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6 min
La senda más triste de Europa
Varios |
10.01.14
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Sinopsis

Un caso misterioso provoca que un periodista descubra otro muy similar ocurrido décadas atrás

Me enviaron a aquella ciudad lejana de nombre impronunciable a seguir los pasos de una noticia totalmente enigmática y que tenía en vilo prácticamente a todo el país.

Junto a mí se desplazaron otros periodistas, asi como expertos en ocultismo, médicos, forenses y científicos medioambientales. Éstos últimos  acudieron para comprobar el estado del aire, de la atmósfera de aquel lugar, por si algo insólito se estuviera produciendo.

La razón de esta alarma se debía a las continuas muertes que asolaban la comarca y que tenían como epicentro la capital de provincia a la cual nos dirigíamos con pocas precauciones, ya que desconocíamos a qué nos íbamos a enfrentar.

Ochenta y seis fallecimientos en nueve días según fuentes oficiales, y digo fallecimientos, aunque podría decir muertes en extrañas circunstancias, ya que aunque los forenses determinaron que todas se produjeron de forma natural, no es habitual que tantos decesos se produzcan fortuitamente en un corto espacio de tiempo y tan cerca unos de otros. Pero aquellos forenses lo tenían claro, algunos habían muerto de infartos repentinos, otros de enfermedades graves quizás ni siquiera diagnosticadas previamente, otros de muerte súbita…

La sociedad pensaba que se debía a alguna bacteria o plaga demoníaca, mientras los altos mandatarios decían que lo único que tenían sobre la mesa eran conjeturas.

Nunca sentí tanta presión sobre mi persona a nivel profesional por un caso de tal magnitud. Mi jefe me instaba a que preguntara a cualquier viandante, a que me adentrara en sus hogares y así sacarles información válida para que creciera el morbo que esta noticia había generado.

Quería que trabajase codo con codo con los demás periodistas pero asegurándome de que no me robaran ninguna exclusiva ni de que yo se las robase a ellos. Pretendía incluso que consiguiera documentación policial o declaraciones de los médicos allí presentes. Pero no conseguí nada que no fuese incertidumbre.

Me desesperé y comencé a investigar por mi cuenta, dejando de lado los consejos e imposiciones de mi jefe, pero pasaron los días y los meses y ya no hubo más muertes, lo que significó que la noticia perdió todo interés para la opinión pública y yo tuve que marcharme de allí con un absurdo reportaje inconcluso e inconexo; pero ese caso no se cerró del todo para mí como sí se había cerrado para el resto.

La solución ante este hecho la encontré rastreando en internet el nombre de un pequeño pueblo situado a escasos cinco kilómetros de donde mi jefe me había enviado para cubrir la noticia.

Era una crónica extraída del periódico de la universidad del lugar, el cuál rezaba:  “La senda más triste de Europa”.

Era un artículo de apenas seis páginas de un autor que firmaba solamente con sus iniciales. La única foto que aparecía adjunta era en blanco y negro y en ella aparecía una larga y empinada vereda en la que se apilaban cuerpos que parecían inertes y de diversas edades, desde niños hasta ancianos.

En aquel escrito pude comprobar que esa foto correspondía a un camino que comunicaba once o doce poblados en los que se habían registrado suicidios masivos en el año mil novecientos treinta y dos. Ni los familiares ni los vecinos de las víctimas supieron dar explicación alguna a lo que consideraron el acto más atroz que habían visto nunca.

Finalmente el artículo revelaba la teoría de la venganza entre unos pueblos y otros por disputas comenzadas años atrás por unas tierras; disputas que habían terminado con la muerte por inhalación de un gas tóxico esparcido por las parcelas de cultivo en las que la mayoría de esas víctimas mortales trabajaban junto a muchos de sus hijos menores de edad.

Pero en el tiempo en el que se produjo el suceso no había suficientes medios para investigar las causas exactas y dado a que no aparecían síntomas de violencia física o agresiones, ni tampoco signos evidentes de enfermedad a primera vista, se determinó el suicidio voluntario por la ingesta de algún tipo de veneno como causa de las muertes, debido a un supuesto malestar colectivo derivado de esas continuas disputas que se acrecentaron a lo largo de los años y que empeoraron la situación mental de todos ellos, llegando incluso a sufrir arrebatos de locura.

El autor se hacía eco casi cincuenta años después de la investigación llevada a cabo al reabrir el caso y descubrir realmente qué pasó, quedando así como definitiva la acción del gas mortal como artífice de esas muertes (y no el suicidio) sin llegar a conocer al culpable o culpables materiales, imposible de averiguar pasadas tantas décadas.

Lo curioso del suceso es que no apareció en ningún medio de comunicación salvo en este trivial periódico. A nadie le interesaba ya esa historia añeja, de ahí el titular “La senda más triste de Europa”, triste por lo que pasó y triste por el olvido de esas muertes.

Tras leer todo ésto me desanimé. Seguramente era mera casualidad. No sabía si el hecho acontecido entonces tenía algo en común con el que se había producido recientemente.

Dudaba en seguir adelante, en plantear un nuevo reportaje a mi jefe, o a lo mejor el que me estaba volviendo loco era yo.

Finalmente lo dejé estar. Si el caso dejó de interesar entonces, ahora ya no tendría sentido conjeturar y especular más.

Sigo con aquel artículo guardado en el cajón de mi escritorio por si en un futuro retomo mis intenciones de seguir investigando. De momento esta segunda senda triste quedará en el olvido tal como le ocurriera a la primera, pero desde luego no en mi olvido.

Todas las noches me hago las mismas preguntas: ¿Cómo es posible que todas las muertes del segundo caso se clasificaran como muertes naturales?¿Por qué no se pidió una segunda opinión profesional? ¿Había alguna otra intención oculta detrás de todo este asunto?¿Existía algún culpable al que pretendieran encubrir?¿Por qué en años posteriores no se rememoró el trágico suceso? ¿Por qué hay tan poca información de aquel primer caso tan similar?¿Podría ser que alguien hubiese matado a esas ochenta y seis personas para que alguien como yo rebuscara en los archivos y sacara a relucir el pasado?...

 

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Licenciada en Historia del Arte. Apasionada de la lectura y aficionada a la escritura.

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