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4 min
Las aventuras de Ernesto y la administración del Estado
Humor |
07.06.07
  • 4
  • 8
  • 2487
Sinopsis

A esas "maravillosas" personas que han sido la sal de los dos últimos dos días.

- Buenas tardes – dice Ernesto indeciso
La administrativa, al otro lado de la ventanilla, levanta la vista con disimulo y luego continúa picando en el teclado del ordenador, con ademán descuidado, fingiendo no haber oído nada
Ernesto se aclara la garganta y reitera. Esta vez con cadencia más grave.
- ¡Buenas tardes!
- ¡No soy sorda! Ya le había oído la primera vez – espeta ofendida
- Como no dijo nada… pensé…
Ella esgrime una mueca y pregunta en tono agrio:
- ¿Qué desea?
- Pues verá… necesito el certificado B65
- ¿Ha traído el DNI?
- Por supuesto
- ¿Y la acreditación 269 expedida por el Ministerio?
- Pues no, en ningún lugar constaba que ese documento fuera un requisito…
- Pues lo necesita
- ¿Y dónde lo consigo?
- Pregunte en el Ministerio.

Ernesto se marcha, algo fastidiado, en busca del documento que presumiblemente bastará para finalizar los trámites. Aparece algunas horas más tarde. La cola ha crecido y la funcionaria atiende a los administrados cada vez con mayor parsimonia. Cuando en un determinado momento abandona el puesto de trabajo para hacerse un café, un suspiro general se propaga entre los ingenuos impacientes que esperaban dilapidar sus asuntos con diligencia.
- Si atiende con la misma parsimonia a la muerte va a ser una mujer longeva – Se le oye decir a un hombre de gafas oscuras, que sonríe con acidez.
Ernesto simpatiza con él de inmediato. Durante el proceso de espera ha podido comprobar el influjo de la rabia sobre los sentidos. La administrativa, en la última hora y media, ha dejado, a sus ojos, de ser una mujer madura para convertirse en una vieja bruja. Eso si una vieja bruja con pocas ganas de trabajar, a juzgar por las constantes miradas que arremete a su reloj de pulsera. A las 2 menos 3 minutos, la evidencia se hace tangible cuando cierra la ventanilla, justo en los morros de Ernesto, que monta en cólera, olvidando lo inútil que es despotricarle a un funcionario. El rencor también es una de sus virtudes.

Al día siguiente a primera hora aparece en la oficina, cree haber aprendido la lección, pero se equivoca, ya se ha generado una pequeña cola de individuos que como él, se presumieron capaces de burlar al diablo. Esta vez, sin embargo, consigue ser atendido antes de que cierren.
- Hola
- ¿Hola puedo ayudarle en algo? – dice la funcionaria, fingiendo no reconocerlo.
Esta vieja bruja sabe muy bien quien soy – piensa el chico para sus adentros, pero se limita a decir:
- Necesito el certificado B65
- ¿Ha traído el DNI?
- Si, y también la acreditación 269 expedida por el Ministerio – responde él con una sonrisa victoriosa.
- ¿Me la deja ver? – inquiere la administrativa
- C-claro – titubea
Ella frunce el ceño
- Oiga en esta acreditación faltan rellenar los campos 80 a 92
- ¿Y eso que quiere decir?
- Que no le sirve
Un silencio se abre paso entre ellos. Luego un juego de miradas.
Se está riendo de mí – piensa Ernesto – Me odia.
- ¿Y que puedo hacer? – responde el chico al fin.
- Pues volver al Ministerio, y regresar aquí cuando halla reparado la acreditación 269, entones podré expedirle el formulario B65. Así de sencillo. Si se da prisa igual lo consigue antes de las dos….
- ¿Así de sencillo? ¿¡Sabe cuanto tiempo he perdido ya con esta mierda!?
- No, pero créame, tampoco me importa, me limito a hacer mi trabajo…
Ernesto obvia su cinismo
- ¿A cuantos lugares tendré que ir?, ¿Cuantas pruebas tendré que pasar para adquirir éste maldito certifica
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  • Las aventuras de Ernesto aún han sido lights. Con la administración nunca se sabe, siempre te pueden poner pegas hasta el infinito. Me da pena el pobre chaval pero yo lo hubiera mareado un poquito más aún. Sería más realista todavía y podrías sacarle más jugo a la absurdidad de la situación. A nivel narrativo muy correcto (sólo te has dejado un par de tildes, una nimiedad). Me ha gustado la última parte de los diálogos, con referencias mitológicas.
    Me recuerda una de las 12 pruebas de Asterix, sólo que él y su orondo amigo le dan un final más épico... tampoco nada que ver con el tal Sauron y compañía.
    Está genial. Muy kafkiano, es como intentar enfrentarse a una bestia salvaje que ha perdido la sangre, el espíritu y la capacidad de perturbarse. Hay de todo, pero algunos funcionarios desesperan y los has retratado muy bien, en cuanto al final, me ha encantado lo de “mujer mostrando los caninos en una sonrisa de lobo viejo”, yo me estaba imaginando el típico brillo de lobo en los ojos, lo mismo, una extremidad más de ese “infierno administrativo”. Muy chulo, enhorabuena!!! un saludo
    Genial, jajajaja. Lo único que me falla es el final, trabajé cinco años y medio en una gestoría y era el encargado de acudir a las administraciones públicas a tramitar todo tipo de gestiones, en ese tiempo sólo encontré un funcionario con el que pudiera mantener una conversación como tal, el señor Tripiana, de la sección de autónomos de la Tesoreria de la Seguridad Social de Girona, era un buen tipo. Por lo demás, lo has clavado. Saludos.
    me gustó
    Está muy bien;conozco bien ese mundo porque formo parte de él. La última bronca que he tenido con alguien que dependía de mí fue por eso. A gritos le dije que no se puede citar a una persona para el día siguiente mientras ella se tocaba el "chichi".(Ahora ya no lo hace ,pero...es difcil cambiar una mentalidad que han mamado desde que empezaron a trabajar).
    Está muy bien;conozco bien ese mundo porque formo parte de él. La última bronca que he tenido con alguien que dependía de mí fue por eso. A gritos le dije que no se puede citar a una persona para el día siguiente mientras ella se tocaba el "chichi".(Ahora ya no lo hace ,pero...es difcil cambiar una mentalidad que han mamado desde que empezaron a trabajar).
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