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20 min
La sonrisa rota 1
Suspense |
07.09.12
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Sinopsis

Este relato va dedicado a Notley. Como verás, incluir diálogos alarga la clase de relatos que escribo. Este incluye diálogos y usa la tercera persona. El que sean largos hace que muchos no los lean. Pero bueno, el caso es disfrutar con lo que se escribe y yo lo hago.

Se llamaba Eulogio, pero todos le llamaban Netan. No recordaba muy bien de donde se habían sacado el apodo, solo que se lo pusieron sus compañeros en la fábrica de plásticos donde trabajó varios años en el turno de noche. Netan por aquí y Netan por allá. Y con el apodo se quedó.

Hacía años de eso. No tenía recuerdos agradables de aquella época. Una etapa gris de su vida. Sueldo escaso, una existencia monótona junto a Paqui y escasas expectativas de cambio. Trasegaba cerveza y ginebra con limón para mitigar su melancolía. Paqui también se cansó de la opacidad de sus días y se marchó un buen día con su monitor de gimnasia, que gustaba de edulcorarse la existencia en brazos de la pasión. Algo, para ella, mucho mas atractivo que los vahos alcohólicos con los que Netan regresaba a casa, para dejarla casi siempre a dos velas en las lides amorosas.

Netan se resignó y cambió su trabajo en la fábrica de plásticos por otro en una contrata de limpieza que trabajaba para el ayuntamiento. No por nada en especial, sino porque quería romper vínculos con su existencia pasada. Conducía una máquina que limpiaba las calles arrojando agua y frotando el pavimento con unos rodillos. De vez en cuando paraba, bajaba, y se fumaba un cigarrito.

Así fue como conoció a Berto, un tipo cordial y simpático, portero de un garito donde solían juntarse trabajadores del bingo al finalizar la jornada. Charlando mientras le daban al humo. Berto era de Caceres, trabajaba en la seguridad privada y era aficionado a las pesas. También a la farlopa, pero eso no lo averiguaría hasta después. Netan no quería saber nada de gimnasios, sobre todo tras su separación, pero la naturaleza le había dotado de un cuerpo atlético y un metro ochenta de estatura. Y a Berto le pareció un candidato adecuado para entrar a formar parte del mundo de la seguridad privada. Nada de seguratas, le dijo. Un amigo suyo tenía una pequeña empresa que daba protección a personajes importantes. Jeques árabes en sus viajes de recreo a Marbella y algunos peces gordos de las finanzas madrileñas. Muy bien pagado. Mucho tiempo libre, pero dedicación al completo durante los días laborales.

Netan no se lo pensó dos veces. Se preparó, sacándose el título de vigilante y luego el de escolta, necesarios para desempeñar legalmente sus funciones. No por nada, le dijo Berto, pero si pasa algo y hay que partirle la cara a alguien hace falta tenerlo. Durante un par de años estuvo a caballo entre Marbella y Madrid. Pero su vida cambió radicalmente. Disponía de pasta larga y de nuevos amigos que se encargaron de enseñarle lo fácil que resulta dilapidar el dinero. Pero aunque le mostraron un mundo desconocido para él, no sucumbió a les tentaciones que se ofrecían. Al contrario. Consiguió alcanzar una estabilidad emocional de la que hasta entonces había carecido. Moderó su consumo de alcohol y dejó de fumar. A veces se dejaba arrastrar por las juergas de sus compañeros y hasta tomaba alguna rayita, pero muy ocasionalmente.

No le desagradaba la soledad. En realidad se sentía mejor de lo que se había sentido en toda su vida. Desarrolló dos aficiones, la fotografía y las visitas al Cielo Azul. Fotografiaba todo lo que le parecía interesante, pero se decantó por las catedrales, iglesias y ermitas. Se compró un todo terreno, no uno de esos modernos híbridos, sino uno auténtico, y rodaba en sus días libres por caminos y carreteras en busca de edificios religiosos para atraparlos en su cámara digital.

El Cielo Azul era un club de putas con servicio de habitaciones, pero de cierto caché. También contaba son servicio de restaurante y discoteca. Le habían llevado hasta allí Berto y sus colegas en una noche de farra. Se acomodaba en la barra y contemplaba a las bellas mujeres en su ir y venir en busca de su peculio diario. Usaba de sus servicios una vez por semana y el resto de los días se limitaba a beber lánguidamente una cerveza mientras las soñaba con su mirada. Su carácter afable, el respeto que las mostraba y su buena presencia le granjearon poco a poco las simpatías de trabajadores y prostitutas. Hasta Lorenzo, el encargado de que todo aquello funcionara en perfecta sincronía, solía invitarle a cervecita. Y, como no, el afecto de los gorilas encargados de la seguridad.

Un día descubrió a Silvia. Le gustó el gracejo de su acento argentino, la intensidad de sus ojos negros y la luminosa sonrisa que le dedicaba cuando empezaron a pillar confianza. Era una morena preciosa, de veintiséis años, que había llegado a España huyendo de un pasado turbio y que encontraba en la prostitución una manera de hacer dinero rápido para montar un negocio de hostelería, una casa rural. Ya la había ejercido en Argentina, pero allí solo se trató se supervivencia, cuando el negocio de su familia se evaporó con la crisis económica. A su llegada empezó a trabajar en la limpieza, pero a través de una antigua compañera de oficio encontró la Organización, como ella la llamaba, y las posibilidades que ofrecía para una mujer de sus cualidades físicas. Como en todos estos negocios la parte del león se la llevaban ellos, pero aún así sacaba al mes una cifra que en ningún trabajo “decente” podría conseguir. Y como era estricta en el manejo del dinero confiaba en que llegando a los treinta se pudiese retirar. Esa fue la historia que le contó.

Poco a poco se creó entre los dos un clima de afecto y complicidad. Ella dejó muy claro desde el principio que no quería saber nada de amor, que no deseaba unirse emocionalmente a ningún hombre. Netan lo aceptó tal como venía, pero sin poder evitarlo se enamoró. Aunque se cuidó muy bien de decírselo, no deseaba perder su compañía. Cuando sus días libres coincidían, y ella se tomaba los imprescindibles, solo para poder desconectar, salían por ahí y después se refugiaban en casa de Netan, donde charlaban encandilados y se dejaban llevar por la pasión.

Pero un día Silvia salió a su cotidiana labor de seducción con la cara cambiada. Vestía un top negro sobre el que se marcaban sus pezones y una faldita corta que dejaba ver el inicio de sus deliciosas nalgas, del mismo color. Sin embargo la sonrisa habitual que mostraba a los clientes, aunque fuese fingida, escondía un gesto de preocupación que no pasó desapercibido para Netan. En cuanto pudo la invito a una copa, que en el trabajo había que guardar las formas. Le preguntó que la pasaba, pero ella intentó soslayarle cambiando de conversación. Él estaba dispuesto a averiguarlo, pagó el servicio de habitación. Allí, los dos solos, ella no pudo sostenerle la mirada. Y rompió a llorar refugiándose en sus brazos.

Netan acunó su carita linda entre sus manos y besó aquellos ojos negros cargados de lágrimas que tanto adoraba.

—Venga, si lloras no podré enterarme. Sentémonos y cuéntame qué es lo que ocurre.

Silvia se dejó llevar dócilmente a la cama, intentó calmarse y comenzó a hablar sin mirar hacia ninguna parte, con los ojos perdidos en algún lugar más allá de la pared de la habitación.

Cuando se vino de la Argentina, para poder pagarse el pasaje, empleó un dinero que no era suyo. Sabía donde guardaba el dueño del club donde trabajaba la recaudación y tomó el necesario para pagarse el pasaje. No pensaba que volvería a encontrarse con él. Hacía un par de días, un sicario que conocía de allá la abordó en la barra. Su antiguo jefe, el Chino, estaba en España y quería cobrarse la deuda. Ella se mostró de acuerdo, tenía dinero y podía pagar. Concertaron una cita en un restaurante y llevó el dinero, pero el Chino lo despreció. No quería su dinero. Según él, se habían generado unos fuertes intereses sobre la cantidad apropiada y quería que se los pagara prestando sus servicios en un selecto club ubicado en un chalet que acababa de inaugurar. Y eso significaba abandonar sus sueños de independencia y volver a caer de nuevo en sus redes. El chino no era bueno, no la dejaría ir así como así. Volvió a perderse en el llanto.

Netan no estaba dispuesto a perderla. La abrazó, la consoló y la prometió que él se encargaría. Que hablaría con el Chino y que todo se solucionaría. Silvia le dijo que era mal tipo, peligroso, que no era tan fácil.

—Yo también soy peligroso —aseguró Netan llevado por su afán protector.

Pero no tenía idea de que podría hacer. Portar una pistola no era garantía de nada. Aunque nada iba a perder por hablar con el tipo. Lo intentaría, con todas sus fuerzas. El también tenía unos ahorros, quizás juntando los de ambos podría liquidar la deuda. En cualquier caso una entrevista no podía perjudicar a nadie. La dijo que no se preocupara, que él se encargaría. Lo primero, hablar con el Chino. Silvia le miró con ojos agradecidos y rompió en llanto nuevamente. “Que bueno eres conmigo. Nadie me trató nunca como tú” Netan sintió como se abría su corazón. Si lo que ella sentía no era amor se le parecía bastante. Si jugaba bien sus cartas quizás llegara a amarlo.

Las lágrimas se convirtieron en besos, los besos en caricias y las caricias en pasión. Navegó desesperado sobre aquella piel que lo enloquecía. Ella le respondió con la misma desesperación, nunca la había visto así. Una entrega sensual y abrasadora. Se amaron como si fuera el último día. Netan no terminaba de creer lo que estaba sucediendo, Silvia convertida en un volcán que estallaba entre sus brazos, entregándole con ardor todas las posibilidades de su espléndido cuerpo. Aquella noche ella fue más bella, más generosa, más sublime que nunca. Los gemidos y los éxtasis se adueñaron de ellos suspendiéndolos en el tiempo, la vida envolviéndolos con frenesí. Durante unas horas solo fueron uno. Nada más.

 

Concertaron la cita en un restaurante vasco de Moncloa. Un sitio pequeño, coqueto y entrañable, amenizado por un piano. El chino debía su apodo a sus ojos rasgados, supuso Netan. Se presentó acompañado de un par de matones que salieron fuera después de que él se hubiera sentado a la mesa. Vestía correctamente traje de Tucci, nada que le identificara con su condición de proxeneta. Sonrisa cordial y gestos amables, aires de ejecutivo. De nombre Carlos, entrados los cincuenta. Le habló de usted, con un acento mucho menos marcado que el de Silvia.

Pidieron una selección de ibérico de primero y unas cocotxas al pil pil con gulas y setas de segundo. Para beber Tio Pepe y un Protos. Charla intrascendente al principio, algo sobre restauración, algo sobre la formula uno. El chino llevaba la conversación y Netan asentía, intercalando alguna observación a la espera del descarte, intentando estudiarlo. Quizás un leve destello de crueldad en sus ojos que siempre se difuminaba en su sonrisa. Uno setenta, ojos castaños y pelo cortado a navaja, con matices blancos que le daban cierta distinción. Rasgos suaves, solo definidos por la leve voluntariedad de su mentón. El momento llegó después del ibérico, mientras bebían fino a la espera de las cocotxas.

—Y bien —dijo el Chino—, ahora ocupémonos del asunto que nos trajo hasta aquí. Me dijo Silvia que tenía una proposición que hacerme.

Netan fue directamente al grano.

—Quiero saber su precio. ¿Qué cantidad se precisa para comprar su libertad?

El Chino esbozó una sonrisa. Nada de burla en ella. Condescendencia y amabilidad.

—No se trata solamente de una cuestión de dinero, quiero que lo comprenda. En su momento me hizo daño. ¿Acaso no le contó que era mi favorita? Bebía los vientos por ella y quebró mi confianza. Hirió mi amor propio. Además, abrió una vía para que otras compañeras suyas me traicionaran.

Netan apoyó los codos sobre la mesa y cruzó las manos, apoyando su barbilla sobre ellas.

—Puedo entenderlo. Pero todo tiene un precio, ponga el suyo.

El Chino paladeó un trago de vino antes de contestar.

—Muy cierto, todo lo tiene, pero dudo que usted pueda pagarlo. No se ofenda, por favor, no trato de vilipendiarlo. Tiene que comprender que no es solo un asunto de dinero. Pero siempre hay caminos, que duda cabe. Somos personas civilizadas, no matones de barrio.

Netan desconfió.

—Usted dirá.

De nuevo su sonrisa encantadora.

—Soy un hombre de negocios, mi empresa se ocupa de diferentes sectores. Nunca le hablé a Silvia de ello puesto que no venía al caso, pero es así. Y desde un principio supe donde paraba ella y con quién. De hecho, el lugar donde trabaja también está vinculado a mi empresa. Que no es mía, por cierto, yo solo soy un miembro de la dirección. Como su desempeño nos era satisfactorio dejé correr el asunto a la espera del momento adecuado para pasar la factura —bebió otro trago de vino y prosiguió—. Lo cierto es que en principio pensé en dejarla montar su ansiada casa rural y luego adueñarme de ella, dejándola de encargada. Como verá, solo son negocios. En ningún momento se me ocurrió emplear la violencia. Pero entonces apareció usted. Le investigamos, como es lógico. Nuestros recursos son amplios. A ella podrá engañarla, pero yo sé mucho de la vida y comprendí que se había vuelto muy importante para usted. Y mire por donde, descubrí algo que nos podía satisfacer a todos. La libertad para Silvia, el amor para vos —se rió como un niño travieso—. Disculpe, no trataba de burlarme —a continuación.

—No hay problema —espetó Netan—. A mi me da igual como me hable.

—Ya —otra vez el leve destello de crueldad en su mirada, de nuevo diluido por su sonrisa—. Pero a mí no. La disciplina es necesaria. Usted lo sabe mejor que nadie, por la naturaleza de su trabajo. Pero volvamos a nuestro asunto. Como le decía, descubrí el camino que podía satisfacernos a todos. Moral y económicamente.

Netan le miró fijamente a los ojos.

—¿A que se refiere?

—Usted trabaja para Luis Rovirosa. Y él tiene algo que le interesa a nuestros socios y que usted puede conseguir.

No pudo evitar un respingo interior. Luces rojas invadiendo su mente.

—Pues no sé. Solo soy su escolta.

Ojos escrutadores en el rostro del Chino.

—Deseamos el cuadro de Cezanne. La sonrisa rota. Y usted puede ayudarnos a conseguirlo. Sin riesgo alguno por su parte, solo necesita desactivar la alarma durante quince minutos. Media hora, a lo sumo. Ni siquiera tendrá que hacerlo personalmente, aunque tendrá que decirnos como se hace. Usted, mientras, estará en otra parte, con una coartada irrefutable.

A las lucecitas rojas se incorporaron sonidos de sirenas, lo acababan de hacer participe de sus planes. Negarse de plano acarrearía consecuencias, de fijo. Peligraba su vida. Pies de plomo y una terrible duda. ¿Estaba Silvia involucrada?

—No entiendo de electrónica, no veo la manera de conseguirlo. Además, siempre hay gente en la casa. Cámaras y perros. El jardinero y su mujer, la cocinera, apenas se mueven de allí. Y tienen dos hijos.

Sonrisa condescendiente del Chino.

—Nadie saldrá herido. Como comprenderá, no habríamos iniciado ningún movimiento sin tenerlo todo planeado. No deseamos muertes que compliquen el robo, no es nuestro estilo.

A saber cual era su estilo, pensó Netan. El de una serpiente enroscándose alrededor de su víctima. Y dudaba mucho que les importase matar. Pero bueno, tenía que saber más.

—¿Y de que forma puedo ayudar yo? —preguntó—. Como he dicho, no tengo ni idea de electrónica.

—Pero conoce a quien si sabe. Uno de sus amigos, Ricardo, se dedica a ello. Debe dinero, colaborará. Él también tendrá una coartada incuestionable.

Lo tenían todo pensado. Estaba en un nido de víboras. Y las sospechas, sin duda alguna, apuntarían hacia ellos. Necesitaba salir de allí y pensar.

—La policía no es tonta. Sospecharán del equipo de seguridad. Cuando se lo proponen, saben como incordiar. Nos harían la vida imposible.

—Ese problema también lo hemos considerado. Podemos asegurarle que no insistirán demasiado. Hay dinero para todos y todos recibirán. Para su tranquilidad le diré que el montante de la operación lo tenemos estimado en cuatrocientos cincuenta mil euros. Tan solo una pequeña parte del valor cuadro. Usted percibirá sesenta mil, al igual que su amigo. Silvia algo más, para que emprenda su negocio. No necesita saber más, solo que todos recibirán su parte. También Rovirosa. El coste lo asumirá la compañía de seguros. Una compañía importante, para la que significará no más que un pequeño rasguño. Todos quedaremos satisfechos. Ese siempre fue nuestro lema, el que nos hizo triunfar. Y para cubrir totalmente las apariencias recibirá su paga en forma de billete de lotería premiado, Hacienda tampoco sospechará. Su amigo en deuda liquidada, inescrutable.

—Solo hace falta que Ricardo colabore —espetó Netan—. Y eso no lo tengo tan claro.

Sonrisa maliciosa del Chino. El tipo gastaba todo un muestrario de sonrisas.

—Compramos su deuda, le urgiremos el pago. No se preocupe, para él será como una tabla de salvación. Lo tenemos todo calculado.

Netan apuró su copa de vino.

—¿Y si lo tienen en sus manos, que pinto yo en esto? Pueden hacerlo sin mí.

—Podemos —aseguró el Chino—. Pero no deseamos tratar directamente con él, es demasiado avaricioso y lo podría estropear. Es mucho mejor así. Además, esta Silvia. En usted podemos confiar.

Silencio espeso, que rompió el Chino atacando las cocotxas que acaban de llegar.

—Deliciosas. Coma, son un manjar. Dejemos de lado los negocios ahora y demos gusto al paladar.

 

Durante los siguientes días Netan apenas pudo dormir. No volvió a ver al Chino, las instrucciones le llegaban a través de Silvia. Pero su cabeza era un hervidero de dudas. ¿Era todo tal como se lo habían contado? ¿O había algo más? ¿Silvia era un cebo? ¿O solo una víctima más? Estudió sus reacciones. Participaba, pero no parecía hacerlo complacida. En realidad, no dejaba de mentar a la madre del Chino. Pero podía ser una pose. En la cama, continuaba siendo genial.

Pero quedaban muchos cabos que no terminaba de atar. ¿Tan vulnerable era la policía, que a cualquiera podían sobornar? No terminaba de verlo claro. Pero poco podía hacer, lo tenían, a través de Silvia, en sus manos. No solo porque estaba seguro de que sus vidas penderían de un hilo si los traicionaba, sino porque no sabía casi nada de ellos, todo pasaba por Silvia. Y no sabía como reaccionaria si le proponía delatarlos.

Tal como auguró el Chino Ricardo se dejó seducir con facilidad. Aceptó el trato. Le citaron en la sierra madrileña, lejos de miradas curiosas, un día entre semana. El individuo encargado de manipular la alarma se presentó disfrazado con barba y gafas oscuras. Imposible reconocerle. Eso si, entendía de electrónica y conocía a la perfección los mecanismos de las alarmas. Pero no era español, tenía un ligero acento. Del este de Europa, dedujo Ricardo. Aunque poco le importaba. Netan apuntó el detalle en su mente, por si alguna vez llegaba a necesitarlo.

Silvia dejó de ejercer en el Cielo Azul. Pero Netan siguió apareciendo por allí, siguiendo instrucciones del Chino. Ella alquiló un apartamento en la zona de Quevedo y no volvieron al piso de Netan. Así transcurrieron tres meses. Ella era una delicia, en todos los sentidos. No terminaba de entender que una mujer como así se hubiera visto rebajada a ejercer la prostitución. Pero la vida era dura. No hablaban de planes juntos, aunque cuando ella soñaba en cómo pensaba decorar la casa rural le incluía a él en los proyectos. Y eso llenaba el corazón de Netan de esperanza. Quizás, con un poco de suerte, si nada salía mal, podrían construir una vida juntos.

Netan se coordinaba con su otro compañero de escolta para poder tomar varios días seguidos. Trabajaban por semanas. De manera que tenía dos semanas enteras libres al mes. El chino le envió dinero para que reservara un viaje a Grecia. Pasaje de ida y vuelta y estancia en hotel de cuatro estrellas. Silvia también iría, pero por otros cauces. Nada anormal en la vida de Netan, que gustaba de conocer lugares nuevos. Sus últimas visitas habían sido a Egipto y Bulgaria. El golpe se llevaría a cabo durante su viaje.

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  • Buena narración. sigue así
    Escribe tus comentarios... Me gustó Ender, y te agradezo que me lo hayas dedicado, aunque no creo merecerlo. Tu estilo de narrar sigue siendo magnífico, con o sin diálogos, muy buenos desde luego, la historia atrapante. en cuanto me sea posible me leeré la segunda parte, porque es casi una novela. Muchos Saludos
    Intrigante, muy elegante tu forma de narrar. Pareces profesional, en tan pocas líneas has desarrollado una historia perfecta, a por la segunda parte.
    Me encanta la trama y la construcción de los personajes. Por cierto, muchas gracias por tus valoraciones y comentarios, ¡me dan mucho ánimo!
    Lo he disfrutado. Una novela corta excelentemente narrada, con tolos los ingredientes del género negro. Eres un maestro. Un saludo.
    Leí estas lineas y recuerdo no haber dado mi puntaje, me gustó espero que exista más. Saludos. Gracias por tus puntuaciones y comentarios me ayudarán de mucho. Espero tener acceso al resto del manuscrito de Karmadeus mañana, pues mi lap no tiene carga, ni cargador. Gracias. Un abrazo desde Sinaloa, Mex.
    Uf, amigo ender, antes de ponerme a leer uno de sus relatos apago el celular, cierro la puerta y me concentro porque sé que estaré un buen rato sentado, pero vale la pena el ritual porque tu musa no tiene desperdicio y cada obra tuya es un mangar intelectual.
    Jejeje, a mí me gustan las lecturas largas! Me ha encantado esta primera parte, voy a por la segunda. El robo de un cuadro (nada menos que un Cezanne) y el amor como motor que impulsa a cometer locuras. ¡Me encanta!
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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