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6 min
¡ La tierra no es redonda !
Fantasía |
06.04.13
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Sinopsis

Qué razón tenían los antiguos. La tierra es plana , tiene fin. En este relato , las cartas de navegación para saber dónde está y cuánto se tarda en llegar al abismo del fin del mundo.

Los antiguos sabían que la tierra es plana y que hay un precipicio al final del mar donde los marinos que viajaban en esa dirección naufragarán de manera inexorable. Nadie sabía dónde estaba y nadie sabía cuánto días de navegación hacia el Oeste eran necesarios para llegar a ese abismo, porque nadie se atrevía a navegar con este rumbo mas allá de donde alcanzaba la vista de la costa.

Y hoguera por brujería a quien dijera lo contrario, que los había, con extrañas teorías de círculos, esferas y órbitas.

Yo siempre creí que era así, que plana la tierra, un precipicio remataba su extremo por el mar. Buen cristiano y hombre de razón, no habría quemado a nadie por sus raras terorías de esferas, pero tampoco habría puesto la proa de mi nave hacia el Oeste mas allá de donde la vista alcanzara la costa.

Un día encontré en un arcón abandonado en la playa con un singular mapa. El mapa dibujaba la tierra sin un final en el extemo del mar. De una extraña manera se alargaba como curvándose sin referencia a los precipicios de mis viejos y bien conocidos atlas. Abosorto en la lectura de esta difícil carta se me acercó una hechizera que me indicó que ese mapa era sólo para los elegidos y me ofreció a beber un elixir que me permitiría ver incluso mas secretos no desvelados a otros marinos y entender el mapa en su intrincada curva. Un elixir que que al beberlo haría que también apareciera ante mis ojos, en el mapa,  el punto exacto  donde se situaba el paraiso del Oeste, oculto a todos y cuantos no tuvieran el mapa y sólo visible para los elegidos a beber el elixir, es decir, a mi.

Me aferré a mis convicciones, soy un gran marino y sé que el mar tiene un extremo. ¿ Cómo puede un elixir cambiar un mapa ? Es un simple papel. No la creí y rechazé el elixir con incrédulo desdén.

La hechizera me retó a comprobarlo y para probarle mi razón lo bebí finalmente, excéptico a que se produjera esa fantasiosa visión al hacerlo.   ¡ Por todos los Santos!   ¡ Un paraiso al Oeste  apareció nítido y claro en el mapa ! y se podía llegar a él y no había un precipicio rematando el mar, sólo era cuestión de navegar y navegar, valor y esfuerzo que a mi me sobraban.

No tarde mas de un día en enrolar, arbolar y zarpar.

Cuando volvía la vista atrás veía alejarse las montañas de mi tierra, las veía cada vez mas pequeñas hasta que las fué tapando la línea azul de horizonte. También se fueron ocultando los muros de mi castillo, el mar los tapaba a medida que avanzaba. Ya estaba mas allá de lo conocido, rumbo al paraiso.

Buen viento y con buen ánimo seguí navegando sin temor al fin del mar, ya no creía en el fin de la tierra y el elixir que bebía cada día me dejaba ver mas claro y mas cercano el paraiso del Oeste.

No importarán las tormentas ni los desperfectos del casco por el oleaje, las unas se atraviesan los otros se reparan.. Días de sed, días de calma chicha sin avanzar, vías de agua que nos hacían tambalear el ánimo, no importaban tampoco, lo arreglamos, lo sufrimos y lo soportamos. Siempre venían otros días copiosos de agua dulce y mejor viento y se olvidaban los pesares y siempre rumbo al paraíso del Oeste sin miedo al final. Ya nunca miré atrás, ya no vería ni las montañas de mi tierra ni los muros de mi castillo.

Era el marino afortunado, el elegido por la hechizera. ¡¡¡¡ La tierra no tienen fin !!!! Navegaba hasta el paraíso del Oeste.

 

Una noche, las estrellas que me guiaban se tambalean y cambian su posición, en extrañas constelaciones que nunca antes dibujaron.  Todo se mueve de manera caótica, oigo el chasquido de las cuadernas quebrándose, miro al cielo buscando norte y ya no encuentro guías que me orienten.

¡¡¡ El cielo no puede cambiar !!! ¿ Qué está pasando ?

Intento salir de la confusión , pero no puedo, ni el viento tiene rumbo, ni el timón responde a mis brazos y del cielo ha desaparecido el orden de las estrellas.

Llamo a mi tripulación , nadie responde  ! Todos se han ido !.  Me he quedado solo, confuso ¿ Estoy soñando ?

Miro atrás , instintivamente, buscando mis montañas y los muros de mi castillo, pero ya tampoco  están, hace mucho que no están, se los tragó el mar que surqué hace tiempo. Cegado por el embrujo del elixir,  los enterré yo con ese ese azul inmenso que también yo mismo puse entre medias.

Miro hacia adelante y veo el precipicio. Es real, real e inexorable, el mar tiene fin y ahora estoy sólo frente a el, siempre estuvo ahí , esperando a devorar a los locos navegantes que quisieron llegar al paraíso.

 

 

El paraíso es sólo para Dios y los hombres que tratan de ocuparlo navegando hacia el Oeste tienen como castigo el abismo donde les espera el diablo para recordarles que son hombres y que ya se les dió el privilegio de sus montañas y sus castillos, los cuales no debieron abandonar para ocupar un pariso que sólo es de los dioses.

La tierra no es redonda. Para los hombres, todo tiene su fin y fueron siempre ciertos los mapas de los antiguos que marcaban el extremo del mar.

Hermanos marinos, nadie sabía dónde estaba el fin del mar ni los días que se tardaba en llegar. Ahora yo sí lo se y os lo diré. Está en el punto del cielo en que las estrellas se van y se llega el día después del que la tripulación ta ha aboandonado y te quedas solo.

No queméis a nadie por decir que la tierra es redonda, pero cuidaos de las hechizeras y sus elixires y embrujos, y mas de los mapas mágicos - falsos todos como las mentiras del diablo - que os prometan un paraiso en el Oeste en una viaje sin precipicio.

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