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15 min
Los Viajeros del Espacio
Ciencia Ficción |
28.03.16
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Sinopsis

El primer encuentro de la Humanidad con una raza extraterrestre está a punto de producirse. Pero esconde secretos que nadie hasta ese momento podría haber imaginado.

Diario de a bordo del Comandante Mael Rahma. Crucero espacial Omnion. Día trigésimo octavo del año 1624 de la Nueva Era.

Primera parte.

Llevo horas encerrado en mi camarote. Tengo el cuerpo magullado y un persistente dolor de cabeza me taladra las sienes. Todavía esa sustancia pegajosa y maloliente impregna mis ropas y su hedor está por todas partes. No dispongo de comunicación con el exterior, ellos se han ocupado de cortarla. Sin embargo comprobé con alivio que la grabadora sí funciona. He decidido empezar este diario con la incierta esperanza de hacerlo llegar afuera. Quizás mi testimonio pueda ser útil algún día y al menos conseguiré matar ésta angustiosa espera.

Sé que mi nave ha tomado rumbo hacia la Tierra. Estoy convencido de que no queda mucho tiempo. De que no nos queda mucho tiempo. Empezaré por el principio, pues quien tenga acceso a éste documento necesitará conocer todos los detalles para hacerse una composición completa de los hechos.

El dominio del hombre sobre nuestro hogar, ese pequeño planeta azul llamado Tierra, se remonta a la noche de los tiempos. Fuimos capaces de multiplicarnos, formar diferentes culturas y civilizaciones, dominar las fuerzas de la naturaleza y servirnos de la tecnología para superar nuestras limitaciones físicas. Sin embargo el progreso del ser humano nunca se ha caracterizado por ser ordenado, ni homogéneo, ni siquiera justo.

Tiempo atrás la humanidad cometió fatales errores por los que terminaría pagando un alto precio. La codicia y la escasa visión de futuro llevaron a una espiral de desequilibrios económicos entre las naciones ricas y las más pobres, a contaminar sin ningún control el entorno que sostenía la vida, a sembrar la guerra y la destrucción allá donde las circunstancias no eran afines a los deseos de una élite. Poco a poco la degradación del Planeta alcanzó una deriva exponencial que aquella mezquina civilización no quiso o no supo prevenir. Las catástrofes naturales se multiplicaban, los recursos energéticos e incluso el alimento escasearon cada vez más y la lucha por la supervivencia y por repartirse los despojos de aquel mundo agonizante desembocó en la inevitable Guerra Global que asoló la Tierra hacia el año 2098 de la Era Antigua.

La destrucción fue casi total y muy pocos sobrevivieron, mas el castigo fue mayor para éstos últimos pues quedaron condenados a vagar por un mundo en el que la vida era casi imposible. La civilización desapareció como tal y los escasos seres humanos que poblaban el Planeta se vieron abocados a una nueva Edad de Piedra. El recuerdo de los antiguos modos de vida pronto pasó a formar parte de la leyenda, rodeado de supersticiones sustentadas en los miedos que el desconocimiento siembra en la psique humana. Tan sólo los rudimentos del idioma y el alfabeto perduraron como vestigio de aquellas culturas otrora poderosas.

Los Antiguos, cegados por su codicia, podridos de ambición, ahogados en su propia mezquindad. ¡Yo os maldigo, pues ni en la paz ni en la guerra habéis sido capaces de actuar con responsabilidad!

La Tierra mudó en un mundo hostil durante milenios, imposibilitando el desarrollo de la raza humana más allá de la simple supervivencia. Poco a poco la Madre Gaia fue limpiando su piel y volviendo a la vida, concediendo a sus más díscolos hijos una segunda oportunidad. Los descendientes de Los Antiguos comenzaron de nuevo a multiplicarse y conquistar el mundo. Los Hombres se agruparon en comunidades, formaron ciudades, surgieron civilizaciones. Una vez más la codicia y la guerra, inherentes al ser humano, regresaron de un pasado ya olvidado. Mas ello no impidió que la humanidad siguiese progresando, pues era mayor su potencial civilizador que la capacidad de destrucción que entonces acumulaban. Hasta que el resurgir de las ciencias y en concreto la arqueología, comenzó a destapar la desoladora verdad del pasado de la raza Humana, la destrucción que sus ancestros habían sembrado por todo el Planeta.

Por primera vez la civilización se encontraba cara a cara con el que podría ser su futuro, un futuro que ya se había escenificado hacía milenios. El golpe a la conciencia colectiva que supusieron semejantes revelaciones produjo un impacto emocional de tal calibre que el rumbo de la Historia se vio seriamente afectado. Al fin la Humanidad tomó conciencia de sí misma como una sola, las distintas Naciones decidieron progresar unidas de la mano y el respeto por el entorno devino casi en una religión. Aquellos años marcaron el inicio de la Nueva Era, una época de prosperidad en que los Hombres habían por fin superado sus miserias.

La tecnología avanzó y nos lanzamos a la conquista del Espacio. Primero fue la Luna, después Marte sucumbió al dominio de los terrícolas. Poco a poco se exploraron los grandes planetas gaseosos y se establecieron colonias mineras en algunos de sus satélites. Todo el Sistema Solar estaba ya bajo el control y supervisión de los Hijos de Gaia.

Y esto nos lleva al momento actual, más en concreto hace exactamente 48 días terrestres, cuando las sondas exteriores situadas más allá de la órbita de Neptuno detectaron la presencia de un cuerpo extraño que penetraba en nuestros dominios. Una gran construcción artificial navegaba directamente hacia la Tierra. Y ahí es donde da comienzo esta historia y donde quien escuche este mensaje deberá sacar sus propias conclusiones.


Segunda parte.

Retomo esta narración tras una breve pausa. 

En efecto nuestra soledad en los dominios del Sistema Solar se vio perturbada por una presencia desconocida. El shock emocional que supuso este encuentro fue grande, pero no había tiempo para detenerse en elucubraciones. La natural desconfianza del ser humano hizo saltar todas las alarmas. Enseguida se trazó un plan de acción para interceptar el objeto y conocer su procedencia e intenciones. La nave que comando, el crucero estelar Omnion, se encontraba en una misión rutinaria alrededor de las colonias mineras que pueblan los satélites de Júpiter y junto con dos transbordadores de menor envergadura formamos la avanzadilla que partió en busca de la amenaza que nos acechaba.

Alcanzamos su trayectoria en las inmediaciones del planeta Urano. Éste azulado gaseoso presidió el encuentro desde la distancia. La nave en cuestión era de gran tamaño, mucho mayor que el Omnion y cualquier otro transbordador del que dispusiésemos en la Tierra. Todos nuestros sistemas de defensa estaban activados en previsión de una posible respuesta hostil. El intruso detuvo su avance y la flotilla quedó enfrentada a la gran Nave. Por unas horas la situación fue de tensa espera. Hasta que sin previo aviso comenzaron los contactos.

Nuestros sistemas de comunicación empezaron a recibir señales cíclicas, tentativas de ajuste y calibración de las tecnologías usadas por ambas partes. Al fin tras largos intentos conseguimos sincronizarnos y los extranjeros dieron paso a la segunda fase. Se trataba ahora de establecer un código común para entendernos y poder intercambiar impresiones en un formato consensuado. Sorprendentemente los extraterrestres parecieron comprender muy pronto los rudimentos de nuestro lenguaje y tras algunos días de pruebas, en los que los progresos fueron muchos por ambas partes, conseguimos construir un código escrito. A esas alturas parecía claro que en el interior de la Nave había seres inteligentes deseosos de establecer comunicación con nosotros.

Los mensajes nos dieron a entender que esos entes tenían intenciones pacíficas y no parecían buscar otra cosa que el contacto con una civilización desconocida y su conocimiento. Ni que decir tiene que a pesar de todo mantuvimos nuestras reservas, pero los acontecimientos que se producirían en los días posteriores nos hicieron bajar definitivamente la guardia.

Averiguamos que procedían de una estrella situada a unos cuatrocientos años luz de distancia, en la constelación de Cartius, que los Antiguos conocían como la Osa Menor. La forma en la que habían sido capaces de atravesar semejante abismo era algo que desconocíamos. Otras preguntas relativas a su constitución física o sus procesos biológicos quedaron también sin respuesta… aunque por poco tiempo. Enseguida recibimos un mensaje solicitando un encuentro, que como gesto de confianza hacia nosotros se produciría a bordo del Omnion. El Mando Operativo de la Nave debatió durante horas la propuesta y tras consultar con las autoridades en la Tierra decidimos dar luz verde. ¡Aquel día pasaría a los anales de la historia como el primer contacto de la raza humana con una civilización extraterrestre!


Tercera parte.

Teniendo en cuenta las circunstancias he de decir que no puedo quejarme de las condiciones de mi cautiverio. Dispongo de alimento en mi camarote y he aprovechado para realizar una comida frugal antes de proseguir con éste relato.

Quien haya avanzado hasta aquí sabrá que el encuentro entre dos civilizaciones estaba a punto de producirse. Llegado el momento, una representación del Alto Mando a cargo del Omnion aguardábamos en el mayor de los hangares de nuestra Nave. A duras penas conteníamos los nervios, tanto por las expectativas del contacto como la incertidumbre ante lo que pudiera ocurrir. Un pequeño transbordador hizo su entrada y tras sobrepasar las exclusas exteriores terminó por posarse suavemente sobre el suelo metálico. Al poco tiempo una portezuela se abrió en un lateral y la luz que procedía de su interior nos cegó por un instante. Transcurrieron un par de minutos antes de apreciarse movimiento. Lo que sucedió a continuación superó cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado.

Dos figuras antropomorfas se recortaron contra el haz luminoso. Se trataba de un varón y una mujer, cuya constitución física era inequívocamente reconocible. Empezaron a descender una escalerilla y a medida que se acercaban nuestra sorpresa y admiración iba en aumento. ¡Sus líneas rozaban la más absoluta perfección en un ejemplo de increíble belleza y armonía!

Ambos eran de elevada estatura, vestían sendos monos de un color azul claro ajustados sobre el cuerpo, sin costuras y aparentemente tejidos en una sola pieza. Él lucía un porte atlético y las líneas de sus músculos se dejaban entrever bajo la tela. Llevaba el cabello, de un rubio dorado, largo hasta los hombros y sus facciones se quebraban en perfectos ángulos al amparo de las luces. Ella deslumbraba con una extensa melena cobriza, los senos de proporciones áureas se le marcaban bajo el mono y las curvas de sus caderas se abrían a ambos lados de su cuerpo en la más increíble simetría. En su bello rostro angelical lucía la más pura de las sonrisas y los ojos, de un intenso azul como los de su pareja, brillaban con una mirada que parecía traspasarlo todo. 

Cuando se detuvieron ante nosotros, ella tomó la palabra y nos saludó envolviéndonos en una melodía que más parecía un cántico celestial proferido por los mismos ángeles, si es que en verdad alguna vez había existido alguno. Para nuestra sorpresa el lenguaje que utilizaba, aunque con algunas fallas en cuanto a su estructura, nos era fácilmente inteligible. Sin duda aquellos seres que en unos días habían sido capaces de aprender lo suficiente de nuestra habla como para poder comunicarse, tenían que gozar por fuerza de una increíble inteligencia.

En las siguientes jornadas ellos iban a aprender mucho sobre nosotros. Nosotros también sobre ellos. Y no todo iba a gustarnos.

 

Cuarta parte.

Han venido de nuevo a interrogarme, su ansia de saber parece no tener límites. Hace algo más de una hora que me han devuelto al camarote, pero no me sentía con fuerzas para continuar la grabación. Este penetrante dolor parece que va a hacerme estallar la cabeza, y el hedor… ¡ese hedor insoportable es ahora más intenso! Haré un último esfuerzo, se lo debo a los míos… y a mí mismo.

Durante los días que siguieron más extraterrestres subieron a nuestras naves. Se hacían llamar a sí mismos los Viajeros. Todos eran tan perfectos como los primeros. Su sola presencia llenaba nuestros espíritus de armonía. 

Nos desconcertaba sin embargo el hecho de que aquellos seres procedentes de una estrella lejana fuesen tan iguales a nosotros. Incluso respiraban nuestra misma atmósfera sin dificultad. Preguntamos, pero no hubo respuesta. Todo tiene su momento, nos dijeron. Obtendréis el conocimiento a su debido tiempo. ¿Cómo íbamos a cuestionar a aquellos ángeles que semejaban venir del mismo Cielo? Prometieron que nos permitirían visitar su nave espacial, pero como no, cuando llegase el momento. Mientras tanto ellos querían saber y nosotros no pusimos inconvenientes en un deseo de agradarles. De alguna manera inexplicable complacerles nos hacía sentir bien. Los instruimos acerca de lo básico en la tecnología de nuestras naves y les hablamos sobre nuestra raza. Aprendían rápido. Hasta que llegó el día.

Supongo que ellos pensaron que ya sabían lo suficiente. De manera sincronizada se hicieron con el control de nuestras tres naves. Hubo bajas en ambos bandos, pero su armamento era muy superior al nuestro. Debieron introducirlo en las lanzaderas que constantemente hacían transbordos y a pesar de que siguiendo el protocolo escaneábamos cada una de ellas al aterrizar, nuestra insuficiente tecnología no fue capaz de detectarlas. Los supervivientes fuimos obligados a formar en el hangar principal de la Omnion. De ningún modo estábamos preparados para lo que vendría a continuación.

Una nueva lanzadera aterrizó ante nosotros. Era mayor que las anteriores. De nuevo la luz cegadora tras la puerta. Pero esta vez lo que venía detrás era diferente. Unos seres grotescos comenzaron a descender en fila india. Semejaban enormes cefalópodos, a ambos lados de sus cuerpos se retorcían largos tentáculos. Las cabezas de un tamaño desproporcionado eran una masa bulbosa en la que destacaban dos ojos grandes y redondos. Tenían el cuerpo recubierto de una sustancia viscosa y maloliente que lo pringaba todo a su paso. A penas llevaban ropa, salvo unos cuantos adornos metálicos que les pendían del cuerpo y un artilugio de mediano tamaño en lo que debía ser el orificio respiratorio. Como único indicio de habla emitían unos chasquidos agudos desde sus bocas con forma de pico queratinoso.

Los humanoides con los que habíamos convivido permanecían en silencio. Las cabezas gachas en señal de humillación. Cuando los cefalópodos se acercaron, todos al unísono gritaron una palabra cuyo significado entonces no comprendí.

Uno de esos seres se paró ante mí. Lo mismo ocurrió con varios de mis compañeros. Me rodeó el cuerpo con un tentáculo, cubriéndome con esa sustancia pegajosa. Sentí su asqueroso hedor penetrando a través de las fosas nasales. Entonces un dolor intenso empezó a formarse desde el mismo centro de mi cerebro. Llegó un momento en que se hizo tan insoportable que no pude reprimir un grito desgarrador. Y cuando parecía que todo me iba a estallar en la cabeza, la información comenzó a fluir.

Sentía escapar los recuerdos a raudales en un torbellino incontrolado. Era como si algo estimulase mis neuronas para vaciar todo su contenido. Pero el flujo era bidireccional. Parecía que una vez establecido el contacto, la información tuviera que circular necesariamente en ambos sentidos. ¡Y entonces lo comprendí todo!

Angustia, miedo, rabia… pánico. Un amasijo de emociones se desató en mi interior. Los Antiguos, ¡yo os maldigo! ¿Cómo iba a saberlo, cómo íbamos a saberlo? ¡Necios, aún después de extintos la sombra de vuestra inconsciencia se cierne sobre nosotros!

A mi alrededor los esclavos humanoides coreaban sin cesar su letanía, ¡Voyager! ¡Voyager! ¡Voyager! Ahora esa palabra cobraba todo su significado. ¡Las sondas Voyager habían sido lanzadas hacía milenios al espacio exterior! En su interior incluyeron un disco de oro. Grabado en él, la situación de nuestro sistema solar y de la Tierra. Los elementos químicos que la componen. Saludos en varios idiomas. Esquemas precisos de la anatomía humana… ¡y la misma estructura de nuestro ADN!

Aquellos necios habían puesto en manos de los Cefalópodos un mapa hacia el tercer planeta del sistema solar y todo lo que necesitaban saber sobre nosotros. ¡Esas bestias inmundas habían clonado la raza humana en su más excelsa expresión y la habían esclavizado para sus propios fines!

Ahora el crucero interestelar Omnion viaja rumbo a la Tierra. En su interior un grupo de humanoides perfectos ejercerá de cebo para la perdición de nuestra especie. ¡La muerte o la esclavitud serán nuestro destino!

Siento deseos de gritar, de rebelarme una última vez. ¡Los Antiguos, yo os maldigo, pues ni en la paz ni en la guerra habéis sido capaces de actuar con responsabilidad!  

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  • Felicidades, este relato forma parte de la ANTOLOGÍA de tusrelatos.com este es el link: http://www.tusrelatos.com/relatos/antologia-de-tusrelatos-dot-com-tienes-un-buen-relato-que-mas-gente-deberia-leer
    gracias por comentar vimara. me da la impresión de que no vinieron por los esclavos, sino por los recursos, pero no les he preguntado, yo solo soy el cronista ;) saludos
    El final maldecidor no me ha convencido. Si ya tienes tecnología para producir esclavos clones, como vas a venir desde quintlapolla a esclavizar lo que ya tienes..xd. Eso sí, está bien escrito y es ameno.
    Buenas Lucio. Poco que añadir a lo que te puse en el blog. Es un relato intenso, lleno de suspense e intriga. Cada línea te deja con ganas de seguir leyendo. Y eso es muy bueno.
    Hay un concurso en "el círculo de escritores" con el título "El marciano", la pega es que es de extensión máxima 600 palabras y creo que aquí hay bastantes más. Tu relato sería, sin duda, un candidato perfecto. Tiene todos los ingredientes, ciencia ficción, suspense y una crítica ácida a nuestra imperfecta humanidad. Empieza la narración del comandante intentando desembarazarse de una sustancia pegajosa y maloliente y una referencia a "ellos" que ya me ha dado mal rollo. Nos narra lo acontecido en nuestro querido y maltratado planeta hasta su práctica destrucción en el 2098 -que por cierto no queda tan lejos y al paso que vamos no será ciencia ficción-. A partir de ahí viajamos a través de sus grabaciones por una aventura espacial hasta el desgraciado encuentro con los extraterrestres.Unos tipos que al principio parecían "majetes" pero que... Impecable narración y envidiable imaginación. Un abrazo Jorge.
    Fíjate que nunca sé qué poner en un comentario y me he quedado sin caracteres. Vamos, una historia de las buenas
    Creo que ya te he dicho alguna vez que entre Isidoro y tú vais acabar aficionándome a las historias de ciencia ficción. En esta se pueden destacar muchas cosas. Me gusta como vas dejando pistas de que algo malo ha sucedido y nos dejes con la intriga hasta el final. Son como miguitas de pan que van marcando el camino. Además es una historia para la reflexión. El capítulo primero nos pone delante de nuestras contradicciones y de los peligros de autodestrucción que nos asedian y los siguientes cómo la historia acaba siempre repitiéndose. Luego el encuentro con los extraterrestres y la forma de dejarnos seducir. Me gusta mucho el final en el que haces un bucle entre el pasado y el futuro.
  • Relato con el que concursé en la semifinal del torneo de escritores del mismo título. Felicitar a nuestro compañero Purple que compitió conmigo y nos ha brindado algunos de los mejores relatos del torneo. Igualmente felicitar a Paco Castelao y Ana Madrigal, que se midieron en una semifinal digna de los mejores.

    Versión revisada y corregida del relato para el Torne de Escritores, Duelo 29: "Elige un arma"

    Relato para el torneo de escritores, duelo 24 "Él ya sabía"

    El primer encuentro de la Humanidad con una raza extraterrestre está a punto de producirse. Pero esconde secretos que nadie hasta ese momento podría haber imaginado.

    Versión revisada del relato presentado al torneo. Aprovecho para felicitar a mi rival Noseque, que hizo un digno papel y contra quien fue un placer competir.

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