lluviosa, creo que con la poca visibilidad que tenía, alguna raya continua pisé… ¡APROBÉ! Sí María Amenedo, al final después de tantas prácticas, lo conseguí.

Mi marido se puso tan contento como yo… aunque creo que se alegró más por el bolsillo… pero al fin tenía la cartulina rosa, “la gran deseada”.

Y mi primer viaje en coche sola, me dirigí a la capital… a Madrid. La gran impresión que me dio ver la Gran Vía, solo quería aparcar el coche y desaparecer de allí… pero buscar un hueco, era tan difícil como aprobar el dichoso carnet, así que bajé por la calle y me encontré de frente con la “Diosa Cibeles”, y una vuelta a la rotonda y dos y tres… no, no creáis que soy una guiri y estoy contemplando la fuente… es que no me dejan salir de allí… al fin encuentro un hueco y huyo de allí despavorida… otro día vendré a la ciudad.

Paso por cuatro vientos y veo una avioneta sobrevolando cerca de mí y entonces pienso… ¿será difícil sacarse la licencia de vuelo? Sonrío y me digo a mí misma… mañana llamaré para informarme.
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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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