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5 min
LOS VIEJOS AMIGOS 1
Reales |
07.08.18
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Sinopsis

Un hombre al buscar trabajo se encuentra casualmente con un amigo de la infancia, y tiene una sorpresa.

Ramón Gaspar que era un hombre de cincuenta años, tras haber trabajado durante mucho

tiempo de representante en una empresa de Confección, a causa de una grave crisis

económica ésta al hacer una drástica reducción de personal para reducir gastos él fue de

los primeros en caer, por lo que en su hogar tanto su mujer como su hija que eran

funcionarias del Ayuntamiento de su ciudad a pesar de que cobraba una prestación de la

Seguridad

Social le perdieron el respeto, ya que le consideraban un fracasado sin ningún valor humano.

A Ramón lo que más le dolía era el rechazo de su hija Clara que sentía hacia él sobre todo

cuando recordaba lo muy unidos que habían estado cuando la chica era pequeña. Por eso

mismo el antiguo representante para recuperar el aprecio de su hija no cesaba de buscar un

empleo fuese el que fuese, y de mandar currículums a diversas empresas que solicitaban

personal aunque sin ningún resultado, puesto que la mayoría de ellas querían a gente más

joven que él.

Al fin después de mucho buscar fue a parar a una empresa que según ella fabricaba objetos

de decoración,  la cual precisaba a alguien con don de gentes para tratar con los

potenciales clientes que pudieran surgir, y a Ramón se le citó para tener una entrevista con

el jefe de Personal.

Mas la gran sorpresa de Ramón fue que dicho jefe de Personal era nada más y nada menos

que su antiguo amigo de la infancia llamado César García al que hacía muchos años que no

veía, y que había vivido en su mismo barrio.

Cuando ambos se reconocieron se fusionaron en un cálido abrazo, a pesar de haber roto la

amistad por desaveniencias en el pasado.

Enseguida Ramón rememoró aquellos sábados por la tarde de su infancia, cuando él iba a

jugar a la casa de su amigo. Sucedía que en aquellos lejanos tiempos la familia de César

que era de humilde condición vivía con estrecheces económicas debido a que su padre a

quien habían echado de la industria de Altos Hornos en la que trabajaba por haberse

enfrentado a sus superiores, se veía obligado a ganarse el pan de mozo de cuerda en una

fábrica de muebles por un mísero sueldo. Por tanto la familia de Ramón que se ganaba la

vida holgadamente con una tienda de ropa de Caballero, llevados por la amistad de aquellos

dos muchachos ésta ayudaba a la familia de César sea fiándoles ropa y que la pagaran

cuando pudieran; o pagándoles el cine los domingos por la tarde.

Pero el hecho de que la familia de César fuera económicamente débil no significaba que él

fuese un necio. por el contrario. César era un sujeto brillante, de mente abierta y bastante

ambisioso. En su juventud probó varios trabajos, hasta que echó raíces en aquella empresa

de objetos de regalo.

- Vaya, vaya... ¿Quién me lo iba a decir? En el pasado tú y tu familia nos ayudábais a vivir.

Y en cambio ahora eres tú pidiéndome un trabajo - le dijo César a su viejo amigo con

suficiencia cuando lo recibió en su lujoso despacho.

- Sí. Ya ves.... - respondió Ramón algo avergonzado.

- Si entras tendrás que estar aquí de prueba unos tres meses; y si vales entrarás en

plantilla. Por de pronto si te unes a nosotros, tendrás que dejar de lado cualquier inhibición,

y centrarte únicamente en el cliente que es quien paga. ¿Estás casado?

- Sí.

- Pero no te va demasiado bien. ¿Verdad?

- Más bien no...

- Ay, ay, ay. Es que tú siempre has sido un romántico, un idealista. Y hoy en día esto así

como la moral que nos enseñaron en la escuela no sirven para nada. - Hizo una pausa y

prosiguió-. Mira Ramón. Ólvidate de tu familia que ya está rota como un plato de porcelana,

y empieza una nueva vida. Si sabes adaptarte a nuestra filosofía, a nuestra manera de hacer

las cosas, te aseguro un éxito fulgurante que te alejará de la mediocridad en la que vives, y

la oscura rutina que se enseñorea por ahí. Ante todo debes de ser más simpático, más

arrojado; y tener empatía con el cliente.

- ¿Es que no soy simpático? - inquirió Ramón sonriente.

- Cuando salíamos por ahí de juerga, eras demasiado soso, y reflexivo - respondió César-.

Y esto no gusta a la gente. Lo que todo el mundo desea es pasta, y diversión.

- Ya. Y tú siempre has sido un tipo muy ocurrente, y práctico.

- En efecto. por eso no me gusta recordar nada mi pasado. Todavía recuerdo a Emi y lo que

me pasó con ella. Recordarás que la conocí en el Instituto Americano.

 

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