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7 min
Los chicos y la tolerancia
Reales |
12.10.17
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Sinopsis

Nueva aventura de los chicos que está vez se enfrentan a la intolerancia.

Aclaración: En la última aventura de nuestros amigos se añadió un anexo donde se desvelaba un secreto. No pude superar la tentación de mostrar a los lectores quien soy. Ver: "Los chicos y el Medioambiente" https://luisa9lecturas.blogspot.com.es/2017/09/los-chicos-y-el-medioambiente.html?m=1 Ahora vuelvo a mi papel de narrador para seguir haciendo la crónica de las andanzas de nuestros héroes. Esa mañana... Esa mañana los chicos se levantaron tarde. Era domingo y habían tenido un sábado bastante ajetreado, se habían ido a dormir a deshora. Remolonearon en la cama un rato inventando historias de super héroes hasta que mamá les llamó para desayunar. Cuando entraron en la cocina encontraron a sus padres como siempre, sentados a la mesa charlando mientras consumían el segundo café. Sin embargo, el ambiente que se respiraba no era el habitual. No mantenían una conversación distendida y reían como siempre, si no que estaban serios y preocupados y se callaron cuando vieron entrar a los chicos. Ya les conocemos y por tanto sabemos que es Alex el que va a preguntar "¿Qué ha pasado? Y no digáis que nada porque se os nota en la cara que hay algún problema ". Papá es el que contesta: "Veréis chicos, tenemos un conflicto vecinal. Sabéis que la casa del final de la calle ha sido ocupada después de mucho tiempo. Había mucha expectación por saber quienes eran los nuevos vecinos. Todo el mundo esperaba que fuera una buena familia con niños para que tuvierais nuevos amiguitos" "Y ¿cuál es el problema?" pregunta Sergio mientras se sienta entre sus padres y acomoda a Lucia y su muñeca en sus rodillas. "Pues no lo vais a creer" contesta mamá, "¡resulta que a la gente del barrio no les gustan los nuevos ocupantes de la casa!". Los chicos se miran asombrados. ¿Qué problema puede tener una familia para que no sean aceptados por el resto de la comunidad?. Lucía se dirige a su madre preguntando con curiosidad: "¿Son malos, mamá?". Ella mira a papá y él le hace un gesto invitándola a contestar tan compleja pregunta. "¡Por supuesto que no, mi amor! Lo único que pasa es que, hay dos papás y una nena como tú". "¡Ah, vale!" suspira Alex. "Nuestros nuevos vecinos son dos chicos que se quieren y tienen una hijita, eso quieres decir, ¿no, mamá?" "Eso exactamente, mi pequeño". "Y hay personas a las que les cuesta aceptar que no todas las familias están formadas igual, ¿no?" "Sí" contesta ella asombrada por la capacidad de comprensión de su hijo mediano. "Bien" comenta Sergio. A decidido que esto es una misión perfecta para los chicos de la pandilla. "Mamá y papá, debéis encargaros de reunir a la comunidad de vecinos en el local de la asociación. ¡Asamblea urgente!". "Nosotros quedaremos con los colegas en nuestro lugar secreto". Todos se ponen en movimiento rápidamente. Mamá y papá, cada uno con su teléfono móvil, hablan con sus vecinos y montan una cadena de información sobre la reunión que han decidido organizar en un par de horas. Por su parte, Sergio hace correr un mensaje de Washap entre todos los miembros de la pandilla, citandoles en 15 minutos en su lugar secreto. A la hora decidida, el salón de reuniones de la asociación de vecinos está completamente lleno. Todo el mundo tiene curiosidad por saber el motivo de la urgencia que ha provocado la convocatoria. De repente, delante de todos, aparece un grupo de unos 20 chicos de diferentes edades. Todos los asistentes reconocen a sus hijos, sobrinos y nietos entre estos chavales. Son los miembros de la pandilla. En realidad son todos los niños y adolescentes que viven en esa calle y que, como cosa curiosa, hace mucho que hacen cosas juntos independientemente de las diferencias de edad de unos y otros (quizá algún día comparta alguna de las aventuras de la pandilla, pero debo pedir permiso primero). Avanzaron y se colocaron, uno al lado del otro, ocupando todo el ancho de la sala. Detrás de ellos se colocó una pareja en la que no habían reparado al principio. Dos chicos con una niña de unos 6 años en brazos. El silencio se había apoderado de todos pero, aún así, se notaba la inquietud y la impaciencia por saber que era lo que tenían que comunicarles. Los chicos empujaron a Daniel. Tenía 14 años y era uno de los mayores. Además, sabía expresarse mejor que ninguno. El se giró y encontró la mirada de sus compañeros que le animaban. Y al volverse hacia adelante, la del auditorio que le observaba expectante. Superó su miedo escénico y empezó a hablar. "Queridos vecinos, os presentamos a Toni y Pablo, son los nuevos dueños de la casa del final de la calle. Y esa pequeña princesa que Toni sujeta en sus brazos se llama Alba. Alba, en realidad, es la sobrina de Toni, hija de su hermano Alvaro que, junto con su mujer, murió en un accidente de coche hace dos años. Su tío y tutor junto con su pareja, Pablo, decidieron adoptar a Alba y darle todo lo que la pequeña necesitara y deseara. Ella es feliz y se recupera poco a poco de la pérdida de sus padres rodeada de todo el cariño y la preocupación que un niño puede necesitar." "Y ahora queridos vecinos y familiares, ¿tenéis algo en contra de que dos personas se amén y, a la vez, dediquen su vida a alguien como Alba?. Pensar bien vuestra respuesta pues sois los responsables de nuestra educación y de los individuos que seamos en el futuro". No se oía ni un murmullo en la sala. De repente, el abuelo de Daniel se levantó, era un señor de 85 años, recio y con voz de trueno, "Bienvenidos Toni, Pablo y Alba, tronó, espero que seáis muy felices aquí. Podéis contar con nosotros para todo lo que necesitéis". Seguido de estas palabras se oyó un unánime aplauso que los padres de nuestros chicos aprovecharon, para servir bocadillos y refrescos antes de que la euforia colectiva se apagará. Fue una tarde fabulosa donde, los nuevos vecinos, pudieron conocer a todo el mundo. Y cuando la reunión se dio por finalizada, Toni, Pablo y Alba se llevaron con ellos unas cuantas invitaciones a meriendas y barbacoas. Nuestros chicos estaban agotados y se fueron a la cama enseguida. Cuando papá y mamá fueron a darles el beso de buenas noches, les dijeron lo orgullosos que estaban de ellos. Justo una semana después, mamá les despertó a las 7 de la mañana. "Chicos, dijo, tenemos otro problema vecinal". Continuará...
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Blogera de vocación, lectora obsesiva. Me encanta escribir sobre cualquier cosa. Ahora me dedico a los relatos cortos y me encanta.

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