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3 min
Laberinto de Vida
Amor |
04.01.13
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Sinopsis

Lo encontré en uno de mis éxodos. ¿Estaba al norte o al sur o al oeste? Todo lo que sé es que mis afanes estaban centrados en eludir el opresor imperio de la realidad. Y aquel paraje...



Lo encontré en uno de mis éxodos. ¿Estaba al norte o al sur o al oeste? Todo lo que sé es que mis afanes estaban centrados en eludir el opresor imperio de la realidad. Y aquel paraje... Dieciocho horas de marcha constante, alojado en la caja de una camioneta. Mi mente comenzó a extraviarse, mis movimientos eran mecánicos...
De pronto estaba allí, en un lugar diferente. Y así podría nombrarse. En qué radicaba la supuesta diferencia. Había cruzado la frontera entre un mundo blanco y uno negro. ¿Era aquello ventajoso? Tal vez no significara nada. En cambio, por muchos quilómetros que recorriera, había algo de lo que no podría librarme. Nunca me sabría lo suficientemente lejos de quien detestaba y, por la misma razón, tampoco estaría cerca de quien amé...
La camioneta comenzó a ascender las laderas de una serranía.
Bajamos y volvimos a remontar. Dejamos otras montañas a nuestras espaldas y sin orientarme, entramos en aquel lugar colmado de furioso verdor y humedad aplastante. No era selva. Sino opulenta anarquía de maleza. Tampoco eran un lugar olvidado. Simplemente un espacio donde el tiempo no prosperaba o se detuvo, igual que le sucedió a mi reloj de pulsera sin que yo me diera cuenta.
Me alojé en una cabaña de bambú.
No podía dormir. Se hizo de noche pero no era noche cerrada. Me seduce esa clase de oscuridad. Te deslizas libremente, sin advertir sobre ti las miradas de reproche, reconoces a las personas por sus murmullos de atrevimiento o suspiros de alivio y luego, desapareces ponderando que el encuentro solo ha sido un sueño subrepticio.
El local tosco, engullido en la espesura. La barra de madera noble. El taladro constante del aguacero, la botella de ron, mi soledad premeditada y ella ¿de dónde salió?
Antes siempre había una mujer al otro lado de la cuerda, de la barra, o sentada a mi lado. Ahora no. Era casi menos que cuando nací. ¿De dónde salió?
Recuerdo sus incisivos de leche al sonreír con expresión triste, sus ojos negros y dulces; su forma de aferrarse a mí, con desespero y ansiedad mientras bailábamos; su cautela al aprehender un escarabajo fosforescente entre sus manos en la oscuridad impenetrable de la selva; su caminar deslavazado, su silueta sinuosa, su frente redonda y brillante de perfil egipcio, su aliento, su sudor, su espalda arqueada, sus silencios cargados de grata incultura...
Recuerdo y ya no recuerdo los detalles de las horas que transcurrí envuelto en aquel cenagal de olvido edulcorante. Y sobre nosotros sin cesar de refulgir, un astro de otro mundo, circundado de gasas umbrosas. Era otro planeta. Una playa al borde de la espesura y la suavidad de su risa, como las olas del mar y la brisa...
Todo está lejos ahora. No sé volver. Nunca supe encontrar el camino de vuelta en el laberinto de la vida. De todas formas ya no recuerdo, por eso fabulo y alimento mi imaginación con una quimera que nunca tuvo lugar, excepto porque se trató de Un Lugar Diferente...

José Fernández del Vallado. Josef. 4 Enero 2013.

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  • Escribe tus comentarios... Leo con placer una buena prosa poetica con ritmo y gratas imagenes. Un saludo.
    Muy hermoso. Consigue apaciguar el pensamiento y transportarte a ese lugar diferente olvidado del tiempo y cargado de sensaciones húmedas.
    Compañero José, el hecho de que hayas estado un tiempo alejado de TR (yo también desaparezco muchas veces a causa de "la esclavitud laboral" y que no falte, jeje) no perjudica en absoluto nuestra gran amistad virtual. Gracias por tus palabras. Carson McCullers es una de mis escritoras preferidas. Sólo escribió 5 novelas, dada su prematura muerte, pero "Reflejos..." y "La balada del Café Triste" son 2 auténticas joyas. De lo mejor que se ha escrito en EEUU, a cuya literatura (salvo excepciones) no soy muy afecto. Bueno, antes de irme a la cama (mañana tengo fiesta, menos mal) quise leerme (hacía tiempo que no te leía. Perdóname, amigo) tu "Laberinto de Vida". Un texto realmente cargado de exotismo, como suele ser habitual en todos tus relatos, donde el paisaje posee su consideración más sutil, y la masa de los hechos, sus múltiples aspectos dentro del misterioso trastorno físico y psíquico que atrapa al personaje, conforman el más bello e imaginativo de los laberintos. ¡Fantástico!...Ya ves, pues, que aquí seguimos cuando podemos y nos divertimos ¡¡¡¡ESCRIBIENDO!!!!, jeje. Fue un placer leerte en la tranquilidad de la noche. Durante las próximas vacaciones tengo que descargar y disfrutar (entro en tu blog muchas veces) con tu "Esposa del Faraón" y "Las siete llaves y el templo" Egipto es una de mis grandes "OBSESIONES". Un gran abrazo amigo "Moderato Dos Josef"- Pablo
    Me ha parecido precioso. Una verdadera joya, coronada con ese final que nos devuelve al título como en un sueño. Enhorabuena.
    Escribe tus comentarios...Siempre nos deslizas hacia lugares sugestivos, llenos de realismo mágico. Siempre me seducen y me deja un grato sabor su lectura. Este me resultó delicioso.
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