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5 min
LA VERRUGA DEL MIEDO
Reflexiones |
28.06.21
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Sinopsis

Cuando creas barreras emocionales es, porque existe un distanciamiento entre ti y alguien más basada en la sospecha, desconfianza o temor.

Gertrudis, una joven profesional de la medicina, casada y con dos hijos. A la edad de 35 años y después de siete años de vida conyugal, por causas ajenas a su voluntad decide divorciarse. El trauma de la separación lleva a Gertrudis a refugiarse en sus libros, en su trabajo y al cuidado de sus hijos. No había tiempo para otras distracciones, escasamente asistía algunas fiestas que realizaba la empresa donde laboraba, siempre acompañada de amigas que trabajaban con ella, evitando en todo momento la presencia de hombres a su lado. Juró que jamás volvería a enamorarse, porque tenía miedo a una nueva infidelidad.

Así transcurrió la vida de Gertrudis negada a toda relación con el sexo masculino. Durante cinco años permaneció en esta actitud. Un buen día llegó a la empresa un joven ingeniero que asumió el cargo de gerente del departamento de alimentos. Miguel, que así se llamaba el ingeniero, a los dos meses de iniciar sus labores en la compañía presentó un proceso gripal que le impedía trabajar, motivo por el cual asistió a consulta médica en la empresa, que para ese entonces era Gertrudis era la médico laboral.

La doctora Gertrudis, después de evaluarlo indicó tratamiento y reposo absoluto por siete días. Cumplido el tratamiento y mejorado el paciente, lo reincorporó a sus labores ordinarias. El día en que Miguel se reincorpora al trabajo lleva consigo un hermoso ramo de rosas rojas que hace entrega a la doctora, la cual amablemente lo había tratado y curado de su enfermedad. Gertrudis agradeció aquel gesto sin darle mayor importancia. Miguel se sintió molesto por la frialdad con la cual Gertrudis había recibido aquel presente, pero no se dio por vencido, le gustaba la doctora y quería enamorarla.

Todas las tardes, al terminar sus labores, el ingeniero visitaba el consultorio y saludaba a Gertrudis, aprovechando la ocasión para decirle unos cuantos piropos e insinuarle sus sentimientos hacia ella, pero la doctora comenzó a sentirse molesta por las constantes visitas del ingeniero. La presencia del Miguel le causaba angustia y tal era su pánico, que solicitó un permiso para salir media hora más temprano, bajo el pretexto de que estaba realizando un curso. Todo era para evadir a Miguel, con el cual no quería toparse en horas de la tarde.

Gertrudis era muy responsable con su trabajo y jamás faltaba a sus labores, pero un día llamó por teléfono a su jefe comunicando que estaba enferma y necesitaba ir al cardiólogo. Una vez en la consulta comunicó al especialista sus síntomas: taquicardia, dificultad para respirar e insomnio. El cardiólogo realizó todos los exámenes necesarios en estos casos sin encontrar lesiones orgánicas, solo notó una alteración en la frecuencia cardíaca, respiratoria y manos muy frías.

—Sus síntomas son compatible con un estado de ansiedad, —manifestó el especialista. Indicó tratamiento y reposo por tres días.

Dos semanas después Gertrudis volvió al especialista, porque se sentía igual o peor que la primera vez. Había aumentado de peso, se sentía malhumorada, todo le molestaba, le contestaba mal a sus hijos y a sus padres con quien vivía. No se soportaba ni ella misma. Le provocaba salir corriendo. Pensó en irse a otra ciudad a trabajar. No entendía lo que le estaba sucediendo. El cardiólogo le recomendó visitar a un psiquiatra, por cuanto la notaba muy alterada emocionalmente. Gertrudis siguió las recomendaciones de su médico y asistió a consulta psiquiátrica, quien le diagnosticó crisis de pánico. Recibió tratamiento y mantuvo reposo.

Mientras estuvo en casa, la doctora mejoró de su malestar. Recibió llamadas telefónicas de sus amigos y de sus superiores, pero al recibir una llamada de Miguel notó sensación de ahogo, frialdad en el cuerpo, sequedad de la boca y taquicardia.

Dos días más tarde, Gertrudis sintió ardor y dolor a nivel del área genital con presencia de pequeñas verrugas. Angustiada ante la presencia de aquellas verrugas genitales asistió a consulta ginecológica. El examen de citología y biopsia del área afectada reportó Virus del Papiloma Humano (VPH).

—¿Cómo puede ser eso posible? —exclamo Gertrudis. —Tengo cinco años que no he tenido relaciones sexuales y he mantenido higiene en mis genitales.

—Hay muchos casos clínicos de VPH donde no ha existido relación sexual previa y en muchas de ellas se ha evidenciado una estrecha relación entre la aparición del VPH y conflictos sexuales. —Respondió el ginecólogo.

La doctora Gertrudis aceptó la explicación del ginecólogo, calmó su angustia y siguiendo el tratamiento específico en estos casos, en una semana desaparecieron las verrugas genitales.

Reflexión

Muchas veces, consciente o inconscientemente colocamos berreras defensivas ante situaciones que consideramos amenazante a nuestra integridad física o psíquica, sin percatarnos que detrás de esas barreras se esconde el miedo, que en algún momento nos deja desprotegido ante otras amenazas. Desde un comienzo, Gertrudis se sintió atraída por Miguel, pero su miedo a sufrir una nueva decepción ocasionó alteraciones emocionales y somatización en el área sexual.

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  • Interesante historia. No podemos reprimir los sentimientos, porque el cuerpo nos lo hará saber a través de manifestaciones no saludables. Muy buen texto.
    Hola Ramón, me encantó tu relato y aquí cabe decir lo que la boca calla el cuerpo habla...muy buena tu historia.Saludos
    El miedo se manifiesta a través de síntomas más o menos así. Sobre todo el miedo al rechazo y tú sabrás que éste puede convetirse en un círculo vicioso, que es miedo al miedo. No hay que hacer caso de lo queuno pueda sentir. Te lo dice un tímido. Cuando Gertrudis recibió el ramo de rosas de Miguel debería de haverse lanzado a su cuello, haberlo besado y haberle dicho:"¡Oh, hombres como tú no hay...!" jajaja. No me hagas caso que esto último es broma.
    Efectivamente, muchas veces colocamos barreras allí donde no son necesarias, un saludo
    Saludos estimado Dr. Ramón. Las emociones negativas, definitivamente, enferman el cuerpo, la mente y el espíritu. Otra historia, excelentemente narrada , que plasma otra de sus interesantes enseñanzas sobre las consecuencias del temor. Reciba el saludo afectuoso de siempre.
    Los miedos personales, realmente un gran y extenso tema. Encantada de leerte, Don Ramón. Un cordial saludo.
    Hola Doctor Ramón, buen día. Invalorable sus aportes, desde el punto de vista médico, psíquico y humano. Es un gran gusto leerlo en cada entrega. Reciba un fuerte abrazo.
    Las barreras emocionales están como mecanismo de defensa, sí ha habido daño es la respuesta de nuestro cuerpo. Es un relato real y nos hace comprender cómo la somatización ejerce en muchas áreas. Para algunas personas es difícil la supervivencia y los miedos y experiencias traumáticas impiden la felicidad. Un saludo Ramón.
  • Nada ha cambiado, solo yo he cambiado, por lo tanto todo ha cambiado. Marcel Proust

    Aprender a vivir es aprender a desprenderse. Sogyal Rimpoché.

    Cierra aquel momento, que aunque haya sido bueno impide continuar el camino.

    Los enfadosos crónicos suele tratarse de personas con dificultades para expresar sus emociones. Detrás de un enfado siempre existen motivos, pero a veces ninguno.

    “Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo.” Viktor Frankl (1905-1997)

    Cuando creas barreras emocionales es, porque existe un distanciamiento entre ti y alguien más basada en la sospecha, desconfianza o temor.

    Quién dijo, que es fácil ser valiente. Ante la amenaza tienes dos opciones, luchar o correr, pero si te sientes atrapado y sin salida, ante la impotencia tu organismo buscará la forma de responder.

    No le pierdas el sentido a la vida

    La sensación de no tener control sobre nuestras decisiones o tener miedo ante ellas genera un estado de desesperanza, que impide avanzar y alcanzar las metas propuestas.

    Hay personas que crean sus propias tormentas y se enfadan cuando comienza a llover.

Jubilado de la medicina, dedico el tiempo libre para escribir, porque escribir es dejar una huella de existencia en el tiempo, Es abrir una ventana al mundo para comunicar pensamientos y sentimientos. Cuando escribo soy yo, como un libro abierto, donde cada palabra escrita expresa mi manera personal de entender e interpretar la vida.

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