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3 min
La reencarnación de Coco
Varios |
12.06.12
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Sinopsis

Animal vengativo.

El sol se reflejó en su rostro. Abrió un ojo con esfuerzo. El panorama lo aterró ya que estaba en el medio de una veintena de cocodrilos. Algunos lo miraban con miedo y él podía notarlo. Hasta que se dio cuenta de la realidad. Él también era un cocodrilo. Un cocodrilo enorme. Se espantó de tal manera que su cola comenzó a moverse desenfrenadamente. Algunos cocodrilos se corrieron. Estuvo en shock unas horas.

Descubrió que se encontraba en una especie de zoológico. La gente lo miraba desde arriba y escuchaba sus voces en inglés.

Lo último que recordaba de antes de esta vida anfibia era un hospital. Hasta ahí había llegado por un accidente automovilístico. El rostro de su mujer llorosa que le aferraba la mano. Una luz blanca potente y nada más. Hasta que se despertó como cocodrilo. En vida, o mejor dicho en su otra vida, todo el mundo le decía Coco. Ironías de la reencarnación, pensó. Porque ya había concluído que había reencarnado. Obviamente no podía hablar, ni hacer señas......solo pensar y escuchar todas esas voces en inglés, idioma para el que siempre fue un negado. Lloró muchas amargas horas. Lágrimas de cocodrilo, claro. No podía dejar de pensar en lo que siempre le decía su mujer. -Coco, vos tenés un cocodrilo en el bolsillo, querido- O las frases de Jorge, su amigo del alma- Cocodrilo que se duerme, cartera-.

Los días eran interminables, la cabeza no paraba de pensar al mismo tiempo que su cuerpo de cocodrilo hacía todo lo que un animal de su especie hace. La comida era abundante y variada aunque de baja calidad. Comprobó que el apareamiento dura un minuto y que para su desgracia machista, era hembra y el tema era doloroso. Ni siquiera tuvo la fortuna de reencarnar en un conejo macho. Todo transcurría, digamos, normalmente, si es que esta situación puede considerarse normal. Hasta que un día vio entre la gente que visitaba el estanque a su amigo Jorge. Nada pudo hacer para llamar su atención. Se movía furiosamente. Jorge lo miraba y parecía llamar a alguien. La gente comenzó a juntarse para ver el espectáculo que daba Coco, perdón, el cocodrilo, agitándose de un lado a otro. Una mujer se acercó a Jorge y lo besó tiernamente en los labios mientras él le tomaba la cintura atrayéndola. La mujer de Coco. Su mujer.

Nadie puede explicar aún en el acuario de Miami cómo un cocodrilo hembra pudo llegar hasta la baranda y masticarse sin contemplaciones a un turista argentino. Tampoco por qué, en el momento de ser sacrificado, el cocodrilo parecía sonreir.

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