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2 min
Los autores que me gustan.
Reflexiones |
25.05.21
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  • 3
  • 710
Sinopsis

Los autores que me gustan

Uno solo va a poder describir ciertas aventuras que pueda vivir o acaso imaginar. Aquello que le pueda ser expresable. Vivible. Imaginable . Uno nace con ciertos grilletes que determinan el tipo de cosas que va a poder vivir, que va a poder imaginar y por tanto que va a poder escribir. Alguien puede empaparse la encyclopaedia británica , saber 23 idiomas, ensayar, leer poesía francesa o italiana del renacimiento, tener un dominio insólito del lenguaje, una capacidad asombrosa de jugar con él, pero... Pero si es incapaz de experimentar ciertas cosas o vivir ciertas cosas jamás podrá escribirlas. Y es ahí donde , para mí, radica la calidad literaria, el alma del escritor, el arché genuino e inimitable que hace que tenga un sello original, una maneras.y unos temas fácilmente identificables. La calidad literaria no reside tanto en cómo se dice algo sino en qué se puede llegar a decir. En qué es capaz de expresar. En qué porción de realidad y experiencia es capaz de transmitir. Qué originales y especiales hechos puede proyectar. De qué manera atrapa a la vida y a la experiencia atravesándole. Esa es mi humilde opinión.

He leído autores con una fina prosa que deleita, masajea al cerebro. Pero se quedan en masaje. Y termina uno durmiéndose. Sin embargo , y estoy seguro de que ustedes estarán de acuerdo conmigo, a veces uno se encuentra con un autor casi rudo, maleducado, que no usa del todo bien el lenguaje, con un código particular y que sin embargo nos introduce en un mundo nuevo. Un mundo que solo puede nacer de su mano. Un mundo original e inimitable. Estos. Estos son los autores que me gustan.

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  • Te lo vuelvo a pasar: se me escapó : "y a veces prefiero -muchas veces-, [aunque no siempre... de todo ha de haber en la viña...] -con- por "y a veces prefiero (aunque no siempre... de todo ha de haber en la viña...) esa perturbación... No me gusta equivocarme en la composición de las frases, ¿Será un Toc?... ---------Buenas noches, mi buen amigo bú. Tu archivo en TR sigue deparando reflexiones que disparan “flechas reflexivas” más certeras que las de Robin Hood. ¡Deliberaciones magníficas e inteligentísimas las tuyas! Me has hecho pensar en aquello de “Mojar la pluma y quedarse mirando el cielo raso a ver por dónde empiezo” Claro que ahora la pluma es la tecla. En efecto, sé de muchos que se decían a sí mismos “Yo he nacido para ser escritor y no para enterrarme en alguna oficina siniestra” Y quizás eso les inspiraba a decantarse por lo perverso: ¿cómo olvidarnos de Frank Kafka en la negra Praga y lo “kafkiano”? Y en tu texto ¡cuántas buenas conclusiones! Si los escritores han de ser virtuosos no sólo de las letras, sino también del lenguaje, a todos los que nos gusta leer más que ¿?... las reglas del saber no bastan. No es que no sea apetecible hallar en las páginas las pasiones que nos conmuevan, que nos lleguen hasta, iba a decir el corazón, pero prefiero, como tú dices, hasta “masajearnos el cerebro”, lo inflamen, o lo sacudan, siempre que alguien sea capaz de inventar motivos que puedan interesarnos. Pero si lo héroes deben ser virtuosos también los malvados han de figurar [o “figurear”, que es más antiguo], hasta permitírseles algún punto de horror. Lo importante es que los detalles concurran a un único objetivo: ¡que el interés progrese! Recuerdo que, cuando yo estudiaba literatura y me movía también el afán de escribir, mi profe aconsejaba siempre: “Escoge un clásico como modelo” Y había que apoyarse en la tradición, no descartar jamás a los “maestros” Pero ¿y aquellos “maestros” que nos regalaban “refinamientos extraños”? Y, jeje, con los compañeros de estudio: “Oye tío, lo que a ti te divierte o te seduce, no me divierte ni me seduce a mí”... Y por qué “las” y “los” “mejores” han de ser leídos siempre. [No quiero generalizar] pero yo también quise aprender el secreto de todos los géneros. ¡Y flipé hasta con lo más cruel! Ya no tan sólo con nuestro gran Galdós en las tres entregas de “Torquemada”, o en “Nazarín”, “Misericordia” o “Lo prohibido”, o Unamuno en “Amor y pedagogía”, o Baroja en “El árbol de la ciencia”, y la genial norteamericana, Carson McCullers, cruel hasta el tuétano, en “La balada del café triste” o “Reflejos en un ojo dorado”, o el “dirty” Zola (como lo llamaban ) en “Thérèse Raquin”, o Hermann Hesse en “El lobo estepario”, o Dostoievsky en “Crimen y Castigo” o “Recuerdos de la casa de los muertos”, o Henry Miller en “Trópico de Cáncer”, o Malcolm Lowry en “Bajo el volcán”, y el escatológico y maleducado por excelencia, pero “genial”, Cela en “La familia de Pascual Duarte” o “Mazurca para dos muertos” Y en todos también se dan cita el estilo majestuoso, el muy poco mesurado, los giros más y menos nobles, las palabras (¡o palabros, jeje!) más bajos. En fin: ¡que no se pierde la chaveta por disfrutarlos! Como el pincel en la pintura, como el moderno “selfie” en la fotografía, yo me quedo con el grado superior de la palabra capaz de crear a seres “tan variados” Yo también, pues, amigo bú, me divierto y a veces prefiero, [aunque no siempre... de todo ha de haber en la viña...] esa perturbación en la escritura cuya ansia por la “Verdad” es como una sed ardiente y cruel... Creo que me he vuelto a enrollar. Pero (aunque tampoco quiero generalizar) no soporto los comentarios: “Me gustó, mucho”, “Estoy de acuerdo”, “Está muy bien”, etc. O las 5 estrellitas sin mediar palabra. A lo mejor te estoy masajeando el cerebro hasta aburrirte. Pero, amigo, tu texto y tus reflexiones tan estupendas “me inspiran estos rollos” Sorry, compi bú. La noche también tiene la culpa, en especial cuando hay luna llena. Un abrazo y a seguir “masajeando el cerebro” para bien de los que nos gusta leerte. Buenas noches y hasta pronto- Tu amigo Stavros. (¡Ah!, por cierto, hablando de palabras: me encantó que utilizases “arché”, que tanto utilizábamos cuando estudiábamos filosofía: “El arché de los Presocráticos”, o el de Aristóteles, o el de Parménides, etc. ¡guay!)
    Buenas noches, mi buen amigo bú. Tu archivo en TR sigue deparando reflexiones que disparan “flechas reflexivas” más certeras que las de Robin Hood. ¡Deliberaciones magníficas e inteligentísimas las tuyas! Me has hecho pensar en aquello de “Mojar la pluma y quedarse mirando el cielo raso a ver por dónde empiezo” Claro que ahora la pluma es la tecla. En efecto, sé de muchos que se decían a sí mismos “Yo he nacido para ser escritor y no para enterrarme en alguna oficina siniestra” Y quizás eso les inspiraba a decantarse por lo perverso: ¿cómo olvidarnos de Frank Kafka en la negra Praga y lo “kafkiano”? Y en tu texto ¡cuántas buenas conclusiones! Si los escritores han de ser virtuosos no sólo de las letras, sino también del lenguaje, a todos los que nos gusta leer más que ¿?... las reglas del saber no bastan. No es que no sea apetecible hallar en las páginas las pasiones que nos conmuevan, que nos lleguen hasta, iba a decir el corazón, pero prefiero, como tú dices, hasta “masajearnos el cerebro”, lo inflamen, o lo sacudan, siempre que alguien sea capaz de inventar motivos que puedan interesarnos. Pero si lo héroes deben ser virtuosos también los malvados han de figurar [o “figurear”, que es más antiguo], hasta permitírseles algún punto de horror. Lo importante es que los detalles concurran a un único objetivo: ¡que el interés progrese! Recuerdo que, cuando yo estudiaba literatura y me movía también el afán de escribir, mi profe aconsejaba siempre: “Escoge un clásico como modelo” Y había que apoyarse en la tradición, no descartar jamás a los “maestros” Pero ¿y aquellos “maestros” que nos regalaban “refinamientos extraños”? Y, jeje, con los compañeros de estudio: “Oye tío, lo que a ti te divierte o te seduce, no me divierte ni me seduce a mí”... Y por qué “las” y “los” “mejores” han de ser leídos siempre. [No quiero generalizar] pero yo también quise aprender el secreto de todos los géneros. ¡Y flipé hasta con lo más cruel! Ya no tan sólo con nuestro gran Galdós en las tres entregas de “Torquemada”, o en “Nazarín”, “Misericordia” o “Lo prohibido”, o Unamuno en “Amor y pedagogía”, o Baroja en “El árbol de la ciencia”, y la genial norteamericana, Carson McCullers, cruel hasta el tuétano, en “La balada del café triste” o “Reflejos en un ojo dorado”, o el “dirty” Zola (como lo llamaban ) en “Thérèse Raquin”, o Hermann Hesse en “El lobo estepario”, o Dostoievsky en “Crimen y Castigo” o “Recuerdos de la casa de los muertos”, o Henry Miller en “Trópico de Cáncer”, o Malcolm Lowry en “Bajo el volcán”, y el escatológico y maleducado por excelencia, pero “genial”, Cela en “La familia de Pascual Duarte” o “Mazurca para dos muertos” Y en todos también se dan cita el estilo majestuoso, el muy poco mesurado, los giros más y menos nobles, las palabras (¡o palabros, jeje!) más bajos. En fin: ¡que no se pierde la chaveta por disfrutarlos! Como el pincel en la pintura, como el moderno “selfie” en la fotografía, yo me quedo con el grado superior de la palabra capaz de crear a seres “tan variados” Yo también, pues, amigo bú, me divierto y a veces prefiero muchas veces, [aunque no siempre... de todo ha de haber en la viña...] con esa perturbación en la escritura cuya ansia por la “Verdad” es como una sed ardiente y cruel... Creo que me he vuelto a enrollar. Pero (aunque tampoco quiero generalizar) no soporto los comentarios: “Me gustó, mucho”, “Estoy de acuerdo”, “Está muy bien”, etc. O las 5 estrellitas sin mediar palabra. A lo mejor te estoy masajeando el cerebro hasta aburrirte. Pero, amigo, tu texto y tus reflexiones tan estupendas “me inspiran estos rollos” Sorry, compi bú. La noche también tiene la culpa, en especial cuando hay luna llena. Un abrazo y a seguir “masajeando el cerebro” para bien de los que nos gusta leerte. Buenas noches y hasta pronto- Tu amigo Stavros. (¡Ah!, por cierto, hablando de palabras: me encantó que utilizases “arché”, que tanto utilizábamos cuando estudiábamos filosofía: “El arché de los Presocráticos”, o el de Aristóteles, o el de Parménides, etc. ¡guay!)
    también a mi.....coincido plenamente
  • Nunca sabemos el momento que ocurre el extraño suceso de comenzar a vivir.

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Tan solo una sombra de camello sobre la arena

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