cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
LOS VAMPIROS YA NO BEBEN SANGRE
Terror |
26.05.07
  • 3
  • 4
  • 1553
Sinopsis

LOS VAMPIROS YA NO BEBEN SANGRE

Ya se lo he contado todo mil veces a sus colegas. ¿Cuánto va a durar esto? Si no tienen nada palpable contra mí, ¿por qué estoy aquí?, ¿van a internarme? De todas las especies de hombres y mujeres de ciencia, ustedes los psiquiatras son los más soberbios de todos. No va a conseguir nada con esto. Pero en fin, si insiste, se lo contaré a usted también:
Comprendo que es una palabra muy chocante, incluso tiene algo de cómica hoy en día: vampiro. Pero qué quiere que le diga, el nombre no lo he elegido yo. El caso es que eso es lo que soy. Un vampiro psíquico, para ser más exactos. Por supuesto, ustedes los loqueros tienen terminantemente prohibido reírse de los “pacientes” a los que tratan, pero sepa que, como en el caso de los que le han precedido, puedo ver cómo se está riendo de mí por dentro, incluso podría decirle que oigo las carcajadas en su interior. No le culpo por ello.
En realidad descubrí exactamente lo que era no hace demasiado tiempo. Me lo dijo una señora de la que intenté alimentarme hace unos meses. En aquella ocasión, fui torpe y distraída, no me di cuenta a tiempo de que la señora en cuestión estaba protegida y prevenida, era maestra de una de esas extrañas disciplinas, Reiki, creo que lo llaman. El caso es que fue una de las pocas personas que han conseguido impedir mi “libación”. Me dejó doblemente sorprendida cuando se volvió en la cola del supermercado y me espetó que yo era un vampiro psíquico y que no conseguiría robarle su energía vital.
Pero acotaciones terminológicas aparte, siempre he sabido lo que soy. Fui una de esas niñas enfermizas, siempre débil y lánguida. Nací con un cuerpo astral o un equilibrio energético –como usted prefiera- muy deficiente. Pronto me di cuenta de que, en ocasiones, involuntariamente, absorbía la energía de los que me rodeaban. Muchos de los que pasaban unos minutos en mi presencia, terminaban la entrevista en un estado de agotamiento físico y mental muy severo. Yo, en cambio, experimentaba siempre una sorprendente mejoría. Cuando me di cuenta de cómo funcionaba esto, fui depurando la técnica. De hecho, hoy por hoy, ni siquiera necesito hablar con la persona de la que me alimento, ni mirarla a los ojos o permanecer muy cerca de ella; me basta con estar a unos metros y concentrarme en su cogote, en cuestión de segundos, extraigo de ellos la vitalidad que necesito.
Y lo de las muertes… No soy una asesina. Tardé demasiado tiempo en aprender a “medir” la energía vital de los demás. Cuando alcancé la adolescencia fue cuando me di cuenta de que si me nutría más de una vez o con cierta intensidad de determinadas personas: ancianos, enfermos, recién nacidos, etc., les provocaba tal estado de debilidad que, en algunos casos, morían al poco tiempo. Pero le juro que no había ningún tipo de intencionalidad por mi parte.
Con mis padres ha sido distinto. Cometí el error de contarles lo que soy y cayeron en una especie de obsesión que acabó obligándome a vampirizarlos hasta la muerte. Le parecerá muy fría mi forma de tratar el asunto, si, eran mis padres y sólo pretendían ayudarme desde su ignorancia pero, como dice ese adagio popular: “El infierno está pavimentado de buenas intenciones”.
Al igual que usted, se convencieron a sí mismos de que mis facultades mentales se encontraban gravemente perturbadas. Y ese error les llevó a iniciar aquel calvario de visitas a psiquiatras: cuando me negué a seguir acudiendo a las consultas, no se dieron por vencidos, llegaron a organizarm
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta