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4 min
Lo que les queda de vida
Amor |
17.03.17
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Sinopsis

El amor y la pasión en su natural expresión...

El solo roce de su piel despertaba en ella todos los deseos, incluso hasta los inimaginables, al besarla; sus labios, su lengua, su boca, desconectaba su mirada y con sus ojos cerrados sentía como sacaba de su mente todo pensamientos, dejando el espacio exclusivamente a su sola presencia ante ella, su cálida humedad iba encendiendo como lámparas incandescentes todo su cuerpo, acelerando  su respiración y los latidos de su corazón, y sin evitarlo iba cediendo a su sutil posesión y casi con urgencia pedía  siguiera recorriendo cada parte, cada centímetro de su piel. 

Besaba con suave lujuria su rostro, su boca, su cuello, debilitando sus miedos y arrancando sus dudas, dejándola libre, solo para el. Sus besos marchaban en descenso ayudados por sus manos, sus casi imperceptibles dedos, que iban causando estragos, desde  su espaldas hasta sus  piernas para  estacionarse en medio de ellas con movimientos ligeros pero con firmeza justo allí, entrando en ella, ayudados por la humedad que de su ser emana, jugueteando con su sexualidad ya rígida de tanto deseo, mientras su boca con una sutil delicadeza lamia y mordiscaba sus senos y sus pezones, los que casi por voluntad propia se entregaban a él, haciéndole alcanzar un orgasmo sin medida.

Con una inmediatez delirante, se fueron sumergiendo  nuevamente es un éxtasis de besos, ella deslizó su cuerpo muy despacio por su pecho  acariciándole todo, besándole cada pedacito de su ser, para llegar  a lo más profundo de su sentir, besaba con ansias sus piernas, marcando el camino a su sexualidad, que ansioso respondería a sus caricias y besos. Ha su llegada, lo tomo con  delicadeza, acariciándole con sus dedos, basándole desde su pedestal, con suaves mordiscos recorrió todo su espacio hasta alcanzar  su cima, para deslizarlo por la lengua hasta llegar a su boca, llevándolo hasta lo más profundo de ella, que con cálidos sorbidos, lo hacían que gemir del más anhelante  placer.

Sin percatarse, él gira su cuerpo dejando su espalda a su divina disposición, la cual besaba con dulzura y ardor, besándola toda, dejando que sus dedos llegasen dentro de ella haciéndola gemir, casi gritar de pasión. Ya sintiendo que su cuerpo le pertenece en totalidad, no podía parar de vibrar, de sentir escalofríos en todo su ser, es como que si su cuerpo perdía voluntad y sirve solo a sus designios de placer… él la posee hasta el alma. 

Tumba su cuerpo en la cama, dejando que sus manos, sus dedos, boca y lengua, explorasen  más de ella, que ya mirándolo no podía para de ver cómo la hacía suya  al encontrarse  de frente con su sexualidad, la  que podía a gritos que la poseyera. La besa y lame con locura, con deseo, lujuria, hasta con amor, ya su mente y todos sus sentidos se habían mudado a ella, solo ella  le obedece, y en su loco delirio suplicaba por más, recibiendo de él y su misericordiosa pasión, ser penetrada por su divinidad, que entra con una exactitud subliminal, pues pareciera que estuvieran hechos justo a la medida.

Sus suaves movimientos aumentaban paulatinamente, al mismo compás, con un mismo ritmo a medida que sus labios no dejaban de rozarle, de besar sus labios, su boca, su lengua, su cuello, sus brazos, su vida, la que ya esta total y absolutamente entregada a él y a su erotismo magistral. Sus roces dentro de ella provocaban contracciones tan fuerte, como si estuviera absorbiendo hasta la última gota de su ser, para sentirlo más suyo, y  ya casi sin aliento alcanza otro orgasmo aun más solemne, quedando su cuerpo estático ante él, mientras sus ansias no desistían sintiendo como llegaba en ella, dejando una indescriptible sensación de paz y armonía para ambos que fundidos en un abrazo terminan de entregarse… lo que les queda de vida… 

 

 

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