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4 min
la revolución industrial
Drama |
08.01.21
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Sinopsis

el drama de existir

La revolución industrial

 

Es imposible saber qué hora es, pero aun es de noche  y siento que me levantan de un golpe, creo que dormí poco y estoy demasiado cansado. Mi hermanita de siete años también es obligada a levantarse, el hambre nos duele y es casi milagroso que nos mantengamos en pie. Los piojos hacen fiesta en nuestra cabeza, la mugre de la habitación y de las ruinosas camas causan nausea, no vomitamos porque no nos queda casi nada en el estómago.  Debemos apurarnos para ir a trabajar.

Las fábricas son tenebrosas, entramos desesperanzados e ignoramos cuando saldremos y fundamentalmente si eventualmente saldremos.

Producir, producto, productividad. ¿Para quién, para qué? ¿Quién usará lo producido, quien lo usufructuará?

Nosotros somos los esclavos de la producción, somos los que generamos la ganancia para los amos, para los que felices, festejan que por fin el trabajo de muchos desechados les rendirá grandes ganancias. Se ha producido  un avance científico; las máquinas multiplican el producto. Las máquinas no se cansan, solo hay que hacerles mantenimiento, pero nosotros los que nos ocupamos de operarlas no damos más; deseamos la muerte, deseamos la destrucción de la máquina, deseamos poder asesinar a nuestros amos.

La muerte llegará pero es lenta la hija de puta, se toma su tiempo, mientras tanto mi hermanita y yo nos debilitamos, ya no parecemos humanos, somos autómatas sombríos, harapientos, piojosos, mugrientos; pero seguimos vivos, entonces aun servimos, generamos ganancias.

Nos sirven una comida grasosa, imposible de digerir, un poco de agua y la barriga se estremece.

Somos cosas, somos menos que un perro y no nos queda la esperanza de volver a casa, porque cuando volvemos nos encontramos con más mugre, mas hacinamiento y maltrato. Hambre, dolor. El sufrimiento es nuestro; la satisfacción, la alegría y el  bienestar es para otros. Esos otros privilegiados, esos que por motivos inexplicables son los dueños. ¿Quién les dio esa prebenda? ¿Cómo lograron lo que lograron? ¿Hay alguien que tiene la capacidad de discernir que a unos pocos  les corresponden beneficios  y a otros muchos no?

Somos moribundos, nos trasladamos sin sentido, ansiamos la muerte, pero solo nos enfermamos y la agonía es brutal y prolongada.

Las ciudades crecen, el hacinamiento también, las riquezas crecen, los pobres también, el tendal queda, miles de hambrientos. Hay muchos productos, Hay abundancia. Ay, pero cuantos quedaron en el camino. La riqueza trae miseria, desigualdad y exclusión. El afán de destrucción del semejante es muy poderoso.  Es  posible que la destruccion total se imponga algún día y la humanidad desaparecerá. Mientras tanto mi hermanita y yo nos vamos apagando de a poco, 

No puedo resignarme, no me importa morir, pero mi hermanita…, no quiero que ella sufra esa suerte. Tengo un sentimiento horrible; un pensamiento  muy profundo y espantoso, ellos los poderosos deberán tributar, deberán sufrir las consecuencias de sus acciones perversas.

En medio de la oscuridad, me levanto sigilosamente, ella, mi hermanita duerme profundamente, agotada por la brutal jornada. Salgo sin hacer ruido y sin vacilar me dirijo a la casa del dueño de la fábrica. Increíblemente nadie cuida la entrada. Se sienten intocables y gozan su impunidad. Entro a la vivienda y busco el salón dormitorio. El hombre ronca, ese ronquido me guía hasta donde duermen él y su mujer.  Al hombre le secciono  la yugular, la sangre brota  en forma abundante, al sentir el corte, despierta y se oprime la garganta pero sus esfuerzos no bastan, la sangre no para de salir. A la mujer le hundo el cuchillo en el corazón, mi intención era ser menos cruento; ella ni se despertó, creo que murió en el acto. Él da su ultimo estertor. Dejo caer el cuchillo y me invade la angustia, el terror, recien comprendo lo que acabo de cometer. En ese instante me despierto, tuve un sueño mas terrorifico que la propia realidad que vivimos mi hermana y yo.

Ahora sí me levanto tembloroso, ma acerco a la cama de mi hermanita, debemos salir para la fábrica, la llamo  y no responde, toco su cabeza y me estremezco, su cuerpo está helado, ya es libre, ha logrado huir de la pesadilla. en tanto yo sigo, paso de una pesadilla a otra peor.

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Soy psicólogo social y docente en actividad. Me jubilé en una empresa de energía, después de 42 años tengo 68 años

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