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15 min
lo primero que recuerdo
Varios |
04.03.19
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Sinopsis

un pequeño juego mientras destrabo otras lineas de pensamiento

Aún recuerdo la primera vez que la vi, llevaba una blusa blanca o algún tono claro que no logro definir, llevaba de esas faldas tipo tubo y unos zapatos de tacón fino, pero no tan altos. Se encontraba apoyada contra la mesa anotando algo en una libreta de notas mientras sus lentes resbalaban lentamente obligándola a ajustarlos contra su rostro para evitar que cayeran.

Su cabello era de un matiz rojizo como arcilla o tal vez se veía así por el sol que se colaba por la ventana. Siempre me pareció que cambiaba su tono dependiendo del día o el estado de ánimo. Aunque a primera vista pareciese preocupada, era más bien concentración, probablemente fascinación por haber descubierto algo. Estaba inmersa en sus escritos.

Junto a ella había muchos libros de variadas tapas y tamaños, algunos parecían bastante viejos, no alcance a reconocer ninguno. Anotaba en la libreta y ojeaba alguno de los tomos que tenía sobre la mesa, parecía que se iba a alejar y volvía a revisar algo. Se sentaba y luego estaba de pie frente a algún estante buscando algo, intentando con sus finos dedos alcanzar algún viejo ejemplar lleno de polvo.

Yo la miraba desde una mesa cercana, con dos míseros libros de calculo que aunque gordos y llenos de números, palidecían frente a la al menos docena que tenía ella. Creo que estuve más de media hr simplemente viéndola, embobado, atraído.

Normalmente me concentro mucho en mi trabajo, mis datos son siempre fidedignos y sin errores, soy meticuloso en cada aspecto de lo que hago. Aunque ese día no fue el caso ya que realmente no fui capaz de colocar el lápiz sobre el papel ni una sola vez mientras aquella imagen gloriosa se deslizaba de un lado a otro por la biblioteca, consiguiendo sin que fuese su intención, robarme de mis pensamientos durante aquella tarde.

Si bien estábamos sentados en mesas que se encontraban contiguas estoy absolutamente seguro que no percibía mi presencia, es más creo que no sabía que hubiese más gente alrededor de ella en esos momentos.

No pude dejar de mirarla durante toda la tarde, repitiendo cada vez el mismo patrón, leer, anotar, ponerse de pie, buscar, leer anotar y así. Tal vez un par de cosas cambiaban de vez en cuando pero siempre era lo mismo.

No puedo olvidar como se dio ese momento.

Si bien pensé en un millar de maneras de acercarme, en todas fallaba estrepitosamente así que sin intentarlo ya me había rendido. No me mal entiendan, no soy tímido, jamás lo he sido pero que se puede hacer o decir frente a un ángel. Me vi muchas veces caminando con la mejor de mis actitudes de conquistador y estando frente a ella en todos los escenarios ocurría lo mismo. Un silencio sepulcral habitaba en mí. En un caso menos vergonzoso pero aún más humillante en el raro evento de que si lograra hablar ella solo pasaba junto a mí sin percibir que había alguien dirigiéndole la palabra. En otras oportunidades me plantaba entre su mesa y los estantes para llamar su atención, pero solo lograba o que se molestara o que me quitara de en medio. Pero como dije en todos los escenarios yo obtenía un rotundo fracaso.

Nunca podría haber imaginado lo que iba a pasar.

Se puso de pie y miro desconcertada hacia ambos lados, imagine que buscaba algo y muy valientemente metí la nariz hasta el fondo de mis notas, anote números al azar y muy hábilmente me escondí a plena vista mientras de reojo miraba que hacía. Miro sus anotaciones, tomo un lápiz y le daba pequeños golpecitos al cuaderno. Se apoyó contra la mesa nuevamente y revisaba con más vehemencia lo que tenía transcrito sobre el papel pero se notaba que no entendía muy bien lo que sucedía o lo que tenía allí. Camino en busca de más datos pero su acostumbrada repisa no tenía los documentos necesarios para que ella encontrara la respuesta. Miro hacia mi o al menos en mi dirección. Yo sudaba como no lo había hecho en años, odie el vestir que llevaba, porque se suponía que alguien debía usar camisa y corbata, digo, en casa con o sin corbata había hecho cálculos aún más preciso que los que hacia ahora y aquella vez que trabaje en esa zona tropical pude usar una camisa de mangas cortas sin tener esta soga negra al cuello. Por otro lado tal vez no era la ropa la que me hacía transpirar como corredor, tal vez y solo tal vez era ver como aquella majestuosa mujer caminaba directamente hacia mí.

Fue la primera vez que note lo alta que era o más alta al menos que cualquier mujer que hubiese conocido hasta ese día. Podía sentir sus pasos, como los tacones de sus zapatos resonaban sobre el piso alfombrado. No estábamos a más de 3 metros de distancia pero por mi mente pasaron años de pensamientos mientras inútilmente me decía que no venía hacia mí. Eso no me calmaba pero al menos me distraía.

Eso fue lo primero en lo que tuve razón en toda esa tarde.

Paso rauda junto a mi sin prestarme atención, bueno quizá ya había acertado en algo ese día. Camino directo a los libros detrás de mí. Revisaba y miraba cuál de todos le podrían ser de utilidad. Yo mientras tanto quede aturdido por el dulce aroma de su perfume que parecía colarse por cada poro de mi piel, llenando cada rincón de la zona en que estaba sentado. Luego de ese día, su esencia hizo que todo lo demás pareciese vacío.

Ella registraba cada título en busca de la respuesta a su cuestionamiento, yo sin datos ni pistas intentaba saber que era lo que necesitaba entender. Me daba vueltas en la cabeza y aunque no podía voltear a ver cuáles eran los títulos que revisaba, sabía que eran libros sobre topografía y geografía, algunos tomos viejos de cartografía también y cierta cantidad pequeña de datos actualizados de planos y mapas de distintas zonas del país y la región los cuales conocía muy bien, ya que humildemente se me consideraba uno de los mejores cartógrafos de la zona, en ese intertanto seguía tratando de ocultarme entre mis números sin sentido y los garabatos que procuraba mantener en la hoja que tenía frente a mí.

Casi no podía caber en mi asombro cuando se sentó junto a mí o mejor dicho se dejó caer en la silla que estaba a mi lado. Apoyo su codo mientras con su brazo soportaba su cabeza y cruzaba las piernas al tiempo que yo miraba estupefacto y estúpido su blanca y majestuosa piel. Dejo salir algo de aire de sus labios a modo de queja, soplando un mechón rebelde que le tapaba un ojo y exclamando con pesar que le parecía inaudito no poder encontrar lo que buscaba. Yo tontamente no entendí que fue lo que dijo y solo me limite a preguntar si me estaba hablando. Respondió que sí, que era lo que hacía y agrego que como podía seguir asistiendo a tan mal abastecida biblioteca.

Seguía sin saber bien que responderle.

Alego durante un par de minutos más, movía sus manos y se acomodaba en la silla al hacerlo, se apoyó con los codos sobre sus rodillas y me miró fijamente, apunto con su dedo y pude ver sus rojas uñas mientras decía que no se iba a rendir pues no era de ese tipo de mujeres.

Yo seguía sin entender ni saber bien de que hablaba.

Llevaba un rato ya con palpitaciones sin control solo por tenerla sentada a tan pocos centímetros cuando miro los libros que tenía sobre la mesa y mis notas para posteriormente preguntar en que trabajaba al tiempo que creo haber visto mi corazón salir por la boca y mi estómago llenarse de hormigas, mi rostro ponerse rojo como tomate y mis manos temblar, todo ese nefasto espectáculo en centésimas de segundo. Seria mentir que dijera que respondí seguro de mí, como lo hacía frente a mis colegas y alumnos, frente a los dueños de constructoras que pedían mis servicios, a veces me veía a mí mismo como alguien más grande con una voz más masculina y abrumadora que hacía que todos me llenaran de elogios, pero la verdad ese día no fue así, hable como si tuviera la boca llena de canicas o como si estuviese tragando un sorbo grande de agua. Dudaba como un estudiante que no se preparo y es increpado por su maestro y las palabras se le atoran en la garganta saliendo todas al mismo tiempo. Quise parecer sabio e interesante, solo logre que riera y me pidiera amablemente que le repitiera todo.

Su voz era suave pero profunda llena de intensidad y seguridad, pero al mismo tiempo acogedora y sin deseos de serlo, también seductora. Por mi parte procesaba muy lento lo que me decía pero lograba hacerlo y fui capaz de contarle sobre mis labores, en especial las de ese día, lentamente pero de manera cada vez más fluida fui contándole de mi experticia en el ámbito topográfico y de la cartografía, le dije que no solo tenía mi estudio privado además de eso le pude narrar mi experiencia como profesor en la universidad y lo feliz que me sentía en lo que hacía, si las circunstancias fueran otras creo que me hubieran contratado para el trabajo, pero esa no era una entrevista y yo no era un postulante.

Puso su mano sobre mi hombro mientras sonreía y vociferaba lo excelente y afortunada que era al conocerme. Desde su escritorio la señora mayor que estaba encargada de la biblioteca nos hizo callar como a niños en clases y fuimos víctimas de las miradas acusadoras de todos en el salón, yo ya no tenía más colores en escala alguna para poder mal disimular mi vergüenza.

Sonrió luego de que nos regañaron, se veía hermosa al hacerlo. Hacía que el tiempo corriera más lento cuando lo hacía. Y dijo que necesitaba a alguien con mis conocimientos para poder resolver un pequeño obstáculo en una investigación que realizaba. No pregunte de que o para que investigaba.

Le ofrecí mi ayuda sin bacilar. Me pidió que la acompañara hasta la mesa que estaba ocupando. Tome mis cosas con torpe habilidad y me senté frente a ella lo cual no le agrado y no fue del todo encantadora al pedirme que me ubicara a su lado, pareció como que me sancionaba por un error o algo así. No me molesto en forma alguna que me pidiera el cambio de lugar.

Tenía una serie de datos históricos anotados en diferentes lados, hojas y hojas esparcidas en toda la mesa mezcladas con mapas y letras en idiomas que no reconocí del todo, creo que había algo de francés, latín, alemán un par de idiomas asiáticos y otras que no podría definir ni imitar ni aunque mi vida dependiera de eso. Los mapas eran antiguos y otras eran muy buenas copias de mapas que había visto en mi época de estudiante, grabados de relieves realizados por conocidos maestros de la antigüedad, claro si no supiera que eran propiedad del gobierno y que su revisión era solo para fines específicos en dependencias universitarias hubiese creído que eran los originales. También habían cartas de navegación las que pude leer muy bien, de allí mi pasión por la cartografía pues mi padre era marino y desde niño me guio para poder entender el mar y las estrellas junto con los contornos de la tierra, me decía que era como rozar la piel del mundo, quizá de allí la pasión con la que llevo a cabo mis investigaciones, aunque nunca he sido un gran marinero me puedo jactar de ser un excelente navegante, lo mío es más el trabajo en una oficina que no flota y además soy pésimo en actividades físicas no como mis hermanos, ellos si heredaron esas habilidades de mi padre. Pero bueno, no me desvió más del tema. Me pidió que le ayudara a revisar unos datos que tenía esparcidos por diferentes apuntes, mezclo mapas y cruzo información y no le daba los resultados que necesitaba. Por mi parte observe las cosas y cuando requería conocimientos que no tenia o saber que decía alguno de los grabados y textos que ella tenía en su poder, amablemente me los traducía. Debo decir que era una locuaz y veloz traductora, como bien mencione anteriormente eran varios los idiomas que había allí y en todos parecía manejarse bastante bien. Era como si danzara entre las palabras, como si de sus labios fluyeran verbos y sustantivos que llevaran muertos miles de años y florecieran en su lengua. Se apoyaba en la mesa al ponerse de pie y se colocaba junto a mi hombro cuando quería señalar algo que llamaba su atención.

Los pliegues de su blusa rozaban mi camisa y el borde de mis lentes me impedían mirar más allá de lo moralmente debido mientras yo hacía sobre humanos esfuerzos por no perder la concentración de lo que estaba haciendo.

Analice todo, hice mis cálculos, lance líneas por todos lados, le pregunte si podía rayar sus mapas y me alcanzo uno que tenía debajo de un montón de libros y amablemente me solicito que no dañara esos que me había mostrado. Bueno grabados de esa calidad deben ser costosos, es lo que pensé, por lo tanto es normal cuidar tanto de ellos.

Llegue a un punto en que nada tenía sentido y se sentó junto a mí con expresión de pesar, solo para decir que había llegado solo un poco más lejos de lo que ella había logrado. Eso fue un potente estimulo, no podía quedarme solo con eso, más que mi sentir como seductor ella estaba tocando la fibra del hombre que había dedicado toda su vida a estudiar la tierra y sus contornos y yo me preciaba de ser muy bueno en lo que hacía. Siempre pensé que tenía como mayor fortaleza el ver las cosas desde un Angulo diferente y era algo que inculcaba a mis estudiantes. Extendí el mapa con cuidado de no ocultar nada, deje a un costado los cálculos que estaba seguro que eran los correctos y logre luego de un gran esfuerzo abstraerme en mis propios pensamientos. Era como dejar hablar al mundo en mi mente, no sabía si ella aun me miraba con cierto grado de incredulidad o que sucedía a mi alrededor. Los datos nadaban en mí y las palabras se sucedían una tras otra hasta que de pronto vi la respuesta o mejor dicho que es lo que faltaba.

Salí disparado hasta la sección de mapas y tome uno lleno de telas de araña y polvo, sabía que era uno muy poco usado y probablemente yo mismo hubiese sido el último en poner mis ojos sobre él. Lo puse sobre la mesa, tome un trozo de pliego de papel para calcar que siempre tenía entre mis cosas y lo traspase, luego de eso lo lleve a su mapa actual y la respuesta pareció salir a flote como si hubiese estado sumergida bajo las profundidades de un inconmensurable mar de bruma.

Lo que buscábamos estaba tapado por la construcción actual de la ciudad, sus datos y mis cálculos no podían estar errados, su misterio era algo que siempre ha existido bajo nuestros pies y yo, con todas mis habilidades y creencias, con todo lo que creo saber de topografía y con todos los trabajos que he realizado, nunca me había dado cuenta.

Ella estaba buscando algo que me hizo abrir los ojos.

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