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3 min
Los ojos de Cristina
Varios |
16.10.17
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Sinopsis

cuando la obsesión cruza los limites y algo más.

Cuando caía el atardecer Cristina solía ir a nadar desnuda cerca a un lago el cual quedaba retirado de su pequeña cabaña; lo que ella no sabía era que el hijo mayor de los Toledo le gustaba verla nadando desnuda en aquella laguna.

Cristina salía del agua contoneando sus caderas, las gotas de agua se deslizaban por su piel y larga cabellera rojiza, pero lo que más le atraía a Octavio de Cristiana eran esos enormes, brillantes y seductores ojos grises. Ojos que al verlos fijamente  sentías que arrancaban el alma de tu cuerpo.

Octavio deseaba que esos ojos lo miraran solamente a él, sentirlos suyos, que nadie más los tocara tan solo él en fin, así que busco la manera de poseerlos. Entonces pensó en algo descabellado, en sacarlos de sus orbita  con solo usar sus dedos. Pero para ello tenía que adquirir una gran técnica con ellos.

Se coloco a practicar con animales muertos como vacas, ovejas y cerdos hasta conseguir una técnica rápida y efectiva para extraer los ojos de sus órbitas oculares.

Esa tarde decidió sorprender  a Cristina en la laguna, cuando ella se estaba vistiendo él salió de la nada, tomándola por sorpresa le propino un fuerte golpe en la cabeza causándole un trauma encefálico.  

Octavio se arrodillo por encima de la cabeza de Cristina, saco de su bolsillo una navaja suiza y corto ambos parpados, después de eso introdujo sus tres dedos en la órbita ocular haciendo presión sobre el tejido elástico, después de dos horas tenía en sus manos los bellos y brillantes ojos grises de la joven. Eran completamente suyos tal cual lo deseaba.

En el rostro de Cristina habián quedado dos enormes hoyos negros. Arrastro su cuerpo hasta el lago, este se fue sumergiendo en el oscuro y frio fondo. Al llegar al rancho saco los ojos de su chaqueta. Los tenía envueltos en un pañuelo, con este mismo los limpios cuidadosamente, los depositó en un frasco de vidrio transparente hermético, con una solución de sodio y alcohol para poder conservarlos.

Antes de irse a dormir encendía la lámpara de su nochero y tomaba entre sus manos el frasco, quedaba lelo viéndolos, de pronto una noche sintió algo extraño, era como si los ojos de Cristina le estuvieran devorando su alma después de la muerte.

De repente el corazón de Octavio se detuvo, el frasco choco contra el suelo liberando los ojos de Cristina, estos salieron rodando por el piso quedando misteriosamente alineados mirando fijamente a Octavio tendido en su lecho. 

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