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4 min
La última lección (¿Morir o dejar de existir?)
Reflexiones |
09.02.08
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Sinopsis

Me senté a contemplar el cielo. Y me pregunté: ¿ahí estarán las personas que amamos?

Al menos esa parte la desconozco. Tan solo puedo suponer que, más que merecerlo o no, ese deseo es parte de nuestras buenas intenciones que otra cosa más concreta.

El cuerpo vuelve a la tierra y su espíritu vaga más en nuestras mentes que en otra parte. Ahí es donde yace ese paraíso terrenal del cual ellos difícilmente se pueden ir.

Por un lado les deseamos buen viaje, pero seguimos atándolos a este mundo y sus afanes. Y, por el otro lado, queremos que sean felices y sin embargo los hacemos preocuparse por nuestras desventuras.

Debe ser bien difícil suponer que esas personas que marchan al cielo permanezcan tranquilas contemplando nuestras debilidades y quizás hasta nuestro egoísmo. Y que necesario debe hacerse la idea de un Dios que les muestre que ese camino es el necesario para crecer según nuestra propia naturaleza.

Gracias a este inmenso detalle es que ellos, desprovistos de nuestras limitaciones y vestimenta humana según la enseñanza de una vida mejor, pueden ver claramente la situación e incluso anticiparse a nuestros actos.

Nos comprenden cuando lloramos… aunque alguna vez lo hicimos por nosotros mismos. Porque saben que de esa manera solemos lavar nuestras penas.

Nos miran con ternura… aunque digamos acordarnos de ellos, pero sin olvidarnos de nosotros mismos. Y sigamos con nuestras pequeñas y odiosas rencillas.

¿Y que hay de su recuerdo? La memoria que muchas veces decimos no profanar.

Tan solo aprender a tener un mejor convivir con los que siguen vivos es recordarlos.

La muerte debería enseñarnos que nunca, nunca jamás perderemos tanto en esta vida como para quedarnos sin nada. Entonces el mensaje más claro de aquella persona que marcha sería: “Cuida lo que te queda”

Por ello es que antes de la muerte de un ser querido tan solo vivíamos. Y cuando muere debemos casi por fuerza aprender a vivir.

Debemos, entre tantas otras cosas, aprender a explicarnos a nosotros mismos el por que de su partida. Y llegar a saber que, para llegar a entender algo tan complejo como la muerte, primero se parte por aceptar algo tan simple como la vida. Es decir, una y otra es parte de lo mismo; e incluso lo mismo.

A lo largo de nuestra existencia aprendemos incluso que una pregunta no siempre busca una respuesta.

De hecho, existen ciertos cuestionamientos que solo obedecen nuestros caprichos para poder existir.

“¿Por qué se murió esa persona que tanto amaba?” A veces, esa pregunta no busca una respuesta tan lógica como saber que es parte de la vida.

…Porque, muy en el fondo de su corazón, se está preguntando: “¿Por qué no sigue viva esa persona para seguir dándole amor?”

En ambas se apunta a la misma cuestión, pero en la segunda que parece mucho más humana se hace en forma de negación y obviando una realidad incuestionable: la muerte la acepta, pero quiere trascender… incluso más allá de la muerte.

Morir es apenas el paso de un estado a otro, ese trance que tiñe de negro nuestras vidas.

En cambio, dejar de existir aterra porque dejaremos de ver todo lo que llegamos a querer.

Es la consecuencia definitiva. Aquello con lo que no se puede y no se debe luchar.

¿Y que tipo de “cosa” existe en esta vida que podemos dar a otros para seguir nosotros en esta vida?

…Solo el conocimiento.

Por ello, si estuviera en mis manos la plena sabiduría y en plena conciencia de lo corta que resulta el tiempo para darles lo necesario a nuestros seres querid
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Yo no escribo... vomito tinta. Y aunque mi disimulada humildad parezca contradecirme, no creo particularmente que alguien sea igual de paranoico que mi persona y rebata esta tesis que tengo sobre este "arte" de juntar letras. Relatos varios y tiempodedicado al ocio en su estado más puro, son cuales hijos y madre. Yo, personalmente, no premiaría tan mediocre unión de "noble" con estatuillas, premios y otros varios: simplemente me interesa la opinión de un simple ciudadano... un posible personaje de esta parodia que alguién oso llamar vida... Gracias por su tiempo (porque yo no te lo devolveré)

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