cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Las Rosas Llegan en Tren
Amor |
21.02.21
  • 4
  • 3
  • 982
Sinopsis

Un hombre espera el tren todas las semanas. Alguien le lanzará un ramo de rosas.

                              LAS ROSAS LLEGAN EN TREN

Nueve y quince de la mañana. El tren procedente de Madrid pasa por la intersección de una carretera secundaria cerca de una aldea. De unas de las ventanas de un vagón sale un ramo de rosas y cae en la carretera. Un señor llega hasta las flores, las toma, las huele y las besa. Da media vuelta y se retira lentamente con el ramo de flores en el pecho.

Desde hace varios años, todos los domingos, los pasajeros del tren, observaban esa curiosa escena.

 

Muchos años atrás, Juan José, comenzó a trabajar con el ganadero Sebastián Goutery. Su trabajo consistía en revisar las cercas, arreglar puertas y otros trabajos necesarios en la dehesa del rico empresario. A los pocos días, llegó desde Madrid, Sonia, la hija de Don Sebastián. Juan José en ese momento se marchaba cuando la vio llegar. Bastó mirarla y sintió como sus miradas se abrazaron. Ella le dedicó una sonrisa que fue directa a su corazón. Esa noche solo pensaba en la chica. Su cabello largo negro, sus ojos negros intensos adornados por lindas cejas y pestañas, sus labios rojos naturales contrastaban con su piel morena.

Al otro día, desde la dehesa, pudo observar como la joven iba para el granero y no lo pensó dos veces para dirigirse hacia el lugar.

– ¡Buenos días! –saludó cortésmente

– ¡Buenos días! –le contestó ella con una dulce sonrisa

– No sabía que Don Sebastián tenía una hija tan hermosa

La conversación se prolongó y terminó con la convicción de que se habían enamorado.

Los días pasaron y siguieron viéndose en el granero, testigo mudo de los besos y caricias, de sus palabras amorosas y de sus promesas para toda la vida.

Un día, al llegar al granero, se encontró a Sonia triste.

– ¿Qué te sucede amor?

– Mi cielo, mi padre va a vender todo esto y va a comprar una fábrica de productos de higiene en Madrid en sociedad con otro empresario.

– ¿Entonces?

– Tengo que irme. Tengo que terminar la Universidad. Te juro que vendré por ti y estaremos toda la vida juntos.

– ¿Y mientras? ¿Qué hago sin ti?

– Todos los domingos te enviaré un ramo de rosas. Espéralo a la salida de la aldea.

Ese día, el amor rompió todas las barreras de lo prohibido. Sus ansias de amarse se desbordaron en una pasión incontrolable donde ella supo por primera vez sentir a su amado dentro de su ser y él sintió que el Mundo se le iba en cada momento de locura pasional.

Los años pasaron y todos los domingos, Juan José llegaba hasta la línea del ferrocarril a recoger el ramo de rosas, pero un día, pasó el tren y no salió el ramo esperado. No podía entender. ¿Qué habrá sucedido? –pensaba angustiado– y retornó a su casa triste y deprimido. Al domingo siguiente volvió y nada. La tristeza se estaba apoderando de él. Era lo único que sabía de su amada y ahora no llegaban las rosas. Tampoco sus cartas.

Al domingo siguiente, llegó hasta la línea del tren y se sentó junto a la barrera a ver pasar los vagones y mirando ansioso para todas las ventanillas.

El otro domingo acudió al mismo lugar, a la misma hora y vio salir, del tren, una rosa. Se sorprendió, pero pensó que era una casualidad. No sabía que un empleado del tren que había visto la escena durante años, se conmovió y entonces le lanzó la rosa.

Llevaba la rosa en la mano, hacia abajo, no como llevaba el ramo de su amada que siempre lo sostenía cerca del pecho, hasta que al final, la dejó caer. Llegó a la casa y se tiró desconsolado en el amplio butacón. De pronto sintió la fragancia de rosas. Salió a la puerta y de pie estaba Sonia con un ramo de rosas en una mano y un niño en la otra. Pensó que estaba soñando hasta que ella lo abrazó lo besó y le dijo al niño “Mira José, éste es tu papá” y el niño le extendió sus bracitos. Los tres abrazados se dirigieron hacia el salón y comenzaron una nueva vida.

 

Pcfa

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Obrero del transporte vinculado a la literatura a través de obras escritas de teatro para colectivos obreros. Ha escrito tres libros: "Amor entre Azahares", Cuentos y Poesías de Celestino y La Sangre que Regresa (titulo anterior: El Leon Rojo Memorias de un Combatiente) .Actualmente está jubilado.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta