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8 min
Las neesidades del servicio (y 3)
Reflexiones |
30.11.21
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Sinopsis

Finaliza aquí este relato que espero les haya gustado. Saludos

.../...

La operaria de la limpieza colocó la escoba y el recogedor en el lugar adecuado de su vehículo, se introdujo en la cabina y accionó la llave de contacto. El motor eléctrico se negó a colaborar.

—¡Vamos, vamos! ¡Me cago en la madre que parió al cacharro éste!, cari, oye, ¿tú te acuerdas la otra vez que pasó lo del coche eléctrico?, ¿de qué era?, hombre, no llamo al coordinador porque no quiero que sepa donde estoy, tío listo, ¿a mi jefe?, todavía me lo pones peor ¿te acuerdas o no te acuerdas?, no me líes que la gente del banco me está mirando y me da la sensación de que ha solucionado ya el asunto de los gemelos y otra vez los tengo aquí ¿la batería?, ¿y eso dónde está?, ¿cómo dice usted?, espera, espera cari, es que un muchacho me está preguntando por un señorita rubia, me parece que es la misma persona que está atrancada en la puerta del banco ¿Sofía?, ¿cómo?, oye, perdona, pero es que estoy con el coche que no me arranca y mi marido, ¿qué dices?, joe cari, calla un momento que no puedo atender al chaval, ¿oye, ese coche rojo es tuyo?, pues allí se ha parado un motorista de la policía y por las intenciones que tiene te va a caer una multa como no te des prisa, ¿la puerta del lateral, dices?, ¡ve para allá y pregunta!, ¡ah, el guardia!, cari, yo no veo ningún cable azul ¿y si le damos un empujón como toda la vida?

Mientras tanto…

—¿Qué pasa en el banco? ⸺le pregunta un cliente a Carmelo.

—La cosa es que yo estaba despachando una bolsa de pipas para una señora que tiene dos gemelos y quería comprarle una bolsa de gusanitos…

—¡No! Si por las acciones de Repsol yo no te he preguntado, Carmelo.

—¡Déjame que te cuente! Es que si no, no te vas a enterar de nada, no seas impaciente, la señora como te digo tiene dos gemelos y por tanto el carrito para llevarlos es de esos grandotes ¿me sigues’

—¿Qué te parecía a ti, Carmelo, si yo te contase ahora, así a bote pronto, la conspiración judeo masónica que existían en otros tiempos en este país y que salía a relucir en épocas de sequía?

—¡Qué impaciente eres! ¿Qué va a ser? ¿Algo más? Son cuatro cincuenta. Como te digo la señora estaba ahí mismo, donde tú estás ahora, entonces se acercó un señor, de esos del montón ese que ves allí con una gorra verde…

—Carmelo, mi perro me está esperando para que lo saque a mear y me ha dicho mi mujer, vete primero a comprar el periódico y te subes un litro de leche, ya ves como vengo, en zapatillas…

—No me había fijado, pero oye, es que yo no sé qué le dijo el señor sobre un rebaño de corderos que ¡hala!, se fueron los dos para el banco como si les fuese la vida en ello…

—¡Ya! por la misma razón que las loterías nunca tocan más que de vez en cuando, porque eso está apañado por los ingenieros y salen los números que ellos quieren; un pelotazo de vez en cuando para enganchar a la gente y luego vete tú a saber a quién le toca ¿tú conoces a alguien?

—Yo no, pero mira, se van para el banco y luego aparece una muchacha rubia, a ver si tienes ocasión de echarle un ojo, yo no me he podido fijar bien porque no puedo dejar el negocio…

—Mi perro se mea en la maceta y hoy tenemos fiesta en casa, pero aunque no me lo termines de contar, Carmelo, yo me meto en el laberinto ese y me entero que está pasando en el banco, ¿que empuje qué?, lo siento señorita, pero es que estoy operado de una hernia y no puedo hacer esfuerzos.

Además…

—Como lo oyes, cari, este cacharro sigue sin hacer ni gota de ruido, a mí se me echa la hora encima y hasta llegar al final de la Avenida me quedan todavía cincuenta papeleras que registrar, hoy no me esperes para comer porque están las cosas como para andar con tonterías ¿parte de incidencias?, el que me van a poner a mí como no salga de este rincón, estás muy equivocado, Francisco, las cosas ya no son así, como se nota que hace tiempo que no trabajas, ahora por menos de nada te plantan de patitas en la calle, ¡hostias tú, los bomberos!, éramos pocos y parió la abuela, se ve que la señora de los gemelos no ha conseguido salir de la urna, no te lo pierdas, cari, al del coche rojo le están jodiendo también, allí está la grúa llevándose el vehículo, ¿cómo habrán venido tan rápido?, deberían andar por aquí cerca y ya puestos, de lo contrario no me explico ¡anda la leche!, allí veo venir al tío de la bici otra vez, joder, éste me va a dar la mañana y más adelante se está parando un patrullero de la policía municipal, ¡oiga, oiga! ¿por qué no le dice usted a cualquiera de esos que me den un empujoncito, a ver si arranca el trasto éste?, la que se me viene encima.

Y…

—¡Carmelo, Carmelo! Los bomberos andan ya a machetazos limpio con el banco, te lo pierdes  ⸺decía el señor del perro.

—¿Y qué quieres que haga, coño?, que abandone mi puesto, yo soy como los buenos soldados, jamás abandono. ¿Se ha ido ya la operaria de la limpieza?

—Allí están unos cuantos dispuestos a darle un empujón, yo no puedo, la hernia, y además me voy para arriba que mi mujer y mi perro tienen que estar desesperados.

—Pues te vas a perder lo mejor, porque ahí viene el ciclista que armó el escándalo, ¿ahora te vas a ir?, éste seguro que trae noticias frescas.

—La operaria se va, el vehículo se mueve.

El vehículo se mueve.

—¡Cari, cari! ¡Ya funciona! No veas tú, se han puesto detrás unos cuantos y he cogido una velocidad que ya no me coge ni el ciclista por mucha cara de velocidad que ponga. ¿Las papeleras?, anda que le den por culo, cualquiera se para ahora, yo no me paro ya hasta que llegue al almacén, de allí me voy corriendo al médico y le pido una baja por estrés, oye tú que entre unos y otros me ha puesto a cien, tengo ahora mismo el corazón que se me sale por el pecho, como le pasó a tu madre el día que tu hermano se cayó en el parque, ¿te acuerdas?, ¡me da igual, cari!, no me la juego, al tío ese no quiero volver a verlo, ya me las apañaré, ¡ya sé lo que te dije!, ¿a que todavía no has echado los garbanzos?

En el quiosco:

—Mire usted, agente, yo no puedo saber lo que pasa en el carril bici teniendo que estar pendiente de mi negocio ¿usted lo entiende?  ⸺decía Carmelo.

—Lo entiendo, pero este señor afirma que usted ha estado presente en el momento que el vehículo de la operaria…

—¿Qué operaria?

—La que según este señor estaba ahí, en el carril bici.

—¡Estaba, estaba!, oiga, yo no veo a nadie en ese carril bici, salvo a un montón de gente que andan de un lado a otro, ¿usted ve alguna operaria de la limpieza?...pues yo tampoco.

De repente se oyó un estruendoso aplauso colectivo que provenía de las inmediaciones del banco, se abrió un pasillo en medio de la multitud y por ella desfilaron la madre con sus dos gemelos, sentados en el carrito, la joven rubia del brazo de su novio y el cuerpo de bomberos que había participado en el rescate.

No había forma de entenderse con la autoridad al respecto del incidente del ciclista y la operaria de la limpieza, por lo que el hombre optó por romper la denuncia en presencia del quiosquero,  montarse en su bicicleta, y poner tierra de por medio.

Los aplausos se redoblaron, viéndose obligados los bomberos a saludar antes de subir a su camión, que por cierto no solo ocupaba todo el carril bici sino que además obstaculizaba el tránsito normal de esa parte del acerado, pero ya se sabe, lo primero de todo son las necesidades del servicio.

J.R. Infante

 

 

 

 

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