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6 min
La villa de san Horacio IV
Históricos |
11.06.09
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Sinopsis

Prosigue el misterio. Os dejo esta entrega porque en varios días no voy a poder pasarme por la web. Voy a hacer un pequeño puente, para volver con las pilas cargadas después. Un saludo.

En todo cerebro bien organizado, la idea dominante era lo que se presentaba al despertarse, como también era la última que se tenía al dormirse. E incluso, la que la lograba formarse en aquellas circunstancias.

- El único medio de huída que le quedaba era deslizándose por la chimenea. – Señaló Alberto Rochet-He aquí lo que había sucedido. Borró con los pies las huellas de sus pasos en la ceniza y escaló el arqueado cañón.

Con sumo esfuerzo, Rochet hizo astillas una silla, llenó el hueco de la chimenea y la encendió: el fuego hizo crujir las paredes de ladrillos, una espesa columna de humo se elevaba al cielo, pero no vieron caer al que buscaban, como se figuraron.

- Seguramente esté escondido en el tejado – apuntó Manuel- y puede que busque otro cañón de chimenea para descender.

Cada habitación tenía la suya propia, pero la principal –y por tanto, la más ancha y cómoda para esos fines- la ocupaba la del salón. Se fueron disponiendo como centinelas a lo largo de esa parte de la casa que les era conocida. Phillipe Farrere ocupó el corredor de los cuartos, por si hubiera buscado refugio en otra de las habitaciones; mientras que Fierce Malais, incluso borracho, se colocó al pie de la escalera, la única forma de llegar a la primera planta de la casa. Alberto esperaba en el salón, para desgarrarle de un pistoletazo, por si decidía emplear esa bajada, y Manuel salió al exterior. Miró a su alrededor, por si descubría una sombra agazaparse, pero sobre todo se interesaba por la fachada y el tejado. Al no ver nada en particular, decidió trepar por una tubería que sobresalía. Victoria, que le siguió, oprimió su mano contra el pecho, temiendo por su vida; aunque por su habilidad con los ejercicios gimnásticos, alcanzó lo alto y observó ese tejado en pico, con media docena de torretas de chimeneas. Pero ni rastro del desconocido asesino. Eso sí, aquella treta, le permitió contemplar el paisaje que le rodeaba. La inmensidad de lo que veía y lo aislado que se encontraba le hizo llevarse la palabra “Jesús” a la boca.

Abarcó con la mirada toda la propiedad, y dijo para sí: “Exegi monumentum aere perennis”, uno de sus latinajos que recordaba de sus tiempos de crío, cuando le hicieron aprender latín. Esa en concreto encerraba una ironía, al ser una cita de Horacio, que en castellano vulgar, quería decir: “Ha llevado un monumento más perdurable que el bronce”. De hecho, hacía ya tiempo que no se veía a Flora, la risueña y fresca diosa de los jardines latinos. La única casa notable del lugar se levantaba sobre una colina, a vista de todo el mundo, como si de un antiguo castillo feudal –dominando a sus vasallos- se tratase. Se llegaba a ver, incluso, parte del vasto jardín cuyos frondosos castaños sobresalían por el muro, tan alto como una muralla, que al llegar la primavera, dejaban caer sus blancas flores sobre la hierba y los dos jarrones de piedra, colocados sobre unas pilastras que encajaban una verja del tiempo de Luís XVI.

- Aquí no hay nadie. – Oyó decir desde dentro.
- ¡Tampoco aquí! – Señalaba otra voz.

La triste verdad era que aquel asesino, fuese quien fuese, había logrado huir y esconderse. Parecía que la casa se lo había tragado. Pero también resultaba ser cierto, que lo que conocían de ella era simplemente una mínima parte; eso sin contar con la edificación aneja a la mansión y que descubrió Manuel desde el tejado.

- Esto es lo que sabemos de la casa, por ahora. - Empezó diciendo, cuando volvieron a reunirse todos en el interior. – Aquí una antecámara y el salón; a la izquierda la biblioteca y a la derecha el pasillo que desemboca en las escaleras y el vestíbulo. Esto por la parte de la planta principal. Y en la primera planta, las habitaciones. Esta tiene ocho ventanas, distribuidas dos en cada cuarto, pero las rejas impiden salir por ellas.
- Por cierto, todo este tiempo hemos olvidado algo.- Dijo, de pronto, la mujer.
- ¿El qué? –preguntaba Rochet con petulancia- Si se puede saber.
- ¿Quién es el fallecido? – Añadió, con cierto desdén, mostrando una astuta sonrisa.

El cuerpo, como recordará el lector, estaba tendido, con la cabeza apoyada contra la pared, en un charco de sangre. Había muerto de un pistoletazo que la dejó atravesada la garganta, en una habitación sumida en el mayor de los desórdenes. Al fijarse en su rostro, recordaron al anfitrión, aunque de forma bastante vaga, porque a todos ellos se les hizo dormir con la bebida, en el momento de su llegada a la casa.

- Se llamaba Sepharian. – Apuntó Victoria.

Le devolvieron a la cama, alguien dijo algunas palabras para reconfortar ese momento trágico y fueron a cubrirle con las sábanas. Entonces, un sobre y una hoja cayeron al suelo. En cuestión de segundos habían pasado de la perplejidad a la cólera contenida, y de esta al temblor nervioso. Habían reconocido ese papel, era el mismo de esas cartas que cada uno de ellos recibió en su momento y que había servido de inicio de aquella pesadilla. El mismo sello lacrado; y la grafía e incluso la tinta, eran idénticas. Ella cogió la hoja y leyó lo que aparecía escrito.

- ¡Al más profundo abismo, la gracia y la conciencia! No temo condenarme. A tal punto he llegado que me importa nada, esta vida, la otra, cualquier cosa: tomaré plena venganza por mi padre.
- ¿Alguien sabe lo que quiere decir? – preguntó Rochet.

Al verlo ante aquellos ojos muertos, fueron infinitas las preguntas, innumerables las dudas, cuando supieron que el anfitrión, el que iba a ofrecerles algún tipo de respuesta, había terminado de un modo no menos trágico que inesperado.
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  • Coincido con los compañeros, cada vez lo vas poniendo más y más interesante. Feliz puente y recarga bien las pilas! :)
    Tu relato esta en la linea de los mejores cuentos de misterio, me recuerda a las novelas de agatha Cristie, varios personajes, un asesinato, unas cartas misteriosas...y como siempre, recreando los ambientes como solo tú sabes hacerlo. Un beso y pasalo bien
    Esta historia cada vez promete estar más interesante... " la venganza del padre" ahí está la trama... pues amigo, espero que este pequeño puente que te vas a tomar, te sirva de descanso y de inspiración para que nos entretengas de forma tan sublime como lo estás haciendo hasta ahora. Un beso querido compañero, tanto como de una "hipopótama" con esos morros, jajaja.
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