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9 min
Las necesidades del servicio (2)
Reflexiones |
18.10.21
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Sinopsis

Segunda parte de este relato, que dejo a su estimable consideración. Saludos

.../...

A la sombra de un naranjo, la operaria recogía unos plásticos.

—Cari, que yo no he hecho nada, que ese tío se ha puesto hecho una fiera, me ha tomado el número del vehículo y me quiere echar encima a la policía, a mí me da igual ¿oyes? ¡me la suda! Aunque estoy con la escoba en la mano, a ver si se atreve a decirme algo más, se cree que me va a asustar a mí, ese no sabe con quién ha topado ¡Oye tú, si me quieres escuchar me escuchas, y si no te dejo de contar, eh!, que entre pitos y flautas aún no le he podido hincar el diente al bocadillo y ya sabes tú como me pongo cuando tengo hambre y no consigo llenar la tripa, ¿o es que no te acuerdas lo que pasó el día que esperábamos para comer en aquel cuchitril de mierda de la playa?, ¿te acuerdas, eh?, pues ya sabes, aplícate el cuento, como llegue otra vez el tío imbécil aquí dándome la murga, es que le muerdo la nuez, buena soy yo, por cierto, hablando de comida, ¿has echado los garbanzos en remojo?, ¡no, tú no, coño!, ¡los garbanzos! Es que aquí hay una escandalera que ni el día del pescaito, yo no sé qué mirarán esta gente que tengo a mi alrededor, están todos como las moscas a los pasteles…¿Qué los mande, a dónde?..¡oye tú!, que bastante tengo ya con un sofocón como para meterme en más líos, tú no sabes cómo es el personal, es que trabajar en la calle desgasta mucho, Fran, yo te lo digo de verdad, porque de algo hay que comer, que si no le iban dando por culo a la escoba, el carro y la madre que parió a toda esta gente, y luego vendrá el gili de mi jefe ¡ya verás!, lo que me extraña es que no esté ya por aquí, porque ese no se pierde una.

Una joven de pelo rubio se aproximó a la puerta del banco con intención de acceder al interior de la sucursal.

—¿Qué pasa ahí, señora, por qué hay tanta gente?

—Pues no sé, parece que algo ha pasado con una funcionaria de la limpieza y un señor en bicicleta, pero tampoco estoy muy al tanto.

—¿Va a pasar usted, pues no sé yo si con ese carrito? Igual no cabe en el laberinto este de puertas de seguridad.

—¡Ah, no! Sólo voy a ver un cartel con dos niños, que dice este señor que se parecen a los míos.

—¡A ver, a ver! ¡Uy! Pues yo diría que son idénticos ¿seguro que no son ellos?

—¡Usted también! Mire, hoy me quedo sin pan, pero esto no queda así, ahora mismo voy a hablar con el director.

—No es por nada, señora, pero ese carro como trate usted de meterlo en el banco, nos quedamos dentro de la caja esa de seguridad, pase usted primero.

—Señora, si no le parece mal, yo puedo cuidarle el carrito mientras usted se entera  ⸺se ofrece voluntario el acompañante de la madre de los niños.

—¿Y qué hago con los gemelos?

—Yo que usted no los dejaría en la calle, con la que se ha formado, vaya usted a saber  ⸺aconsejaba la joven de pelo rubio.

—Lo malo es que se me ha dormido uno.

—Duerma usted al otro  ⸺interviene el señor.

—Me quedo sin pan, pero esto lo aclaro yo, haga usted el favor de coger a éste que está dormido, y usted si es tan amable, aguánteme un momento a este tunante que no quiere perderse nada ¿cómo está mi chiquitín?, ¡mira que se lo va a comer su madre!, ¡ande, cójalo!, es solo un momento, enseguida hago aquí un clic, le doy con el pie allí, pulso fuerte en los mangos, presiono para mí y ¡ea!, ya cabe el carrito en la urna esa de seguridad, perdone señorita, pase usted que enseguida entro yo con el gemelo y el carrito, ¡muchas gracias por todo, señor!, ya me encargo yo de lo demás porque ¿usted no irá a la panadería, verdad?, más que nada por las chapatas, es que mi marido tiene una perra con la dichosas chapatas, le tengo que preguntar al de la tienda, igual me la venden congelada, la masa digo, así yo podría tenerla en casa y cada día podría hacer una al microondas.

—Lo siento, señora, no puedo ayudarla, yo compro el pan en otro sitio y me parece feo…¿usted comprende, verdad?

—¡Nada, nada, caballero! ¿Qué le vamos a hacer? Muchas gracias por todo ¿pasamos ya señorita?

Por allí cerca…

—¿Si, cari? Perdona si se me entrecortan las palabras, es que…le he metido el diente…al bocata ¿sabes?, porque se me pasa la hora, ¿qué pasa Carmelo?, ¿no tienes una lata más fría?..es que…perdona cari…tengo un sofoco ahora mismo en lo alto…¡oiga, no empuje usted el co…!, ¿qué dices?, ¡déjalo, déjalo, Carmelo!, me aguantaré, es que la gente no sabe lo que…hace…¿el ciclista?, ¡no!, ese no ha vuelto, es otro el que está empujando mi vehículo como…si fuese…¿Qué le pusiste al bocata, cari?, ¡cóbrate Carmelo!, ¡oiga, oiga, que no empuje usted el coche!, ¿que estorba?, a mí que me cuenta, vamos ni…que…terminaré atragantándome, tú verás, ¡hasta ahora, Carmelo!, es lo que yo digo, ¿no tendrán otra cosa que hacer?, ni que fuera yo una buscavidas…¡no, cari, no chilles, coño!, no me refiero a eso, quiero decir se esa gente que se pone en mitad de la calle haciendo gracietas y luego pasan la gorra, ¿cómo?, ¡tú estás loco, quillo!, ¿pero qué suplemento?, ¡vamos, vamos! Te dejo que entre unas cosas y otras, ¿pusiste ya los garbanzos?, ¡mira que mañana no hay cocido, eh!, luego no me digas ¡por favor!, ¿pueden apartarse que tengo que pasar la escoba por ahí? ¡Gracias!, no es por nada, joven, pero ¿tú no tienes mejor cosa que hacer? ¿Estorbar?, a mí no ¿lo oyes, cari?, que si estorba, dice, es que es para verlo ¿por qué no te coges la cámara y te vienes por aquí a grabar?, lo subimos al yutube y nos forramos ¿loca?, tú es que no tienes iniciativa para nada, así nos va ¡mi madre!, ¿qué tiene que ver mi madre con todo esto? A ver si se te va a pasar la hora de recoger al niño, que te pones a charlar y no paras ¡eh!, ¡perdone, señor!, ¿podría usted levantar los pies un segundo?, termino enseguida, es que mi jefe es la mar de minucioso, se fija en todos los detalles y antes de veinte minutos no quiere ver una colilla en el suelo, luego ya le da igual, pero esos veinte minutos desde que paso la escoba, para él son sagrados, y yo como lo mismo me da echar el tiempo aquí que allá, lo llevo a rajatablas, ¡cari, te voy a tener que dejar!, parece que la gente me está abandonando porque algo debe pasar en el banco, ¿será un atraco?. ¡esto no me lo pierdo!, puede que haya cámaras de televisión y todo, voy a ver.

—Oye, cari, que mejor te lo retransmito en directo: resulta que una muchacha rubia, de muy buen ver, todo sea dicho, se ha quedado que ni para atrás ni para adelante en los cristales esos de entrada al banco, tú sabes, y la gente desde fuera dándole instrucciones, pero no está sola ¡qué va!, con ella está una señora con dos niños gemelos, que lloran a lágrima viva y un carrito, yo no sé que han hecho, ha salido hasta el director del banco ¿por la ventana?, ¿cómo va a salir por la ventana el director?, ¡qué cosas tienes!, ha salido de su despacho y desde dentro está con una llave tratando de abrir la cristalera, yo creo que esto es cosa de bomberos, ya mismo están por aquí porque esos niños les puede dar algo, ¿oye, sabes una cosa?, ahora que la gente está ahí, pendiente del banco, voy a coger mi escoba y le doy un repaso a la plaza, no sea que aparezca el coordinador y me pilla en el fregao, ¿oye, nosotros tenemos wifi en casa?, es que Carmelo ha puesto un letrero aquí en el puesto que dice que es libre y le quiero preguntar no sea cosa que esté de oferta ¡oye, cateto serás tú!, Francisco no me saques de mis casillas, joe, ¿entonces qué me decías tú a mí que nos hacía falta en casa para usar los dos ordenadores?, ¿no era el wifi ese?, listo que eres tú muy listo, pues a ver si se te olvidan los garbanzos, que vas a comer mañana lo que yo se me, mira ¿sabes lo que te digo?, que ya no barro más, recojo las papeleras y me voy de aquí antes que se den media vuelta esos desocupados y se vengan otra vez al coche, y te dejo que me tienes loca, me cambio el emepetrés, a ver si me relajo un poco con la música, ¡chao!


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