cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
La última hada
Infantiles |
03.11.19
  • 5
  • 1
  • 260
Sinopsis

A medida que vamos creciendo dejamos de creer en la magia. Igual es porque no miramos con los mismos ojos, sin darnos cuenta que, quizás, detrás del brillo del sol en una simple pompa de jabón,existe un hada velando por los niños que un día fuimos.

Hace mucho, mucho tiempo, las hadas vivían entre nosotros. Estos pequeños y mágicos seres alados, revoloteaban por nuestros jardines, se posaban sobre nuestras flores e ,incluso, las más intrépidas, entraban por nuestras ventanas a plena luz del día. Cuando caía la noche, todas y cada una de ellas buscaban cobijo al abrazo de los seres más dulces e inocentes que existían en nuestros hogares, los niños. Cuanto más pequeñitos mejor, pues su dulzura e inocencia eran una fuente de recarga de magia para ellas. Conforme estos niños iban creciendo, cuando cambiaban la cuna por la cama, las hadas buscaban nuevos compañeros de sueños sin ningún tipo de tristeza ni apego, pues nunca antes estos niños fueron conscientes de su presencia nocturna. Los adultos entreabrían las ventanas al caer la noche, pues querían que sus pequeños fueran acunados por las hadas, como un día lo fueron ellos, cuando fueron niños. Aunque no lo recordasen.
Por su parte las hadas, a cambio del cobijo nocturno, ayudaban a los humanos a cumplir algunos de sus deseos con sus mágicos poderes. Siempre desde la distancia, pues a pesar de la convivencia con nosotros desde tiempos remotos, en su interior tenían un instinto de autoprotección, como lo tienen los pájaros que no se dejan atrapar. Nos amaban y nos temían a partes iguales.


Y así transcurrió, la convivencia entre los humanos y las hadas, desde tiempos ancestrales. Hasta que llegó Étel y todo cambió.
Étel era una joven hada que compartió cuna con un bebé muy especial. Desde el primer momento que ella entró por la ventana, Nico fue consciente de su presencia, pues comenzó a sonreír nada más verla volar y lloraba sin consuelo al amanecer al verla partir. Al principio Étel, aun con un gran nudo en el estómago, lo dejaba llorando a su suerte. Pero pronto pensó que la mejor opción sería quedarse tras la ventana, hasta que llegasen sus papás y calmasen su llanto. Cada vez se le hacía más difícil verle llorar. Toda la magia que recargaba por la noche se agotaba con la primera lágrima que derramaba su pequeño amigo al verla marchar. Durante el día permanecía apagada, sin fuerzas para brillar ni cumplir los deseos de los adultos. Sus compañeras, preocupadas, trataron de convencerla para que cambiara de niño, que todos eran igual de bonitos e inocentes, pero ella cometió el error de empezar a quererle y no hacía más que negarles con la cabeza, sin soltar palabra. No podía explicarlo, no lo entenderían.


Esa noche entró por la ventana de Nico y durmió sobre su regazo. La magia de Étel era ahora tan grande como para volar hasta el cielo y volver. Pero llegó el amanecer, y con él, el momento de su diaria partida. Aunque esta vez no fue así. Estuvieron jugando y riendo hasta que se abrió la puerta y se asomaron sus papás. Étel, temblando de miedo, se mantuvo sentada en la cuna, tratando de mantener una tímida sonrisa en su rosto.
Los adultos, boquiabiertos, no cesaban de observarla, sin mediar palabra. Al cabo de unos segundos, la mamá de Nico le devolvió una sonrisa tan grande, que a Étel le dejaron de temblar las alas. Desde ese día, fue una más en la familia.


Nico fue creciendo, pasó de la cuna a la cama, comenzó a ir al colegio y Étel siempre volaba a su lado. Algunos niños se sentían privilegiados de tener un hada en clase, ya que poco a poco fue jugando con todos y cogiéndoles mucho cariño.
A pesar de ello, otros sentían verdadera envidia, por no tener un hada en casa como compañera de juegos, así que pronto llegaron los problemas.
Los padres, más envidiosos, si cabe, que sus propios hijos, comenzaron a cerrar las ventanas de sus hogares para que al amanecer, las hadas que dormían con sus bebés no se escapasen. Lo que no sabían es que un hada retenida contra su voluntad, pierde su brillo, y su magia. Se convierten en seres grises y tan delicados que un simple soplido las podría reducir a cenizas.


El rumor llegó pronto a las hadas más longevas, y prohibieron a sus semejantes acercarse a cualquier humano, por muy inocente y dulce que pareciese. Tendrían que buscar otra forma de recargar su magia.
Los humanos, por su parte, comenzaron entonces una caza nocturna de hadas y ahí fue cuando de la noche a la mañana, nadie más volvió a ver a esos seres revoloteando por sus jardines, nadie más veló por sus bebés en la noche y la magia se extinguió para todos. Para todos menos para Nico y sus amigos, pues ésta desoyó las órdenes de sus semejantes y decidió correr el riesgo de quedarse con ellos.


Un buen día, mientras Étel, Nico y sus amigos jugaban a hacer pompas de jabón en el parque, dos hombres enmascarados corrieron hacia ellos y cazaron a la pequeña hada. Los niños comenzaron a gritar, pero Étel ya estaba dentro de una red y su brillo comenzaba a debilitarse. —“¡Vuela Étel, vuela y escapa!”—gritaba Nico desesperado. Pero le era imposible llevarlo a cabo sin su magia. De pronto, Nico tuvo una idea. Comenzó a tirar hacia ella pompas de jabón. Sus amigos, conocedores del juego, hicieron lo mismo. Los hombres comenzaron a reír y a burlarse de ellos, pues no entendían nada de lo que estaban haciendo. De hecho, todas las pompas explotaban cuando llegaban a rozar la red. Y así estuvieron, un largo rato, los niños inundando el parque de burbujas, los adultos sin parar de reír. Hasta que hubo una que aun contenía algo de polvo de hada del juego anterior, traspasó la dura cuerda, y Étel saltó dentro de ella. Escapó así de una muerte segura y en su huida por el cielo, Nico supo que no volvería a verla nunca más, alzó sus brazos al aire y se despidió de ella con una enorme sonrisa. Mientras, los demás niños, temerosos de que cayese de la frágil pompa, comenzaron a inundar el cielo de muchas más. Étel, ya a salvo, decidió guardárselas, para llevarse consigo un pedacito de cada uno de ellos.


Hoy en día, se dice que cada pompa de jabón que explota, viaja hasta la luna, rebota en dos estrellas y se adentra en el reino de las hadas. Gracias a ello, las hadas siguen vivas pues en el reflejo de cada pompa de jabón viene dibujada la sonrisa del niño que la creó, aunque ya sea adulto, pues no hay ojos adultos que no brillen como los de un niño cuando persiguen el vuelo de su colorida burbuja por el cielo.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 16
  • 4.55
  • 189

"En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible" -A. Camus-

Tienda

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta