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7 min
LILITH
Fantasía |
11.05.16
  • 4
  • 10
  • 1177
Sinopsis

Un demonio. ¿Quién sera el rey de reyes?

Soy Lilitht, humanos. Estoy entre vosotros porque busco a mí amado.

Y no descansaré hasta encontrarlo. 

Mí amado se llama Absalón y tiene que ser el humano más hermoso que haya entre vosotros.

Por sus venas corre mi sangre.

Él es mi hijo, de muchos otros que tengo y mi más preciado tesoro.

Y juntos reinaremos sobre vosotros, mortales.

ABSALÓN

Nací en 1975. Mi nombre es Aitor, ahora conocido como Absalón.

Mi infancia fue como la de los demás mortales, feliz.

Amaba mis padres como hacen todos los hijos. Y los respetaba.

Jamás comprendí porque las chicas me seguían a todas partes. Pero me gustaba que lo hicieran e inconscientemente me gustaba seducirlas. Para luego olvidarme de ellas y buscar carne nueva.

Nunca he estado enfermo. Como lo habréis estado muchos de vosotros.

Mi madre murió hace pocos meses y la echo de menos como harías cualquiera de vosotros sí os faltara vuestra madre. La quería y la adoraba. Más que una madre, era una hermana para mí.

No hace mucho mirando unos papeles descubrí algo muy extraño ¿Si mi madre era estéril? cómo decían aquellos papeles ¿Quién era mi verdadera madre? —me pregunté.

Cogí esos papeles y se los enseñe a mi padre. Se quedó mirándolos y me miro a mí y siguió con su lectura. Le pregunté qué si mi madre era estéril como decían aquellos papeles, levanto la vista del libro que estaba leyendo y me afirmó que eso era cierto. Que ella era estéril como decían esos papeles. Me dijo que estuvo presenté en mi parto que me vio nacer. También me dijo que yo no era hijo suyo. Que era hijo del Diablo y no me acercara a él. Le pregunté un porqué. Y su respuesta fue que yo estaba maldito, que estaba poseído y continuó con su lectura.

Sus palabras me ofendieron, me molestaron más de lo que os imagináis ¿Cómo podía pensar eso de mí? ¿Qué yo era hijo del diablo? "Vaya una estupidez —pensé. 

Quería a mi padre os lo aseguro. Pero ese día nos distanciamos para siempre. El me crió como a un hijo suyo, no lo dudo. Pero ahora me doy cuenta de que nunca me quiso, que lo hizo por conveniencia o algún pactó con mí difunta madre. Qué yo nunca sabré. Pero es algo que no puedo reprocharle, ni a uno, ni al otro. El fue mi padre sin serlo. Y es algo que le agradezco.

Pocos días después de esos comentarios, mi padre enfermo. Muriendo unos días más tarde. 

No fui a su funeral y no permití que su cuerpo reposara junto al de mi madre. Y fue enterrado a aparte como yo ordene.

Y esa noche...

«Absalón, Absalón»

Esa voz me atormento durante toda la noche ¿Quién era? —me preguntaba ya molesto.

Era una voz de mujer. Pero porque me llamaba por un nombre que no era el mío.

Cuando se cansó de decir ese nombre se calló y yo pude descansar por fin. 

Pero al hacerlo...

Y abrir de nuevo los ojos, ya no estaba en mi habitación. Estaba junto a una mujer que no conocía de nada. Mis ojos se prendaron de ella. Porque no dejaba de mirarla, de mirar su cuerpo desnudó, que era perfecto. Jamás había visto uno así. Su larga melena cubría lo más íntimo de ella, algo que mi ser deseó con fuerza.

—¿Qué me ocurría? ¿Qué era éste deseo carnal hacía esa mujer? 

Lo más varonil de mí me quemaba por dentro y me apretaba el pantalón e inconscientemente me lo quite y fue cuando.

Su cuerpo comenzó a enroscarse como el de una serpiente sobré mí cuerpo. Una extraña lengua acariciaba mi cuerpo, mientras unas suaves manos lo desnudaban.

Y unos extraños ojos me tenían hipnotizado.

Su cuerpo no dejaba de contonearse sobre el mío. Notaba su calor y ese calor ardía sobré mí cuerpo también, su peló de color rojizo se enredaba sobré mí cuerpo. Acariciando lo mas intimo en mí. Que ardía de pasión.

Esa pasión fue subiendo de nivel entre jadeos, siseos y apasionados besos entre los dos.

Su cuerpo cayo exhausto sobré él mío. Me abracé a ella quedándome dormido hasta que...

Al despertar, noté que mí cuerpo ardía, algo me estaba quemando y al mirar por la ventana. Esos tenues rayos de sol me estaban matando ¿Pero porque? —quise saber.

Bajé de la cama y cerré la ventana y la persiana de golpe y cubrí mí cuerpo con una sabana e hice la misma operación en el resto de la casa  y la oscuridad alivió mí dolor.

Me senté en el suelo sin dejar de observar la pared blanca que tenía enfrente de mí. Ese día no dejó de sonar mi móvil y el teléfono de casa. No me atrevía a moverme de mi sitió tenía miedo. Ese miedo me impidió comer, hacer mis necesidades y más cosas que no recuerdo.

No sé cuánto tiempo estuve en ese letargo. Si días, meses, horas. Sólo escuché una voz ¿Pero de quién era? no la recordaba.

—Aitor...

No dejaba de zarandearme y llamarme por mi nombre un nombre que no recordaba y le contesté.

—Me llamo Absalón ¿Quién eres tú? —le pregunté. 

—¿Quién es Absalón? —me preguntó ella.

—Yo —le contesté de nuevo.

Me fui acercando a ella y mi cuerpo la fue absorbiendo. Noté como recuperaba las fuerzas y mi interior se fue transformado y haciéndose más fuerte.

Todo cambiaba en mi ¿Qué era? tenía miedo... y la solté.

Al ver su cuerpo grité horrorizado.

—¡¡¡Dios mío que hecho!!!

No pensé en el sol, en lo que era ese momento porqué no lo sabía. Y salí corriendo de mi casa, desnudo como estaba. La gente me miraba y yo hacía lo mismo.

Mi cuerpo se desintegraba.

Y yo seguía huyendo de mi mismo. Sin saber porqué lo hacía.

Hasta que mis piernas dejaron de correr y me desplome.

Me desperté en una extraña habitación. Estaba esposado y junto a mí estaba ella. La mujer de mis sueños.

Su mano no dejaba de acariciar mi pelo hasta... lo más íntimo de mí.

—¿Quién eres? —le pregunté.

—Soy Lilith. Te esperado durante tanto tiempo.

Al oír aquel nombre, mi cuerpo se sacudió en aquella cama y recordé lo que nos contaba el profesor de religión sobre ella.

Que era el pecado, la tentación.

El mal personificado.

—Soy lo que tú desees mi señor —me dijo sin dejar de acariciar mi cuerpo.

Intentaba apárteme de ella sin lograrlo. Le gritaba que se apartara de mí.

Pero ella seguía seduciéndome con sus extrañas caricias. Que me hacían estremecer de placer.

Su cuerpo y el mío parecían ser uno. Me vi libre de mis esposas y en vez de huir la hice mía. Mis manos desgarraron su piel arañándola, vi esos surcos de sangre que comencé a lamer y disfrutaba con ello. Y ella parecía disfrutar del daño causado.

No fuimos humanos, parecíamos animales en celó. Ella no dejaba de mordisquear cada parte de mi cuerpo, de lamerlo con su extraña lengua, sus ojos me tenían cautivo. 

No dejaba de verlos, y al hacerlo ella era la mujer de mis sueños. Lo que más anhelaba en esta vida.

Su cuerpo fue enroscándose en el mío, notaba que mis huesos se partían, pero no notaba dolor sino placer. Un extraño placer que me sumió en una extraña inconsciencia. En esa inconsciencia yo vi lo que era ella, lo que era yo.

Yo no quería ser rey y me obligaron a serlo en un pasado lejano. Yo había pecado con la seducción, el mal personificado y ella había vuelto a por mí.

Dicen que soy Absalón y debo mandar entre vosotros mortales.

Luchaba conmigo mismo. Hasta...

 

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