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2 min
La rana y el mapache
Infantiles |
08.08.18
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Sinopsis

¿Se puede torcer los instintos?

A orillas de una laguna vivía una joven rana muy temerosa del mapache, su vecino que vivía en la otra orilla.

Siempre hacía sus quehaceres con mucha cautela, nunca se distraía, observaba todo el tiempo a su vecino. Ni podía dormir tranquila la pobre rana, cualquier ruido la despertaba.  En una ocasión, mientras observaba al mapache, pensaba y pensaba, caminaba con las manos cruzada en la espalda y por fin tomó una decisión.

«Tengo que ir a hablar con ese mapache, no puedo vivir mas con este miedo, que me coma de una vez o bien que aclaremos el panorama» eso pensó la joven rana.

Respiró profundo y se dispuso a cruzar la laguna.

Al llegar, tomó coraje y golpeó la puerta donde el mapache descansaba:

 

—Hola don vecino, soy la ranita de enfrente.

—Se muy bien quien eres— respondió el mapache— ven pasa siéntate y dime

    ¿Qué asunto te trae por acá?

 

Luego de decir eso el mamífero cerró la puerta con varias trabas, lo miró fijamente y volvió a preguntarle lo mismo al asustado anfibio.

 

La rana ya traspirando de miedo no podía emitir ni una palabra, solo atinó a decirle;

 

—Vengo a que me coma, o a que me deje vivir tranquila.

 

El carnívoro de pelo fino, quitó las trabas de la puerta y luego la abrió, y le dijo a la joven Ranita;

 

—Realmente admiro tu valentía, semejante coraje es digno de respetar, no te preocupes nunca quise asustarte y mucho menos comerte, ¿Qué te hacía pensar que quería comerte?

 

La rana un poco más tranquila le respondió;

 

—Don mapache usted es carnívoro y yo soy una rana de carne.

 

El mapache se sonrío y le dijo que no temiera que no pensaba comerla, pero… que nunca pierda la cautela, ya que no resulta nada fácil torcer los instintos.

Si bien no se hicieron amigos, la rana pudo estar un poco mas tranquila, pero siempre se mantuvo alerta.

 

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