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6 min
LOS MUERTOS VIENEN DE NOCHE
Terror |
28.05.12
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Sinopsis

Doña Lucianda y Catalina. Una señora y su criada. Han pasado muchos años, demasiados recuerdos, estan solas, es de noche...

-¡Ay Virgen del Amor Sacramentado que funeral más digno y de postín Catalina, estaban las Calatrava, las Garau, las Carbonell y Cuqui la pobre, recién viuda pero como una señora que es en todo momento ….hazme un café, media taza-.

- A mí también me da mucha pena la muerte de Don Cosme señora, ¿lo vio muerto?

- No quise entrar, prefiero recordarlo como era en vida, aunque estaba muy bien maquillado el Padre Pons me dijo que mejor no entrara, que estaba bastante mal y mejor no tener esa imagen de recuerdo -. Se quitó el abrigo lentamente.

-¿Fue con su amiga doña Orlanda?- La vieja criada se movía con lentitud a su alrededor.

- Que preguntona eres ¿aun no me has hecho el café?… no se cual está más vieja de las dos-.

Doña Lucianda atusa su pelo mientras encaja su cuerpo con cuidado en un enorme sillón.

- ¡Ay señora siempre con prisas!… iguales somos de viejas, y poco nos queda ya para tener que hablar de muertos-. La voz de Catalina suena como un llanto lastimero desde la cocina.

- Yo prefiero que me incineren y echen las cenizas al mar, en la bahía está mi hermano Alfonso y mi padre, yo no quiero que me coman los gusanos…-murmura la señora mientas Catalina se acerca con una bandeja humeante.- ¿Has visto alguna
vez una persona muerta?..

Doña Lucianda clava su mirada en su sirvienta mientras ésta sirve el contenido de la bandeja.

-No me haga recordar señora que lo sabe usted muy bien, cuando mataron a mi Antonio en la guerra, la nuestra…-. Un suspiro profundo la interrumpe.- Tuve que verlo después…

-¡Te he dicho media taza!, Catalina no estás en lo que has de estar, vuelve a la cocina y quítame un dedo de café… reclama furiosa con respiración agitada.

- Yo también lo vi-. Prosigue más calmada Doña Lucianda.- Lo habían fusilado y mejor no lo hubiera visto.

Catalina regresa de la cocina otra vez con la bandeja humeante llorando abiertamente.- Ay mi Antonio un mes que estábamos casados, y preñada de mi hija María cuando me lo mataron…

-Cuéntamelo otra vez Catalina-. La señora da un sorbo al café mientras observa su criada a través de la montura de las gafas, luego desvía la mirada y añade. – Tengo la sensación de que una de las dos se va a quedar sola pronto-.

Un silencio pesado es compartido en la sala, señora y criada se desconectan de su conversación hurgando en sus recuerdos. En la pequeña villa en la que habían crecido y vivido se conocían desde niñas. Catalina fue acogida en pupilaje y después en servicio sesenta años atrás recién enviudada y con una criatura en camino. Una fue señora y otra fue criada.

- Bien lo sabe señora, por llevar comida al monte a los comunistas, alguien dio la voz, lo cogieron y mataron esa misma noche… -.Catalina solloza con la mirada perdida en el suelo.

-No Catalina, cuéntame lo otro.

-Ya se lo he contado tantas veces, siempre es lo mismo señora…fue solo una vez.

- Ya lo sé, pero quiero oírlo otra vez… hiciste este café muy cargado-..Se limpia los labios con la servilleta y continua.- Dime otra vez como era de grande su pimiento, que notabas cuando lo tocabas…

- Señora… se lo dije ya tantas veces, era como una berenjena de cuarto y al final rojo
como si fuera medio tomate, hinchado y con un agujero en el medio….-. Catalina
mueve la cabeza de un a otro mientras recoge la mesa.

-¿Y lo movías de arriba abajo?- Las manos de Doña Lucianda no eran visibles tras la mesa.

-Déjeme de hacer esas preguntas señora, hoy no…me siento triste.- Catalina se sienta en una silla de mimbre frente a su señora.-Pero lo recuerdo siempre como era cuando estaba vivo-. Añade entornando los ojos.

- Y por qué no te arrepientes de haberlo visto en aquella caja donde lo habían metido, además faltándole media cara por los disparo, son tantas las noches que me acuerdo de esa escena-. Doña Lucianda declama teatralmente suspirando al infinito

- Después lo volví a ver…si, después de que muriera...-La cara de Catalina parece resplandecer. Doña Lucianda da una sacudida muy leve en su sofá.

-No me lo habías contado… cuéntamelo Catalina.

-Desde el día en que lo mataran venia cada noche a mi habitación, mientras duró el embarazo de María, se sentaba en mi tripa y no decía nada… cuando nació mi hija María dejó de venir.

La señora se sumerge en un silencio profundo, hincha sus pulmones, luego los vacía e intenta mirar a su criada a la cara.- ¿Qué te decía?-

-Nada me decía señora, solo permanecía sentado sobre mi tripa toda la noche-.Catalina empezaba a cristalizar una extraña mirada.

-¿Y nunca más volviste a verlo después de nacer María?-. La señora limpiaba compulsivamente las gafas con la misma servilleta-. Su cara estaba encendida y ruborosa.

- Si señora, lo he vuelto a ver…Le contesta sin moverse en su silla-. Hace días que viene cada noche y se tumba a mi lado.

-¿Está en casa ahora?-. El rostro de Doña Lucianda tornó blanco como un papel, de haberla querido fotografiar no hubiera aparecido su imagen confundida con la blancura de la pared.-¿y qué quiere viniendo cada noche, te lo ha dicho?

-Ha venido a llevársela señora-. Catalina hunde su cabeza en sus hombros.-Está aquí a mi lado ahora mismo.

La señora aturdida intenta expresar una frase articulada sin conseguirlo.

-No debe preocuparse más señora, ya sé quién por mala envidia murió mi Antonio -. La voz de Catalina parece más inteligible que nunca.

- ¿Quién hay aquí?-. Acierta a decir la señora escrutando su campo visual mientras aplasta las gafas contra el entrecejo.

- Es mi Antonio señora, me dice que fue usted quién lo denunció aquella noche-. Catalina estaba disminuida y apoyada en la pared sin moverse de la silla.

- Lo amaba más que a mi propia vida…-. La voz de Doña Lucianda parece apagarse hacia el infinito.

La anciana señora se desploma poco a poco hacia atrás en su sillón. No dice nada más y fija sus ojos el espacio vacío que hay al lado de su criada. Va pasando el tiempo y su rostro va dibujando una expresión serena, de alivio por tantos años de culpa y remordimiento de lo que pasó aquella noche, incluso parece insinuar una sonrisa.

Al cabo media hora la criada se levanta quejosa de la silla, se acerca a su señora y le cierra los ojos.

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