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3 min
LOCURA
Drama |
23.01.13
  • 4
  • 7
  • 1498
Sinopsis

tal vez está loca.....

El martes. Salí a la calle, como es habitual y me dirigí al bar que regenta mi marido. Escaparate tras escaparate, mi cabeza se abstrajo ignorando hasta a los desconocidos, pero no por antipatía sino por puro despiste. Crucé la calle y al mirar el escaparate de la panadería, como también es habitual en mí, oí un silbido. Parecía dirigido a mí, sin embargo, al darme la vuelta no había nadie.
 
    El  miércoles. Recuerdo la tarde del miércoles por la lluvia incesante. Me levanté del sofá porque tenía que ir a recoger al niño del colegio, sino jamás me hubiera despegado de él. Me até el abrigo y abrí la puerta del portal no sin antes estremecerme por el aire invernal, implacable este mes de enero. Empecé a subir la cuesta empinada, cuando de pronto un silbido cruzó breve mi silencio. Miré a mí alrededor y allí no había nadie, la cuesta estaba desierta.

    El jueves. El tiempo no mejoró, y apenas paró en todo el día, por lo que, a la mañana me dirigí al supermercado, no por propia voluntad, sino por necesidad imperiosa. Llegué en cinco minutos y me bajé del coche. Me maldije por olvidarme del dichoso paraguas otra vez y colocándome la capucha me dirigí a coger el carro de la compra. De pronto un silbido. El silbido. Temblé, quieta, bajo la lluvia.
 
    El viernes. Amanecí aturdida. Me tocaba abrir el bar, sin embargo, no quería ir. No era por pereza, ni por el hastío que provocan los días de lluvia interminable; simplemente, sentí un desasosiego paralizante, supongo, fruto de vete a saber qué artimaña de mi traicionero subconsciente. Me armé de valor y salí. Cogí el paraguas, raro en mí, y cruce las largas calles que me separaban del local. Me intenté abstraer con los escaparates, pero no pude. Casi había llegado al bar, cuando el silbido me paralizó. Miré en todas las direcciones posibles. Allí no había nadie. Corrí y corrí. El paraguas se cayó. Lo dejé allí, no me importó. Llegue al bar y cerré la puerta tras mi espalda.

    El sábado. Me levanté de la cama. No abrí ninguna persiana. No quería ver la lluvia, no quería saber nada de aquella malvada lluvia. Me senté en el sofá y esperé; esperé todo el día.

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