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6 min
LA SECTA
Reflexiones |
11.05.19
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Sinopsis

Es una apuesta sobre la libertad persoal del ser humano, al margen de cualquier influencia sectaria n la que se puede ver involucrado.

Hace unos cuántos años que conocí en una Escuela de Idiomas de Barcelona a un sujeto bastante singular llamado Fernando, el cual tenía el síndrome de gigantismo cuyo defecto consiste en una deformación de la hormona del crecimiento que da lugar a que éste tenga una considerable altura física, así como unas extremidades desmesuradamente grandes; pero dobre todo aquel tipo padecía de un alarmante infantilismo anímico.

Sin embargo Fernando a pesar de su deficiencia mental percibía el rechazo de su familia porque en primer lugar él no se parecía a su ambicioso padre, y en segundo lugar ésta sólo daba valor a lo material -al dinero-, y no reparaba en el problema psíquico del hijo. Pues es evidente que la sacralizada familia no siempre es el gran apoyo moral de un sujeto sino que muchas veces es lo que destruye al mismo.

En consecuencia Fernando se decantó hacia el misticismo como un sucedáneo afectivo que no encontraba en sus allegados, y se afilió con una mujer de su población que estaba tan perdida como él en una secta cuyo fundador era un pícaro delincuente coreano que en teoría rompía con el sistema mercantilista que nos rige, pero que a costa de los más incautos vivía mejor que un rey.

Mas como los miembros de la secta vieron a Fernando con su deficiencia mental y sin recursos económicos, lo abandonaron sin contemplaciones en el aeropuerto de mi ciudad.

Esto viene a cuento porque no hace mucho que he visto una estupenda y sobria película que está basada en una novela, la cual bien podría estar inspirada en un hecho real llamada EL VEREDICTO.

Una brillante jueza inglesa (Emma Thomson) tiene que convencer a un inteligente joven de diecisiete años que sufre una fatal leucemia para que se haga una transfusión de sangre, y tenga dentro de lo posible una calidad de vida porque él s niega a dicho tratamiento puesto que al igual que sus padres es miembro de la secta Testigos de Jehová, y el dogma de esta institución se lo impide.

Según dice el chico que los "viejos" del grupo que sólo se valen de un supuesto sentido de autoridad pero sin ningún fundamento razonable ni  empírico le han enseñado de un modo rígido que la Biblia a la que esta entidad toma al pie de la letra sin tener en cuenta que sus preceptos que vienen de una ancestral época que nada tiene que ver con la nuestra y aún tuvieran una validez sin pensar en el salto cualitativo y evolutivo que la Humanidad ha dado a lo largo de su Historia, que la sangre es vida; la da Dios y por tanto sólo Él la puede manipular o quitar.

Por fin la jueza con una plastante lógica, y a la vez apelando a lo que más le gusta al adolescente que es la música y la poesía, y que en realidad ésto constituye su verdadera razón de ser - pues al ser en sí hay que potenciarlo al máximo-, ella logra que éste acceda a que le practiquen la transfusión de sangre.

Pero he aquí que cuando el chaval se recupera al menos por un tiempo, y que puede vivir por sí mismo sin recurrir a las indicaciones de los pelmazos"viejos" de la secta a quienes el concepto de persona les importa un rábano, dando vía libre a sus aspiraciones culturales, no solamente decide prescindir de aquel grupo y de su doctrina, sino que además se enamora de la madura e inteligente jueza por lo que la asedia sin cesar, ya que ella le ha enseñado a ser una persona libre, autosuficiente.

Pues es evidente que lo que importa por encima de todo, y de cualquier creencia, porque ésta siempre se desvanece en el tiempo, es el factor humano en el que va implícito un innato instinto vital, el cual anhela explorar, y realizarse por sí mismo más allá de cualquier doctrina de cualquier institución que se le quiera imponer, puesto que generalmente ésta va a contrapelo de la manera de ser natural  de dicho ser humano.

Sin duda el joven como emocionalmente y a través de la afectividad familiar estaba influido por sus progenitores, a la vez que debido a su corta edad no tenía una conciencia clara de las cosas, había seguido sin rechistar la doctrina de los mismos que eran miembros de la secta.

Pero por debajo de la bien educada apariencia de los padres del joven, es casi seguro que se escondía una tan pueril como enfermiza sensibilidad similar a la de mi amigo Fernando. Por lo tanto ésto  me lleva a pensar que hay un grave déficit de educación en la sociedad tan racional como afectivo. No se nos ha educado de acuerdo con nuestras posibilidades ni para conocernos a nosotros mismos, sino que más bien en base a un etéreo y vaporoso  sistema por un lado de aire religioso, y por el otro político-económico, por muy discutible que éste sea. He ahí el descontento del hombre común. Y uno se tiene que espabilar por su cuenta; convertirse en autodidacta, y no casarse con nadie si quiere ser verdaderamente libre de criterio personal.

Debido a este déficit de un apoyo emocional y realista en muchas familias y en la sociedad, hay una gran cantidad de gente en la ciudad de mente débil que busca unas referencias en las sectas a las que agarrarse como a un clavo ardiendo, las cuales lo primero que hacen como el lector ya sabrá, es practicar un lavado de cerebro a quienes ingresan en ellas, y convencerles de que no piensen, de que no analicen porque si lo hacen, si se hacen preguntas lógicas acerca de sus inconsistentes enseñanzas, el castillo de naipes en el que se sustentan se derrumbaría en un abrir y cerrar de ojos, al par que el recién llegado tiene que rendir pleitesía incondicional al carismático líder espiritual del grupo quien sobre todo ostenta un envidiable sentido de autoridad - pienso también en ciertos polìticos-; aunque detrás de dicha postura autoritaria no haya más que humo.

Como empaticé con el joven personaje de la película, yo también me enamoré de aquella estupenda jueza. Mas cuando llamé por el teléfono a Emma Thomson para ir a Londres y salir con ella, ¡ésta no me hizo ni caso!

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