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4 min
La terminal
Amor |
26.06.14
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Sinopsis

Cuando dos personas que esperan, no están esperando lo mismo.

La espera provoca un vacío que dan ganas de llenar, por eso cuando la gente tiene que esperar, lee, come, fuma, platica consigo misma o si se cae muy gorda, platica con alguien más; el chiste es ocupar con algo ese espacio que queda en los minutos sin usar. A los que no nos gusta esperar, nos viene mejor hacer que nos esperen, pero aquella mañana de sábado, por primera vez llegué antes que él.   Habíamos quedado de vernos en la terminal para tomar un camión al rancho de sus abuelos. En los dos años que teníamos juntos me había pedido que lo acompañara un montón de veces, y en cada una de ellas yo encontraba la manera de aferrarme a la ciudad: la tesis, las alergias, el clima, miedo a las ardillas, cualquier pretexto era bueno para evitar un fin de semana en cautiverio con su familia; sin embargo, por mucho que me resistí, a un hombre como Nacho no se le puede decir que no tantas veces.   Nacho era el novio ideal. No había quien no lo encontrara simpático, amable y encantador, y aunque no era guapo, tampoco tenía de esa fealdad punzante que lastima sólo de verse. En mi familia lo consideraban un hombre de bien y Nana Gladys lo adoraba, -“Nachito, tan papachito”- le decía antes de darle un abrazo inapropiadamente apretado. Nacho siempre me escuchaba, me cuidaba y se interesaba por todo lo que ocurriera en torno a mí. Sin excesos, ni cursilerías diario me demostraba que no había persona en el mundo que le importara más que yo, y cuando alguien hace eso por una, no hay manera de negarle algo sin sentir que se está cometiendo un crimen.   En las últimas semanas el asunto de la visita al rancho había sido pleito recurrente, bueno, no pleito, más bien discusión, porque con él no se peleaba, se discutía, o sea, se hablaba una y otra vez de la misma cosa hasta que de tanto repetirla el aburrimiento se volvía más agobiante que la propia discusión.    Así era Nacho, prudente y sensato. No podía sacar el enojo como la gente normal: con gritos, azotones de puerta y platos rotos; prefería pasar cuatro interminables horas hablando de asuntos que para mí se podían resolver con media hora de apasionados gritos y otras dos horas de apasionada reconciliación   Lo que más nos hacía discutir era que lo hiciera esperar, así que para no empeorar lo malo empezándolo de malas, me esforcé por llegar a tiempo. Quizá Nacho pensó lo mismo y se retrasó intencionalmente para no tener que esperarme.   En la terminal el tiempo pasaba lento, como si la distancia entre mi espera y su llegada se estuviera espesando. Se sentía como una densa niebla a punto de cuajar; una parte de mí quería huir, la otra quería rendirse ante la asfixia. No sabía qué hacer, quería que Nacho fuese feliz, pero me pesaba que entendíeramos la felicidad de forma distinta: Él era feliz al visitar a su familia con su novia, mientras que yo era feliz cuando no tenía que esforzarme en hacer feliz a nadie.   Dicen que el amor puede con toda diferencia, pero a veces dudaba que Nacho y yo nos amáramos. Creo que él no me amaba a mí, si no a la idea de amar a alguien; porque eso hacen los hombres de bien, se enamoran de unabuena mujer. En cuánto a mí, no sabía si lo amaba y esa incertidumbre era la que nos hacía incompatibles porquelas buenas mujeres están hechas de certezas, no de dudas. Más que amor, lo había entre nosotros era tiempo: Los años de conocernos, los días compartidos, las horas de esperarnos...     Uno de los dos tenía que ponerle fin a la espera antes de que los años se hicieran décadas y las décadas, una vida... cuando Nacho por fin llegó, yo ya había salido de la terminal. Desde lejos lo vi esperarme por última vez y me fui; ahora sólo espero no arrepentirme por no saber esperar. 
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  • Me llevó hasta el final sin respiro. Buen relato. Mucho para pensar sobre el ser humano, sobre sus certezas frágiles y dudas tan a flor de piel.
    Wuao...profundo pero exacto. Me encanto.
    Me parece encantador y muy bien escrito. Me ha gustado muchísimo.
  • Una historia ambientada en los 90's que narra desde la perspectiva de una niña el esfuerzo de sus padres por enfrentarse a la tecnología.

    Cuando dos personas que esperan, no están esperando lo mismo.

    La madrugada es un lugar en el que cualquier cosa puede pasar, pero las cosas que sobreviven a la madrugada son las que nos gustaría que se quedaran para siempre...

    La bici verde y yo estuvimos saliendo un par de años. Íbamos juntas a la papelería y la tienda y nada más, porque mi mamá no me dejaba ir más lejos. Un día de aquellos, andaba por el parque dando vueltas cuando de repente un pedal de la bicicleta se venció y caí en un arbusto frente al niño que me gustaba (...) Ese mismo día la arrumbé en el patio de servicio y dejé que el óxido y las telarañas cobraran mi venganza...

Escribir aún no me da para vivir, pero sí evita que me mate, o mate a alguien >:)

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