cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

4 min
Locura por amor
Amor |
12.02.18
  • 5
  • 3
  • 58
Sinopsis

Nunca he estado en ese lugar y he tenido que investigar un poco para describir algo que se asemeje un poco con la realidad. Y aun así no sé si será todo lo fiel que podría porque no tenía ni idea. Además, es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

Mi novia me propuso un viaje inmediato y sin planificar a alguna playa exótica y, cómo a mí no me importaba porque deseaba hacerla feliz, acepté sin dudar. Además, me venía perfecto para llevar a cabo la pedida de mano porque era uno de los lugares idóneos para hacerlo. Así que dicho y hecho: buscamos un vuelo en el que sobraran plazas libres y el destino final escogido fue alguna de las playas con el agua más limpia y cristalina del mundo situada en la Isla de Bora Bora, perteneciente a la Polinesia Francesa. Tras más de un día de agotador vuelo entre escalas desde España a otros países, llegamos por la tarde al aeropuerto de Faa’a, en la isla de Tahití, desde donde aún quedaba un vuelo más hasta Bora Bora; alrededor de unos cincuenta minutos más. Nunca había estado tanto tiempo volando, pero he de decir que mereció la pena y que volvería a repetirlo.

Una vez en Bora Bora cometimos el error de realizar el cambio de divisa en el aeropuerto -de Euro a Franco CFP- ya que si lo haces concretamente en un aeropuerto es más caro al igual que lo son las comisiones. Pero bueno, ya estaba hecho y seguí conforme a lo previsto sin darle mayor importancia: allí contratamos un servicio de transporte y le pedimos al conductor en un Francés tosco, casi chapurrado, que nos llevara a la mejor playa de la Isla. Con el Inglés no teníamos problemas. El destino fue Matira Beach, una playa paradisíaca de la cual no teníamos ni idea de qué íbamos a encontrarnos realmente, porque no es lo mismo ver unas cuantos fotos en Internet que estar ahí mismo experimentando sensaciones. Caminamos unos minutos hasta la playa y fuimos recibidos por lo que debería ser una brisa tropical, aunque para mí no era muy diferente a la mediterránea en la época estival. Quizá fuera porque nosotros vivimos en la costa y tenga rasgos parecidos, o puede ser que no tuviera -ni tenga idea- de percibir las diferencias; como cuando te cambian la Coca-Cola normal por la “sin cafeína” y no te das ni cuenta. Nos adentramos un poco más y vimos lo que jamás hubiéramos imaginado: una arena muy fina y de un blanco impoluto (algo impensable en las playas de nuestra ciudad). Palmeras de hojas verdes y preciosas con algunos cocos esparcidos sobre la arena debajo de ella. Cabañas de madera a lo largo de una pasarela de tablas que penetraba hacia el interior de un mar de aguas transparentes y color turquesa que todavía reflejaban la luz del atardecer. Parecía una postal. Increíble.

Pedí a otro turista que si por favor podía grabarnos con la cámara de mi teléfono para inmortalizar aquel maravilloso momento, y ante la inmensidad del océano, me arrodillé en mitad de la playa llenándome de arena para extraer la pequeña cajita del bolsillo de mi pantalón con la intención de formular a mi novia esa pregunta que, por miedo, había estado retrasando hasta que ya no pude aguantar más: <<¿Te quieres casar conmigo?>> ella se llevó las manos a la boca y rompió a llorar desconsoladamente, tras lo cual añadió: <<Yo te iba a preguntar exactamente lo mismo y por eso te había propuesto un viaje así, a lo loco>> Los demás turistas, una vez dio el sí, comenzaron a aplaudir y a silbar, incluso una mujer -nativa del lugar, creo- nos agasajó con un pequeño obsequio que colocó en la oreja izquierda de mi prometida: una flor de Tiaré.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Buen relato
    He vuelto a publicar el texto, borrando el anterior porque no recibió comentarios y me gustaría saber qué opinión os merece. Gracias.
    Si alguien ha estado ahí alguna vez que me lo haga saber por si algo no es correcto o lo es a medias. Gracias a todos por tomarse el tiempo de leer o valorar.
  • Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Es un texto que tenía en mi anterior cuenta y ahora resubo, pero modificado. La historia en sí, es la mima.

    Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Lo tenía en mi anterior cuenta y vuelvo a subir.

    Un texto que tenía en mi anterior cuenta, de mis inicios en este arte que es la escritura. Espero que os guste, saludos.

    Lo tenía en mi anterior cuenta -creo XD- y ahora vuelvo -o no XD- a resubir. Saludos.

    Nunca he estado en ese lugar y he tenido que investigar un poco para describir algo que se asemeje un poco con la realidad. Y aun así no sé si será todo lo fiel que podría porque no tenía ni idea. Además, es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia o error. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Son tres partes que tenía en mi anterior cuenta. Está es la primera: http://www.tusrelatos.com/relatos/cartas-para-eulalia-i

    Esta texto lo tengo también en la pagina comunidad tus relatos de Facebook por si lo veis ahí. Texto basado ligeramente en la leyenda de "Sun Wukong"

  • 89
  • 4.56
  • 293

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta