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7 min
Los perdedores. Daniel. 3
Drama |
29.05.13
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Sinopsis

Que duro es cuando te enteras de la verdad por una persona que no creías tan cercana como otras. Sara no ha tenido la culpa pero el no sabe aún si lo entiende demasiado. ¿Es mejor arreglar lo que estaba ya roto? Sara está rota por dentro a causa de un amor que la dejó presa del dolor, ¿dónde está su libertad? ¿Acaso es Dani el libertador y la libertad? Dani tiene que arreglar algo que lastima que aún no lo sepa.

Sentado en aquel sofá de tela blanca la admiraba sin articular palabra. Era tal como la había imaginado después de cinco años. Tenía el pelo largo, los ojos penetrantes, los labios carnosos y la piel de un color blanco que no llegaba a palidecer. En aquellos incómodos veinte minutos en lo que se habían mirado sin decir palabra, la había escuchado respirar profundo, tranquilamente. No se había sobresaltado por verlo allí, es más, lo había recibido con los brazos abiertos.

-Estoy en Madrid por ti. Carlos vino a visitarme y me dijo que te habías convertido en una loba solitaria, que pasabas las noches en vela y que te habías despedido del trabajo para esconderte en la penumbra de tu apartamento, ¿tan duro fue lo que pasó?- Dijo Dani con tono de preocupación en la voz.

Sara por el contrario cambiando de tema, con una sonrisa en los labios y sin mirarle demasiado dijo -Estaba a punto de cocinar ¿te apetece pasta para cenar? Por que supongo que estando en Madrid y teniendo mi casa para poder quedarte no te irás a un hotel, sería de idiotas. – Riéndose con tono agradable.

 Dani entonces recordó que tenía muchos tipos de risa pero él solo conoció tres, las sinceras, que eran aquellas que le salían libremente, sin coacción. Primero empezaba con una ligera risa de sonido gutural, que posteriormente aumentaba hasta llegar a hacerse aguda y luego le salía aquella risa con la que le dolían las costillas y la barriga que esa risa ya ni se oía, simplemente se quedaba atascada en su garganta y que cuando respiraba le volvía a salir el sonido gutural.

-Por lo menos déjame ayudarte en algo, además Carlos dijo que no tenías ni cama propia ¿donde se supone que voy a dormir yo?

De repente tocaron al timbre. Dani se dispuso a abrir la puerta. Allí estaba. Su cama de esa noche entraba por la puerta junto con el conjunto de cosas que Sara había comprado aquella tarde y cuatro fornidos hombres que aparentaban por lo menos los cuarenta. Saliendo de la cocina, Sara dio a uno de los cuatro un billete de diez.

-Vaya que oportunos- Dijo mirándola con una sonrisa que ella agradablemente correspondió- Pero, ¿es que no se van a quedar a montarlos?

-No, te presento a tu diversión de esta tarde-noche. Mueble os presento a Dani, Dani estos son mis futuros muebles. Tenemos que montar algunos y colocarlos en las habitaciones, por cierto ¿hasta cuándo te quedas?- La voz provenía de la cocina, ya había empezado a cocinar, por fin había aprendido pensaba Dani mientras reflexionaba la fecha de su regreso. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que Carlos no había dicho nada del regreso.

-Pues pensaba quedarme hasta tu exposición en Toledo y de allí irme directo a Valencia.

-¿Cómo sabes que voy a hacer una exposición en Toledo?

-Vamos Sara, he visto los carteles además ¿Carolina González?, ¿en serio pensabas que ese pseudónimo te iba a valer de mucho? Fuimos tus mejores amigos, ¿acaso creías que no me enteraría de que González es el segundo apellido de tu padre y que Carolina es el nombre de la que era tu mejor amiga en el pueblo donde vivías hasta que te fuiste a la universidad? Que por cierto te recuerdo que me lié con ella el verano que fui a convencerte de que vinieras a pasar las fiestas de Alcalorte del Juncar a la casa de campo que alquilamos ¿te acuerdas? Fueron nuestras mejores fiestas.

-Sí, es verdad. Aquel día besé a Esteban por primera vez, nunca olvidaré eso.

Al oír eso, Daniel que estaba desembalando los muebles se quedó blanco de la sorpresa, el no sabía que Esteban y Sara se habían besado aquel día, pensaba que simplemente era una atracción sexual propia de la situación que vivían ambos y de sus respectivas edades pero vio que se equivocaba.

-Sara, ¿sigues enamorada de Esteban?- Un largo silencio se prolongó en el espacio y el tiempo. Él no podía percibir su mirada, pues estaba en la cocina ensimismada, pensando la respuesta.

¿Qué había pasado hacía escasas horas? Había besado a un chico que había conocido apenas cuatro horas y con el que ya había soñado una familia y una vida, fue entonces cuando comprendió que quizás si había soñado todo eso con Manu a lo mejor había sido ya capaz de olvidar a Esteban, ¿o no?

Daniel se le acercó por la espalda y cogiéndola de los hombros la giró. Sabía la respuesta, o por lo menos la intuía.

-Has estado enamorada desde que teníais diecisiete años. -Ahora lo entendía todo. Ahora era capaz de hilarlo todo con oro y comprender porque quería conseguir la libertad que tanto anhelaba y que él sabía, que sólo él podía concederle.- Aquel fin de semana en Mota lo considerabas especial porque por fin te habías hecho amiga suya, habías conseguido que se abriera a ti, que te contara cosas y cuando pasó lo de la pelea y lo del beso con otra chica, te dolió, por eso explotaste de ira. Estabas harta de todo. Estabas cansada de ser la buena, de ayudar a todo el mundo y que nadie te ayudara a ti y explotaste, explotaste para liberarte.

-No pensé en las consecuencias. No pensaba lo que decía. No fue por la chica. Estaba cansada de que jugase, estaba cansada de aparentar una libertad que no tenía. Una libertad que él me iba quitando poco a poco. Quería que supiese lo mismo que sentí yo cuando me dejó tirada tras aquel beso, cuando sintió vergüenza de lo que había pasado. –Dijo abrazándole.

Dani sentía que aquel abrazo de calor le helaba los huesos. Estupefacto Había sentado a Sara en una silla y le había servido un vaso de agua para calmar sus nervios pero aún así no había dejado de abrazarle.

Las lágrimas de Sara morían rápidamente en la camiseta de Dani. Ser amigos, conocerse por casualidad y contárselo todo desde el principio fue como escribir su historia en una libreta en blanco. Sin quererlo lo que había pasado con Ángela apenas unas horas antes le había hecho darse cuenta de que en los cinco años de abstinencia, en cuanto a relaciones sentimentales de larga duración, no había estado enamorado de verdad. La libertad que ambos en su adolescencia se proporcionaban mutuamente había sido un pilar básico. ¿Qué había sido de esa libertad en aquellos cinco años? Dani había intentado ser libre, pero estaba más preso que nunca en la cárcel del cualquier mujer que se le cruzaba y le gustase. Dani había intentado enamorarse otra vez y no lo había conseguido. Entonces comprendió que libertad es estar enamorado de una persona que quiera lo mismo que tú.

Frente a frente y entre sollozos Dani calmaba a Sara. Finalmente soltando una risa Dani dijo:

-Bueno, si tenemos que montar y poner muebles en las habitaciones, habrá que limpiar y sacar trastos viejos. Como por ejemplo los recuerdos.

Como si de un juguete se tratase Sara se secó las lagrimas y se puso en pie, sacando los cubos de debajo del fregadero y unas cuantas bayetas, Sara miraba a Dani descolocada. 

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Soy estudiante. Me gusta viajar, los idiomas y la música rock. Escribiendo estos relatos mi intención es desahogarme y mejorar mi técnica de escritura.

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