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10 min
Lina, Leti, Laura, ...
Amor |
11.03.19
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Sinopsis

Hªs. engorrosas alrededor de Laura

Laurabuela, por las mañanas, paseaba por su jardín en estiloso albornoz rodeada de sus perros llevando una taza de té en la mano. Después de tomárselo, plantaba sistemáticamente esquejes de geranio que siempre prendían. El resto del día se afanaba con multitud de ocupaciones y tareas que ella misma se buscaba; la principal, cuidar de su Amor de toda la vida, su lustroso " fina estampa caballero". Viajaron juntos todo lo que pudieron, ella impecable con guantes a juego y él con permanente chaqueta a pesar del sol más tórrido:

- ¿ Por qué me dejaste comer tanto anoche?- preguntaba él.
- Te lo comiste tú, no yo; con eso de que venía en la guía Michelín,... - contestaba ella.
- Esta noche no vayamos a ningún sitio que prefiero cenar en la habitación del hotel.
Laurabuela reía sabedora de que la amenaza del consomé no sobreviría más allá de las siete de la tarde, justo a tiempo para reservar mesa en el pequeño restaurante que les había recomendado el conserje por la mañana. Laura recuerda su momento gran chef cuando le ponía un delantal, la subía a un taburete y le enseñaba a hacer raviolis y ñoquis. Laurabuela poseía una innata capacidad de improvisación en la cocina, pero, así mismo, ayudaba a una institución para madres solteras, ella, tan bajita, compensándolo con zapatos de diseño con tacones imposiblemente altos con los que caminaba recta como un soldado, más la gracia de una bailarina. Ahora camina peor, seguramente hacia el más allá que aún no ha llegado, aunque sigue colocándose los guantes a juego con los zapatos. Recuerda poco, pero él la estaba esperando sentado en una bohemia terraza con vistas al cielo. Ya viuda, Laurabuela, en un sueño de carnaval, extendió por su rostro un maquillaje completamente blanco, dibujó bajo sus ojos unas ojeras moradas y peinó sus pestañas con rimmel negro del que se corre; perfiló la silueta de sus labios con lápiz morado y los cubrió de carmín grisáceo. Sacó del fondo de armario su vestido insultantemente negro azabache con ligera capa y apertura de pierna junto a su peluca de los horrores. El cuello sobresalía por encima de su nuca. Era su disfraz de novia del vampiro con algún complemento rojo sangre y una tenue dorada máscara más allá de su mirada, soñando que no tenía problemas, que su nevera siempre estuvo rebosante, que estudió y ejerció aquel oficio que le atraía junto a sus leales amistades, adentrándose en " Alicia en el país de las maravillas". Al despertar, acudió rauda a las visitas en los hospitales de niños con cáncer vestida de payasa a base de encomiable sentido del humor.

Para Laura, Malinas es diferente a otras ciudades históricas de Flandes porque fue, en el siglo XVI, capital de Borgoña, un ducado que desde Francia extendió su dominio a los Países Bajos, donde se educó el emperador Carlos I de España y V de Alemania, en la corte de su tía Margarita de Austria. En dicha época dorada, por los palacios trajinaban birretes personajes como Erasmo de Roterdam o Tomás Moro. Laura admira el estilo gótico del Ayuntamiento y, asomando sobre un friso de casas con glabete, la Catedral de San Rumoldo, con seiscientos peldaños de subida para tocar con los dedos el plano más palpitrante de Malinas. Detrás, asoma la Iglesia de San Juan que esconde un tríptico de Rubens. Laura fotografía el soterrado arroyo de Melaan y, a diez minutos, la singular plaza del pescado junto a la Real Fábrica de Tapices de Wit y, enfrente, el beguinaje donde se recluían mujeres viudas o solas que oficiaban dicho arte. Un café tradicional en De Gouden Vis con interior art nouveau para, más tarde, dormitar en una antigua factoría de ahumado reciclada en hotel y, al levantarse, maquillarse el rostro con pecas a modo de joyas de distintos colores y de cristales Swarovsky gracias a " Élite", pintalabios naranja, mechas californianas y futurismo con patronajes en tejidos técnicos, pegatinas, parches y accesorios de Pepa Salazar, a la que Laura sigue hasta A Coruña, alojada en el Attica21, habitaciones silenciosas junto al recinto ferial ExpoCoruña. Ocho plantas vertiginosas a bordo del veloz ascensor panorámico, entre ejecutivos y viajeros de máxima curiosidad. Laura comienza por acercarse al faro más antiguo del mundo en activo, la Torre de Hércules y, en alrededores, el Aquarium Finisterraé con salas sumergidas bajo el mar, para, después, degustar con ganas en el barrio de Monte Alto o en la Pulpeira de Melide, tapeo en torno a la céntrica plaza de María Pita: " Érguete, miña amiga, que xa cantan os galos do día; Érguete, miña amada, porque o vento muxe, coma unha vaca. Os arados van e ven desde Santiago a Belén. Desde Belén a Santiago un anxo ven en un barco de plata fina que trai a door de Galicia... negra fonte dos teus cabelos... Tristes herbas; ¡ Érguete! " ( Rosalía de Castro). Y, de feria, a Sevilla, donde los apartamentos vacacionales del Palacio Bucarelli, de 1615, cuentan con la leyenda de Bécquer en el barrio de San Lorenzo, donde, completamente enamorado, escribió aquello de " Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar... ". Laura se deleita con la arquitectura barroca andaluza, los encantadores patios interiores y los jardines de naranjos, limoneros, jazmines morunos y alberca junto al sonido de las majestuosas fuentes de apeadero restaurado a cargo de Javier Betancourt y mercantes florentinos que pasaron por la basílica de Jesús del Gran Poder o por el Espacio Santa Clara y su Museo de Bellas Artes; cultura y diversión a lo español más internacional.

Laura acude al Turín Artissima, principal feria de arte contemporáneo de Italia, punto caliente del circuito internacional y mecenazgo burgués consustancial a tal cultura que explica la proliferación de galería y centros de arte públicos y privados, como el Castello di Rivoli, la Fondazione Sandretto Rebaundengo y ambiciosos programas educativos y talleres en reconversiones para usos culturales como la antigua fábrica de Fiat o la Pinacoteca Agnelli, encajada en el triángulo mágico de Turín, Lyon y Praga. Laura se aloja en una casa rural del Piamonte donde el pintor surrealista Giorgio de Chirico dejó aflorar su perpetua inspiración, donde las Cuevas Alquímicas se sitúan justo debajo del Palazzo Madonna, donde Umberto de Saboya fue asesinado entre pequeñas gemas de cuando habitaban los cíclopes. 

Laura tenía una cita a las seis de la tarde y salió de casa con destino a la playa de la Zurriola, pero equivocó la hora y se encontró en un tiempo suspendido y, aparentemente, vacío de contenido. Por el sol de mayo, Laura optó por sentarse en un banco del paseo, como Laurabuela, torpe ya para caminar, se trasladó a un primero de ventanas y balcón con vistas a la calle. Laura miraba a los surfistas, descalzos, chorreando agua con sus tablas bajo el brazo, saliendo de la playa con la cara de satisfacción del deber cumplido; mujeres de dos en dos contándose al unísono lo imprescindible de sus vidas; mujeres jóvenes arrastrando el carrito de bebé y el patinete a cuestas, cansadas en su rutina de cena- baño- cuento en su mochila; gente corriendo, sudando como alternativa a más horas de gimnasio; poca chavalería en un día laborable, del cole a los deberes o a actividades extraescolares que dejan respirar el alivio de sus mayores; shorts intrauterinos junto a botas de mosquetero tacón estilete o nikes negras con vaqueros holgados luciendo tripa sujeta con riñonera; lo más cool, turistas fijo; sillas de ruedas y ancianas agarradas fuertemente a los brazos que las pasean; todos con su mirada hipnotizada en sus móviles; la barandilla expedita; el carril bici saturado; nadie observando el placer de las olas marinas, la fina arena, el jugar de los canes o los destellos del atardecer;... Laura se quedó algo fría en el banco del paseo donostiarra y no solamente por la bajada de temperatura en el ocaso; unos pinchos, unos vinos y, relativamente beoda, canturreando de regreso al hogar. 

A parir de 1939, España fue para atrás en el favorecimiento del natural desarrollo de la mujer moderna, aunque, figuras cercanas al régimen se significaron en la lucha por una mayor igualdad dentro de la Sección Femenina de la Falange, como Mercedes Fornica representando la heterodoxia femenina en el sistema franquista, la aristócrata Pérez del Pulgar y disidentes como Laurabuela Moliner que solo contaba, entonces, con tres caminos a seguir, el exilio, la cárcel o el silencio absoluto provocado por el miedo, sin derecho a una ley de divorcio digna, a una cuenta corriente a su nombre, a la solicitud de un préstamo,... Carismática, asume con dignidad el relevo. A su hija Lina, anoréxica debido al cánon de belleza femenina, preferiría que no se nombrase a hombres y a mujeres, sino personas remando a un mismo son de reconocimiento de derechos y valores, que los hombres lloren en público y que las mujeres puedan sufragar los gastos de un hogar; desterrar la trata de blancas que, curiosamente, son medio o, enteramente, de piel negra; la amenaza del vudú hacia las subsaharianas; la ablación a niñas; lapidaciones públicas en Afganistán por el simple rumor de un adulterio; Siria, India o Israel;...

Loren rechaza en sus pinturas lo que se pretende a base de esquemas y proyectos vitales según el sexo y el entorno social, el analfabetismo emocional de los incapaces de abandonarse a la dulzura, a la tranquilidad y a la paz de vivir realmente a uno le gustaría vivir, con emoción. Loren sigue el rastro de una viajera de la época victoriana, Marianne North, que escapó de una nefasta situación familiar para recorrer el mundo plasmado en sus acuarelas, naturaleza silvestre de Borneo, Ceylán, Jamaica, islas Seychelles y, junto a su media naraja, sus huellas en Florencia, la ciudad del lirio bajo los frescos de Vasari y Zuccari a base de representaciones del Juicio Universal y de explosivos jardines de color, los históricos  Bardini y Boboli, entre escaparates de lujo que se extienden desde Milán, escapando de las Fallas valencianas, delirio permanente de ruido ensordecedor, amago de infarto para sus mascotas. Leti, su pareja y hermana mayor de Laura, la emprende con su look favorito, el Boho, estilo que surgió el siglo pasado llevado por artistas y viajeros de todo el mundo; por ello, un look bohemio total necesita la ropa de todo el planeta, camisetas compradas en la India, sandalias mexicanas y sombrero parisino, prendas rosa palo o estampadas en tonos étnicos, pulseras de piedras semipreciosas y grandes anillos anacarados, flecos, encaje, ganchillo, coronillas o diademas florales color tierra, pelo suelto intencionadamente despeinado, máscara de ojos y colorete; y, así, van los dos de la mano por la vida en derroche de Amor. 

Gracias por vuestro tiempo,

kf/marzo-2019

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