cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Los libros
Históricos |
10.12.13
  • 4
  • 11
  • 3321
Sinopsis

Un pequeño cuento sobre un país sin libros

Un día, en todo un país, los libros desaparecieron. Las librerías y bibliotecas abrieron a la hora de costumbre cuando se percataron de la falta de todos los libros. Ni uno solo. Incluso los libros de edición de bolsillo no estaban. Las empresas se alarmaron, notificando y denunciando robos. Hasta que se propagó la noticia y se supo que era a nivel nacional fue cuando las librerías decidieron cerrar, declarándose en quiebra. La desaparición de los libros fue noticia de primera plana. Era la primera noticia que comentaban los presentadores de todas las televisoras. Todos los columnistas opinaban al respecto, culpando a la religión, al gobierno, a la delincuencia y al ciudadano promedio.

El índice de libros leídos al año por cada ciudadano era, en promedio, cero punto seis. Los habitantes del país apenas leían. Fue hasta dos semanas después que la población notó que ellos tampoco tenían sus libros. El libro de recetas de cocina de la abuela Conchita ya no estaba en la alacena. El Kamasutra ilustrado escondido en el clóset de la ama de casa frustrada desapareció. El libro de las mil y un dietas para perder peso de la tía solterona tampoco estaba en el buró. Pero eran contadas con los dedos de las manos las personas que poseían libros; y sólo ellos se dieron cuenta de la extraña ausencia. Todos, excepto aquellas con el Kamasutra, denunciaron sus pérdidas al gobierno.

Un mes después del primer suceso el gobierno emitió un comunicado, deslindándose de toda responsabilidad y declarando que los libros de toda la nación habían desaparecido. Los medios de comunicación se mostraban indignados por la falta de interés por parte del gobierno. La gente común y corriente también comentaba su punto de vista. Algunos grupos de pseudointelectuales iniciaron protestas contra el gobierno. Sin embargo la solución que propusieron clandestinamente fue el comercio con otros países vecinos. El tráfico de libros era comparable al tráfico de cocaína. Cruzaban fronteras con maletas llenas de libros, que se vendían en puestos en el mercado. Padres y curas compraban la biblia en el mercado negro. Algunos traficantes de libros se autodenominaron “los pasantes.” Los colegios tenían convenios con éstos pasantes, para poder seguir enseñando.

El gobierno empezó a notar toda la situación y decidió intervenir. Debido a que el comercio de libros no representaba ninguna ganancia para ellos, el gobierno tomó la decisión de prohibir el comercio de cualquier libro, con el pretexto de que querían promover las nuevas tecnologías y que los libros ya estaban virtuales. Los ciudadanos, completamente en contra, se manifestaron más violentamente. Cerraban las plazas principales, gritaban consignas contra la nueva decisión del gobierno. El tráfico de marihuana y cocaína pasó a segundo término; eran diez años de prisión si se descubría a alguien sin permiso para portar libro mientras que por cien gramos de cocaína o marihuana eran sólo dos. Los de edición bolsillo eran los más comunes y las más vendidas.

La presión social para legalizar los libros se fortaleció. Quemaban muñecos con la cara del presidente afuera de las oficinas del gobierno. Llenaban con pancartas todas las vitrinas de los centros de todas las ciudades del país. Miles de peticiones fueron realizadas, sin embargo el gobierno seguía sin ceder por motivos desconocidos para el pópulo.

Una noche, mientras la mayoría dormía y algunos pasantes traficaban libros, todos los libros regresaron al mismo lugar donde habían estado antes. Una casa que antes había sido una librería que quebró se llenó de libros por montones. Los recetarios, libros de autoayuda, etcétera aparecieron. Nadie tenía una explicación. Las librerías abrieron de nuevo, igual que las bibliotecas y el mundo siguió su curso. Debido a que tenían demasiadas teorías pero ninguna certeza todos dejaron rápidamente de hablar de ello.

Después de la reaparición de los libros el índice de libros leídos al año por cada ciudadano fue, en promedio, cero punto seis.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 13
  • 4.58
  • 65

Blame it on my gypsy soul

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta