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7 min
El juego de la distancia
Amor |
02.11.16
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Sinopsis

A veces lo único que necesitamos para ser felices, es sentirnos especiales al lado de otra persona, aunque no la puedas tocar.

Estimados lectores, permítanme hoy la displicencia de hablarles de un hombre y una mujer, que decidieron enfrentarse a tabúes y normas sociales por defender la pasión con la que estaban unidos y sin la cual su existencia se tornaba vacía e inexplicable. 

Su relación era diferente al del resto del mundo, o al menos eso pensaban ellos cada vez que se dejaban llevar por la lujuria y el éxtasis. 

Lo que estaba claro es que se amaban, bueno tal vez la palabra exacta es que se querían o se deseaban; la verdad no sabría decir con exactitud si era amor, pasión o simplemente deseo, lo que los inundaba de tal forma que todo lo demás era relativo. 

El tiempo se ralentizaba, las manecillas de los relojes se aletargaban cada vez que se sentían, el agua dejaba de fluir con esa cadencia monótona que transporta la frescura de la vida a todas las partes del planeta, como si el invierno hubiese llegado y la hubiese congelado en un segundo. 

No eran ya unos chiquillos, ni maldita la falta que les hacía, pues en su madurez la experiencia, el orgullo, y la valentía, les hacia comunicarse sin tapujos, sin necesidad de esconder pequeños defectos que los jóvenes enamorados ocultan como mentiras piadosas y que terminan convirtiéndose en una insoportable carga después de unos años de relación. 

Si amigos, me refiero a esos pequeños defectillos que al principio tan sólo generan bromas y picarescas insinuaciones de enamorados noveles, cosas tales como, que ella encuentra simpático, diría que hasta cálido, el ruidillo que él hace al dormir, tras la primera noche de convivencia. Después de un año es un gruñido insoportable que le hace incapaz conciliar el sueño. 

Ellos no tenían esos problemas, entre otras causas por que sólo eran amantes, que jugaban el doble papel de conservadores hogareños en un matrimonio monótono, y el de fogosos transgresores que se entregan a la lujuria como si no hubiese un mañana. 

Este hecho, esta relación prohibida, que para muchos sería un problema, para ellos solo era un pequeño obstáculo fácilmente salvable y que aportaba como ya os he dicho, ese grado de confianza y descaro, imposible de mantener en cualquier otro tipo de relación. 

Ambos se buscaban incesantemente como jóvenes adolescentes púberes con las hormonas disparadas, escapando constantemente de la rutina de sus importantes quehaceres y labores  diarios, que permítanme la discreción, debido a la reputación de estos amantes, prefiero reservarme sólo para mí. 

Como les decía su amor no conocía límites físicos ni morales, y cada momento se convertía en una desbordada y vertiginosa sucesión de tabúes mas propios del Marqués de Sade, donde dejaban fluir sus instintos hasta conducirlos al éxtasis. 

Permítanme citarles, pues lo sé de primera mano, que él, es hombre anodino y discreto, alguien que podría pasar inadvertido en su propia fiesta de cumpleaños, pero que  se transformaba al lado de su amante en un insolente jovenzuelo, con ganas de llamar la atención y con la entrepierna mostrando siempre un sospechoso frenesí. Podría decirse sin intención de resultar ordinario, que el susodicho que menciono tuviese por así decirlo, la voluntad de su miembro supeditada a las ordenes de su amante, la cual con un susurro podía hacer que cual perro fiel se levantase dispuesto a obedecer complacido cualquier tipo de orden emitida por sus labios. 

De ella, que comentar, queridos lectores, una mujer como pocas, cargada de sensualidad, desperdigando erotismo cual diente de león sus semillas al viento. Sólo su mirada febril y apasionada como la de la mítica Dalila, derrotarían al mayor de los Sansones.  

Os preguntareis pues, como tan bella dama, había podido acabar siendo la amante de tan anodino varón. Pues bien, si analizamos científicamente este hecho,  descubriremos que el  cerebro  de la mujer está preparado para recibir cualquier tipo de señal erótica con mayor facilidad que el del hombre, que se basa primordialmente su deseo en meros impulsos visuales.  Para una mujer, una pequeña señal por sutil que pudiese parecer al resto de los mortales, puede ser suficiente para levantar la libido hasta cotas insospechadas. Os preguntareis entonces impacientes amigos cual era el encanto oculto escondido en tan nimia persona. 

Su voz…………….. 

Así, sin más, pues no habiendo sido dotado de gran belleza, la naturaleza le había compensado con el don de la palabra y su capacidad de transmisión. Desde joven había dominado el arte de la escritura, de las bellas palabras, del encanto esculpido sobre el papel, y había sabido transformar esas letras en bellas palabras, que dictadas, susurradas en el momento justo, con la cadencia precisa, harían temblar de placer a la mismísima Venus. Era la misma reencarnación de Cyrano de Bergerac, tanto en su prosa, como en su imagen, pues hay que remarcar que su nariz no era precisamente escasa. 

En los momentos en que ambos disfrutaban de la mutua compañía, él, atento siempre, regaba la flor de la pasión con dulces palabras cargadas de sensualidad y erotismo al oído de su amante, la cual caía rendida de placer dejándose llevar por lugares en los cuales su imaginación creaba nuevos mundos más cálidos y hermosos, donde las preocupaciones se disipaban etéreas en el ambiente. Ella dejaba que su cuerpo asimilara esas palabras que alimentaban su alma de una forma que nadie antes había conseguido, y henchida de tanto candor reventaba en una explosión orgásmica de placer donde descontrolada se sentía renacer. 

No era una pasión buscada de forma voluntaria, eso os lo puedo asegurar, quiero decir que no planificaban sus encuentros en virtud de sus deseos pasionales, sino que los deseos pasionales nacían de los encuentros que tenían, donde se prometían una y otra vez únicamente conocerse mejor y mantener una charla distendida, más pasados los primeros minutos, llegaban los primeros mimos, inocentes; inexorablemente ambos sabían a donde conducía ese juego y se dejaban llevar aun a sabiendas de que una vez más su voluntad de mantenerse firmes sin desearse se desplomaba como un castillo de naipes azotado por el viento.. 

Su atracción nacía de un aroma especial, único, un aroma que si eres muy sagaz se puede percibir en el ambiente. Nunca os a pasado queridos lectores, que en una de esas soporíferas tardes de verano, con el sol castigando duramente el cuerpo, entumeciendo cada uno de los músculos del cuerpo, agotando cada ápice de energía vital para moverse  y con el  aire hirviente que impide llenar los pulmones;  una de esas horribles tardes en las que de repente, sin explicación lógica, una brisa os atraviesa sin más, un aire fresco que inhalas con fuerza y parece eterno, un aire puro que transporta a tu sangre algo más que oxígeno, recargando de inmediato tu ánimo y tensando tus músculos de forma que estuviesen preparados para la competición más exigente. 

Si en ese momento te detuvieses a observar  a tu alrededor, descubrirías que próximo a ti, una pareja de enamorados se miran fijamente, que se tocan si tan siquiera llegar a palparse, que se sienten unidos, aunque se encuentres separados por el muro más impenetrable, y de esa pasión, de esa cercanía, de ese sentimiento, brota una brisa fresca que inunda el ambiente. 

Mas como todas las grandes historias de amor, al menos las más importantes, esta también estaba avocada a la desesperación y la tragedia, pues a pesar de desearse con una pasión desmesurada, de sentirse tan cercano el uno al otro, sus cuerpos no se conocían. 

Así es, su pasión nacía fruto de las nuevas tecnologías, alimentado en la distancia y con la única proximidad de una llamada telefónica. Toda su pasión contenida de forma aséptica a través de una conexión de datos en la distancia.  

Tal vez, en un futuro próximo lleguen a unir sus cuerpos físicamente, pero hasta entonces, seguirán llenando su cabeza de fantasías, de pasiones, de imaginación desbordada. Hasta entonces seguirán llenando su alma con besos electrónicos, con orgasmos digitales, y lujuria cibernética.  

Y permitan pues que yo, pobre idiota, siga imaginando que tal vez un día, pueda disfrutar, aunque sea tan sólo por un día, de un poco del deseo que rezuman nuestros queridos amantes y disfrute de la suave brisa que inunda el ambiente cada vez que se sienten tan próximos el uno del otro.

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  • Me ha gustado mucho tu relato, me he sentido identificada en muchos aspectos. Felicidades :)
    Excelente relato Hilsfar, es la primera vez que te leo y lo he disfrutado mucho. Has elegido una forma de narrar muy agradable para contar esta relación a distancia que ya forma parte de nuestras vidas.
    Por cierto, el orden de los hechos me ha encantado, con un final excelente.
    Cuánta belleza entre palabras... Pero, Hilfsar, ten cuidado con las faltas: "más pasados los primeros minutos", ese "mas", como conjunción sustituta de "pero" y no adverbio, no llevaría tilde; nunca os "a" pasado... Sé que son despistes, pero cuidado porque no me gustaría que restaran calidad a tu incuestionable talento. Un abrazo, amigo
  • Dedicado a todos los que combatimos en guerras que no eran nuestras. La mayoría volvimos, pero parte de nosotros se quedo allí para siempre.

    A todos los que saben lo difícil que es escribir.

    A ti, que no me conoces, por seguir alentándome.

    Al mezquino ser que me saluda cada mañana frente al espejo.

    A ti, no hace falta decir tu nombre, juguemos, ;)

    Vendrán días, mejores, donde el dolor sólo será un mal recuerdo. Descansa mi princesa.

    Dedicado a esa gran luchadora de la vida, con todo mi cariño.

    Te prefiero feliz, aunque no sea conmigo.

    El cuento de mi vida.

    A veces lo único que necesitamos para ser felices, es sentirnos especiales al lado de otra persona, aunque no la puedas tocar.

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Escribir, ¿para qué? Para soñar, reír y sentir, las mil vidas, que siempre eludí.

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