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8 min
La trágica historia de amor de Urías y Betsabé
Drama |
16.02.17
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Sinopsis

Basado en un relato del libro de Samuel 2, que se encuentra en la Biblia, y me dejó regulando

Hubo una vez un soldado que sería llamado extranjero… compañero, amigo, hermano.

Apareció en tiempos de persecución junto a hombres tan desdichados y pobres como él, y en la cueva de Adulam recuperó la vida que hasta allí no sabía que por derecho le pertenecía. Pronto se sometió de corazón a aquel líder que le enseñó a combatir y vencer gigantes. Su jefe se llamaba David. Destinado a ser rey, según le dijeron, y admirable en todos sus hechos.

Batallas de espada, lanza y jabalina. Miles de rostros distintos desplomándose ante ellos: gesuritas, gezritas, amalecitas, filisteos, amonitas y sirios. Todos fueron vencidos por aquel ejército que cada día se fortalecía más. Para cuando David llegó al trono, el soldado ya había sido llamado extranjero, compañero, amigo, hermano, pero sobre todo: valiente. Ese fue el titulo con el que mejor le conocieron. Distinguido entre los treinta soldados más heroicos del ejército por su lealtad y coraje llegó a ser parte de la guardia Real.

Siendo un joven vagabundo, en la época que para el pueblo israelita solo representaba uno de los últimos e inofensivos descendientes de la raza hetea: Urías tuvo un encuentro trascendental. Ocurrió en el pozo del anciano Eliam, acercándose tambaleante tras largo caminar. La costumbre de aquellas regiones mandaba siempre atender al peregrino como a un invitado de honor. Al principio pensó que sufría el engaño de su mente desorientada; no obstante, casi derrumbándose frente a la muchacha que le miraba atenta y sin temor: descubrió que el amor a primera vista era posible y él se hallaba en el lugar al que siempre quiso llegar. Entretanto, apiadándose del viajero ahora desmayado, la joven le vació su cántaro encima para reanimarlo.

La llamaban Betsabé. Séptima hija del anciano Eliam y doncella en tiempo de desposorio. Su cabello dorado como el oro puro y como clara miel el cobre de su piel suave. Su figura cual gacela del campo, delicada en su andar y veloz en su alma. Los ojos verdes, gitanos, y la mirada dulce como sonido del arroyo en primavera. Toda ella hermosa, más que cualquier otra. Él, moreno y de espalda ancha, la fiereza en el rostro y los pies descalzos. Salvaje cabrito del monte, con alma de perro desamparado. Poco para tanto. Nada para la dote.

Aunque transcurridos unos meses, el amor innegable que sentía finalmente descubrió el cariño de Betsabé y el joven Urías emprendería un nuevo viaje.

-Regresaré con el precio de tu desposorio, amiga y hermana mía. Ruega al Dios de  tu padre por mi fortuna. Que me guie por el camino de la bienaventuranza y me devuelva pronto al calor de tu mano.

-Ve en paz, mi prometido, sin ti no dejaré mi parentela. Has prendido mi corazón con dote de amor y tal garantía no te será quitada.

-Eres para mí el tesoro, la herencia de la Deidad. Cuando estuve solo, en el gemir de la miseria, la Providencia quiso hacer misericordia conmigo, obsequiándome el canto de su más bello ángel.

-Tú mi hermano del alma, la protección y la ternura, el destino sellado de conocer el más fuerte amor.

-Todo lo dejaré por ti, mi vida, mis fuerzas. Serás mi única posesión, nada más quiero, mi pequeña corderita…

Así conoció Adulam, cueva de ladrones según le informaron algunos. No le había ido bien y no volvería con las manos vacías. Robar no quería pero si fuese necesario: solo hasta conseguir la dote. Se acercó buscando a David, revolucionario traidor al rey según tenía entendido, y desde aquel momento comenzó su carrera militar. Jamás olvidaría la cándida expresión en el rostro de su amada, al verle regresar montando un caballo árabe y acarreando su parte del botín, tras innumerables campañas. Enseguida se celebró la anhelada boda, para luego marchar a su nueva residencia en la ciudad del rey y servir a su esposa en los tiempos de paz. 

Dichoso Urías. Ya poseía todo lo que deseaba y aun más, gracias a su venerado rey David. Implicaba para él un honor pertenecer a la custodia de la puerta de palacio y en épocas de guerra amanecía en la guardia junto a sus compañeros de armas. Deseaba pronto retornar al hogar, tan cerca de allí. Pero su lealtad era mayor y aunque en esas circunstancias no podía dormir en su cama, igualmente recibía la visita de Betsabé quien a diario le traía pan de pasas y leche de cabra. 

Un día recibió una invitación.

-¡Esposa mía, amada de mi alma, tráeme enseguida mis mejores ropas pues debo ver a nuestro rey esta noche!

-¿Oh, esposo, sabes tú que ha acontecido para esto?

-El rey sigue extendiendo sus dominios en el norte y seguro tendrá algún encargo para su siervo.

-Quiera Dios sea solo eso y no que alguna tragedia haya acontecido.

-No temas, hija mía, corazón compasivo, si fuese algo grave de antemano me lo hubieran hecho saber.

Más tarde esa noche, casi amaneciendo, el soldado salía del palacio con el estómago lleno y el corazón contento del buen vino de los reyes. A las puertas Betsabé le aguardaba con el rostro demudado e intranquilo.

-¿Qué haces aquí mi amor siendo tan tarde?

-No podía dormir sin saber que había pasado.

-Como te dije: nada malo. El rey hizo banquete en mi honor después de tantos años a su lado. Ponte contenta mi amada, ha sido una velada incomparable. Me honró por todos mis esfuerzos y hasta me dio permiso para pasar la noche en tu regazo.

-No esperes más entonces, nuestra cama nos aguarda…

-Jamás, mi corderita, aunque nada más quiero que el calor de tus piernas, no sea más yo que todos mis hermanos que se hallan lejos de sus mujeres. Ve a descansar que la guardia me espera.

La siguiente noche, el rey ofreció otro banquete en honor de Urías y más ebrio que antes se topó con su esposa en las puertas del palacio, para nuevamente aludir a su deber como soldado. Entonces, finalmente, en la tercera velada llegaría el encargo que el siervo fiel intuía de su soberano. En el norte, donde ferozmente combatía el general Joab, una nota con sello real debía ser entregada por el más leal mensajero.

Urías anduvo camino de siete días imaginando, como siempre en todas sus travesías, el momento del regreso. Pensaba en el aroma de la mujer limpia perfumada en nardo. El lecho suave, blando. El calor del cuerpo refinado que le abrigaría hasta olvidar la sangre derramada, la muerte necesaria. El consuelo que traería para esos ojos tristes que otra vez dejaba como en tantas despedidas y donde últimamente notaba una casi imperceptible tristeza más profunda.

¡Oh valiente Urías!, si supieras que la tristeza es porque ha llegado tu día. Pues cuando entregues la carta con el sello real marcada, te mirará el general y te enviará a tu misión. Si tú supieras, valeroso Urías, que el llanto de Betsabé es porque un niño ha de nacer y porta la sangre del rey, quizás no pelearías tan fieramente en la primera línea de batalla. Ahí donde mueren los valientes, los héroes que ganan las guerras. Si tú supieras tu destino por otro hombre escogido, quizás no lucharías con todas tus fuerzas; aun cuando te han dejado solo y por la orden de un cómplice general, los que venían contigo dieron un paso atrás. Oh soldado herido, si tú supieras que la flecha que finalmente te acabó: ya desde mucho antes, había atravesado tu corazón, entonces quizás (solo quizás) hubieses muerto con un mal pensamiento.

Sin embargo, otras veces, imaginarias loas mías anhelan concebir que tal vez ya estuvieses al tanto. Que sospechaste del rey por tan exquisito trato y las lágrimas de tu esposa, claroscuro y definitivo adiós, supieron amargas como nunca cuando sus mejillas besaste; habiendo plañido el ínfimo, inocente, latir de un corazón golpear tu vientre en su abrazo. Entonces te fuiste a morir, para no tener que matarlos; y despojarte de la mujer que siempre habías amado, y guardar la honra del rey que fuera tu soberano. Bien sabrás soldado, extranjero, compañero, amigo, hermano, bien sabrás quizás un día, que tu muerte no ha sido en vano.  

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  • Conocí la historia por una serie de TV que daban en capítulos. Aunque no recuerdo cuan fiel era el capitulo de la serie. Gracias por publicar : ) saludos.
    Gracias a ambos comentarios, la biblia fue mi libro de cabecera durante años y las historias extra oficiales de sus personajes una delicia para mi imaginación
    Magistral manera de narrar de forma nueva una vieja historia. Qué te digo? Cuando leí la obra original no pude evitar sentir piedad por el bueno de Urías, pero con tu relato humanizándolo aún más siento el corazón deshecho por el desgraciado y valiente guerrero. Por otro lado, hombre qué buen lector de la Biblia debiste ser para usar con tanta soltura referencias a la vida de David y dominar tan bien las costumbres de esa sociedad. En fin tu relato es una delicia y te aplaudo por tu talento.
    Muy majo el relato, me ha sorprendido que estuviera basado directamente en la Biblia. No conocía la historia original, me la apunto como posible referencia de cornudos célebres. El estilo épico, entre Biblia y tragedia griega, el pega y está bien llevado. Me ha gustado, sí.
  • serenata

    como un escultor que va tallando su obra, el cuento también va pasando por distintas fases. si gustais podeis comparar el mismo cuento y sus detalles

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Cantante de una banda de rock que jamás existió, frustrado director de cine, actor porno desocupado, gigoló en quiebra, le gusta escribir... Fan ocasional de Tarantino, Borges, García Marquez, Estopa, Foyone, Rock argento, Beethoven, Mozart, José Larralde, Cancerbero, Dragon Ball,Saint Seyia y tantos otros

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