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5 min
Las gafas de Robe
Reales |
07.03.12
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Sinopsis

La historia de como un hombre fue destruido por su peor enemigo...él mismo.

 

Las gafas de Robe


 

Recuerdo la primera vez que le vi...la viva imagen de un hombre que se había consumido así mismo con el paso de los años. Su pelo rubio, repeinado y de punta, aquellos ojos azules que se escondían tras las más oscuras gafas de sol que se hayan podido ver, el teñido negro de los cristales que no dejaba pasar un ápice de claridad por aquellos ojos tristes, melancólicos y desarraigados. Una expresión lastimosa le recorría la cara, poseía un cuerpo alto y algo enclenque. Sin duda lo que más me asombraba de él, eran sus gafas pues siempre las llevaba puestas.

Da igual que fuese de dia o de noche, que estuviese tomando el “solecito” en el llano de la plaza o yaciese recostado en un banco, inhalando aquel humeante porro. Los años le habían pasado factura, la vida se le había escapado de las manos; Amigos ya no le quedaban... si acaso algún conocido de su condición que intentaba evadirse de los reveses de la vida con la toxicomanía. Su familia también le daba la espalda, pues aunque vivía con sus padres, hasta ellos mismos renegaban de él. A menudo por el barrio se habían rumoreado historias nada exageradas. Contaban las lenguas más raudas que el joven había vendido en más de una ocasión el televisor y algunos muebles de su casa. Solía vestir de manera bastante campechana, sus largas piernas lucían ataviadas con un pantalón de chándal mientras que su pecho se refugiaba en una vistosa camiseta de mangas cortas en la mayor parte del año.

Roberto o como lo conocíamos en el barrio: Robe; Había disfrutado de sus años más dulces de juventud, haciendo el cafre por el barrio y mostrándose bastante interesado por el sexo opuesto. Hasta que un dia comenzó hacer balance en su vida. Tenía 34 años, ya no era aquel jovenzuelo que creía erróneamente que iba a comerse el mundo, tampoco aquel no tan joven, de 25 años que se escondía de sus problemas en el más espeso humo de su cigarro, ni siquiera a sus 29 años, esclavo de sus ansias por poder recrearse en la dulce calada de otro “petardo” .Las agujas del reloj habían seguido su curso durante todo este tiempo, el mundo había seguido en avance y no se había detenido ni un instante de su decadente y frágil vida. Tan azules eran sus ojos y tan miserable su existencia que la droga lo había consumido casi por completo, ya no le quedaba nada, no podía aspirar a un futuro mejor, ni siquiera...a un futuro.

Vivía en parte de la mendicidad, pero no como cualquier sin techo recostado en el andén esperando a que le lloviese el dinero en una de esas cestas maltrechas, depositadas sutilmente a la vista. Aún le quedaba algo de humanidad y solía agradecértelo de buen corazón, más aún, si tenías confianza con él, se ofrecía para prestarte uno de esos discos de música tan antiguos que él hacía ya tiempo no escuchaba. Y de esta forma se sucedieron los dias, uno detrás de otro, como si Robe esperase en uno de los bancos donde solía encontrar el conforte del cálido sol, a que la vida le diese la razón. Y no sólo, no se la dio, sino que le demostró que andaba totalmente errado.

En su cara fue dibujándose una pesada angustia, sus ojos, aunque siempre permanecían ocultos tras aquellas oscuras gafas, proyectaban una mirada abatida. Su pelo ya no parecía ser tan rubio, y su ropa más desgastada que nunca. Tan grande era la tristeza que aprisionaba su corazón, tan lamentable su existencia, tan tétrica la expresión de sus ojos que hasta él mismo tuvo que darse cuenta...ya no tenía nada. La última vez que lo vi...fue una de tantas veces en las que me había pedido dinero para Dios sabe qué, bajo un pretexto cada vez menos creíble. Desde entonces ya no se encontraba en la plaza del barrio absorbiendo cada partícula de sol para broncear su blanquecina piel, tampoco se dejaba ver en las inmediaciones de algún cruce cuando yo salía hacer algún recado. Pareciera que la tierra se lo hubiese tragado, de la noche a la mañana, ya no se sabía nada de él. Tan sólo, el recuerdo insólito ahogado en un profundo lamento al ver que no había llevado una buena vida y aquellas gafas... unas gafas tan oscuras y negras como la noche, que reflectaban la realidad. Igual fueron esas gafas que durante tantos años le impidieron ver, igual aquellos cristales bañados en negro, le habían impedido percibir la verdadera esencia de las cosas o tal vez... pasó tanto tiempo huyendo de todo aquello que le atemorizaba, que jamás encontró el camino de vuelta.

 

 

 Un relato de Saúl Bordes. 

 

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  • Muy buen relato, me ha gustado mucho. Te felicito por ello.
    Buen relato, en mi barrio hay muchos así.
    El problema es que cuando pintas un personaje asi, me gustaria disfrutar de paginas y paginas para entender mejor como cada decision tomada ( o no tomada) le acerco al abismo. Buen retazo!
  • Una triste historia que nos habla no de los detalles sino del mensaje que a menudo intentan transmitir. Grandes o pequeños, fugaces o para toda la vida...los símbolos de amor.

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    Es un breve relato a modo de reflexión, donde se deja ver los sentimientos tan fuertes y lazos que podemos tener con una persona, cuando sentimos verdadero amor por ella.

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Amante de las nuevas tecnologías y las telecomunicacones mi gran pasión es escribir aunque por desgracia no dedique cuanto quisiera todo el tiempo que este humilde arte requiere.

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